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Victoria Valenzuela, autora de El Hambre de las Bestias: “Es muy difícil ejercer el derecho a ser libres en este caos irracional”

9 abril, 2019

Victoria Valenzuela, autora de El Hambre de las Bestias: “Es muy difícil ejercer el derecho a ser libres en este caos irracional”

“No sé porque sigo hablando si estoy muerta”.

Dentro del amplio grupo de voces que emergen en la literatura, hay algunas que sorprenden por su elocuencia y una desgarradora sensibilidad. La voz de Victoria Valenzuela es una de ellas. La escritora licenciada de Psicología impregna en las 264 páginas de su segundo libro “El Hambre de las bestias” una cosmovisión de la realidad chilena que golpea por su veracidad.

La trama exhibe tres biografías, tres vidas que no se alcanzan a conocer entre ellos, pero que pertenecen a la misma telaraña urbana que se teje en los barrios del Santiago más oscuro y oculto: un bailarín de 25 años es invitada a ser la representante oficial de Chile en la fiesta drag más importante del Cono Sur.

Pero desde la cumbre de sus sueños, es bajada por el ataque de unos desconocidos que la dejan con graves daños. Cristal, peluquera de clase media, tiene que enfrentar a diario sus fracasos amorosos y la relación conflictiva con los hombres de su vida; y el Laucha, un niño huérfano de diez años que se une a una brigada de muralistas donde pretende dejar atrás la pobreza y construir un mejor destino.

Todos ellos retratados con profundidad y ternura, en una clara intención por desentrañar los misterios del mundo interior de aquellos que, de una u otra forma, se sienten y están rechazados.

Hablamos con ella, sobre qué la mueve, a sus personajes, sobre marginalidad, la ciudad como ente, la resistencia frente al sistema y sobre muchas cosas más.

Tus personajes están insertos en una ciudad que se comporta de manera hostil con aquellos que presentan diferencias. ¿Cuánto crees que influye el entorno urbano en el desenlace de las historias?

Es determinante: la ciudad, como la formación arbitraria (nada inocente) de un espacio que se articula para albergar a sus habitantes, es el reflejo de la sociedad que construimos, tanto individualmente, como siendo parte del rebaño.

Y lo hacemos a través del desarrollo urbano, por ejemplo, de la necesidad de escalar más arriba, hasta la cima de la cordillera, para separarnos del resto en lo que llamamos “vida de suburbio”; lo hacemos segmentando a la población en una geografía que condiciona el que algunas porciones tengan acceso a ciertas oportunidades y que muchas otras no.

Y es en este segundo grupo donde se encuentran los protagonistas de la novela, quienes batallan diariamente cargando con sus miserias y desplazándose desde los rincones más oscuros de la ciudad, aquellos que nadie quiere ver y que pueden ser la orilla del Mapocho, un salón de peluquería, un consultorio, una fiesta en farellones o los callejones de Recoleta antes de que amanezca, hasta aquellos sitios que representan puntos de luz, como el Museo a Cielo Abierto de la comuna de San Miguel, una academia de baile, un puesto de la Vega Central o la librería del barrio.

La ciudad es el resultado de la sociedad, una que se encuentra tan diseccionada como lo es su fisonomía, oriente, poniente, norte y sur, un rostro que poco sabe de justicia.

Tu libro funciona como espejo de una realidad que nos muestra profundas desigualdades, carencias y violencia que, lamentablemente, está instalada en Chile. ¿Cómo nace la idea de agrupar tres historias en estos tópicos?

Nace a partir de una necesidad personal por hacer justicia, si es que algo puede llegar a significar el que una pueda sentarse a escribir para mitigar la impotencia y elevar la voz por la suerte de quienes han sucumbido al odio y de aquellos que luchan todos los días por salir adelante con dignidad, valentía y resiliencia, a pesar de ser sistemáticamente invisibilizados por radar del sentido común.

