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Wekufe: El Origen del Mal o cómo hacer que una película de horror chilena, sea necesaria

6 noviembre, 2017

Wekufe: El Origen del Mal o cómo hacer que una película de horror chilena, sea necesaria

Wekufe: El origen del mal es una película que lleva casi dos años rondando por festivales con buenos resultados. Se hizo acá en Chile. Con en realidad, escasos recursos y jamás había tenido estreno en cartelera nacional.

¿Por qué?

En parte porque en Chile conseguir distribución en salas siendo una pequeña cinta indie de género es casi imposible, en parte porque para poder convencer a la gente acá, pareciera que tienes que o tener el respaldo de productoras grandes (como en este caso, que contaron con el apoyo de Blood Window luego de un tiempo) o ganar un montón de premios para validarte (cosa que también experimentó Wekufe) en este escenario que, además , no tiene nada de especial.

Y en parte porque tenemos un prejuicio enorme con el horror nacional.

Somos un público demandante con el cine patrio. No le damos espacio el equívoco, a la experimentación. Destrozamos todo lo que no parezca hecho por Hollywood, sin embargo somos extremadamente indulgentes con la fábrica de salchichas.

Tanto cuesta hablar en contexto? Entender que es imperdonable un fallo de continuidad en una película de 50 millones de USD, pero que quizá ese sea un error menor en una producción de 10 millones de CLP en donde los errores más urgentes son otros?

Dicho esto, tampoco quiero decir que hay que (y perdonen el cristiano) chuparle el pico a todo lo nacional, solo digo que hay que poner las cosas en contexto.

 

Volviendo a lo nuestro, Wekufe, es la opera prima de Javier Attridge, director que estrena en esta peli -que tiene una duración de poco más de 80 minutos- una cinta que marca un hito en el género nacional: Es nuestro primer found footage.

Uno que además, trata sobre uno de los elementos más obvios y menos explotados de nuestro imaginario nacional: La mitología chilota.

 

Wekufe es una cinta que se hace necesaria porque adopta sin prejuicios, un formato mirado en menos pero que resulta perfecto para contar una historia que de otra manera, se habría visto muy limitada por sus recursos.

En Wekufe; estamos frente a la historia de Paula, estudiante de periodismo que viaja a la isla de Chiloe para comprobar si la clásica historia del Trauko es cierta. Por supuesto, que para ella, no lo es, es solo una forma de encubrir una de las zonas nacionales con mayor indice de violencia sexual y va junto a su novio, Matías, un cineasta fracasado que busca filmar su película de metraje encontrado capitalizando la visita.

Attridge apuesta por un relato auto-consciente de su naturaleza, lleno de clichés que en verdad, en momento entrega momentos muy inspirados y que se dedica a construir durante su poco más de hora y 20, el escenario para lo inevitable, siempre bajo el filtro de una relación que por momentos se ve tan real, que da gusto.

Es que uno de los grandes aciertos está en la figura de Paula Figueroa, actriz primeriza, que entrega una performance muy sólida (claramente con algunos traspiés notorios por la falta de preparación, pero nada imperdonable) y cuya naturalidad es de agradecer en pantalla, contrastando con Matías (Matías Aldea) quién si bien, no logra el mismo nivel de empatía que Paula, entrega la dosis de humor que vuelve a este filme, en algo inherentemente chileno.

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Y déjenme detenerme en este punto. Una de las cosas más interesantes de Wekufe, es la capacidad de encontrar una identidad propia a medio camino entre el ingenioso humor nacional (el chileno que hace un chiste incluso mientras hay un terremoto grado 8, muy propio nuestro) y algunos códigos del cine mainstream norteamericano.

Pues aunque muchos no les guste este formato, hay que decir que sinceramente, mientras hayan ideas frescas, esto está lejos de agotarse.

Quizá uno de los peros más grandes para varios, sea la estructura que adolece de scarejumps y que se dedica no a crear una atmósfera, sino más bien a construir personajes que llegado a un punto, se enfrentan a lo inevitable y que se encuentran con una realidad que de forma inteligente, Attridge logran congeniar en un punto que parece no conocer el límite entre la realidad y la ficción.

Esta estructura a mi jamás me aburrió, y en verdad entrega momentos muy divertidos, y bien logrados, pero también es cierto que existen otros que quizá podrían haber jugado a armar una aura más inquietante y haber dado juego con el terror más directo.

Pero de cierta forma, es entendible, porque a modo de anécdota, en Wekufe, todas las entrevistas son reales, todos los testimonios que aparecen ahí, son ciertos, es gente de la isla que cuenta como es vivir con ese mito en una sociedad moderna.

Y salvo algunos actores puntuales, el resto raya perfectamente en el documental.

Es de agradecer que en un país lleno de ideas a medio cocer, alguien se atreva a trabajar una cinta con corazón, y ambición de relato, usando como principal arma, el ingenio del formato y hacer de sus limitados recursos, un arma; que de seguro, se transformará en punta de lanza en más producciones como esta en cuanto a valor de propuesta.

Porque al igual que los personajes de Wekufe, yo quiero creer que hay futuro para el horror acá en Chile. Talento y ganas sobran .

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Periodista. Fundador de Plan9. Weón fome.