Nace de la impotencia que siento cuando pienso en Daniel Zamudio, en Nicole Saavedra y tantos más, y al mismo tiempo me conecto con la ignorancia de la sociedad conservadora y abusiva como de la que soy heredera.

El libro rescata la vida de un bailarín que durante el día hace clases de danza y en la noche se draguea de queen y que a la salida de un club es atacada brutalmente por un grupo de desconocidos; una peluquera con trastorno obsesivo compulsivo que recorre las calles de la ciudad detrás de la huella de un DJ que vive en Barcelona; un niño que ha escapado del SENAME y corre con sus perros en busca de los “Mistrales”, muralistas que viven a orillas del Mapocho, para convertirse en un artista callejero y así escapar de las sombras que lo arrastran a seguir el destino que corren los niños como él.

Esta es la ciudad de los impares, la ciudad donde cada mañana seres que viven en los bordes transitan confundidos con la masa, mientras son invisibilizados por el resto de la sociedad. Y la novela apunta a eso, a darles voz a los que no la tienen, y también a mostrar actos de cooperación y de humanidad, incluso desde la precariedad más absoluta, como puede ser la realidad de los que viven en la calle.

Nacer en la miseria, vivir en tus propios términos

El argumento de Victoria no puede ser más actual. Según un informe del Movilh, en 2018 aumentaron en un 45% los casos de homofobia y transfobia en Chile, en un año que ha sido calificado como “de la furia”.

Por otro lado, 1 de cada 5 niños vive en situación de pobreza en el país, de acuerdo con estudios realizados por la Unicef.

¿Qué valor le asignas a la literatura en la promoción de la denuncia o en la intención de remover conciencias?

Me parece que es clave que la literatura también vaya en esa línea y me llena de ilusión cuando me entero de actividades que hoy realizan librerías, editoriales, cafés y municipalidades en un esfuerzo por integrar el arte y la cultura, con el esparcimiento y con la educación.

Siempre pienso que iniciativas como estas son como oasis en el desierto, porque combaten la resequedad que se extiende cada vez más, y que puede verse en el consumo desmedido que nos lleva a extremar nuestra capacidad de endeudamiento; en la priorización de nuestros gastos; en la obediencia ciega a la imposición de renovar el auto o las zapatillas por un modelo más nuevo, o consumir suplementos químicos para definir la musculatura.

Si lo piensas, es muy difícil ejercer el derecho a ser libres o por lo menos a pensar con mayor lucidez en medio de este caos irracional, donde aumentan los niveles de insatisfacción, de violencia y la vida se remite a una lucha de sobrevivencia, por llegar a fin de mes para pagar las deudas.

El resto es evasión, cada vez que nos enfrascamos por ver el capítulo nº 28 de la temporada nº15 de la serie de turno, desaparecemos mirando las redes sociales o cuando el reggaetón se apodera del silencio.

Por eso las librerías o editoriales grandes y pequeñas son espacios de resistencia, así como el teatro, el museo o una plaza, son lugares que propician la integración de las generaciones (abuelos, nietos, padres, vecinos) para promover la reflexión y, por ende, la humanización de la sociedad.

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Para la realización de la ficción, ¿hubo un acercamiento a la comunidad transformista o a niños con condición de vulnerabilidad? ¿Cómo abordas tus historias, con experiencias previas o desde cero?

Considero que para que la construcción narrativa sea honesta, y por tanto creíble, el escritor o escritora debe ser capaz de ingresar a los mundos sobre los cuales quiere edificar. Mi trabajo pasó por años de voluntariado en diferentes centros de protección para menores y hogares, lugares que me permitieron conocer cómo funciona el sistema desde su interior. A partir de mi experiencia, más el seguimiento de cerca de lo que sucede a nivel del Servicio Nacional de Menores, fui dando vida a la historia.

http://www.archivofortinmapocho.cl/

Para hablar de Medusa y Brandon, el bailarín que durante las noches se draguea de queen y que lucha por llevar adelante un espacio de aceptación que rompa con la dicotomía heteronormativa, me basé en la vida de Matías Keller y su alter ego drag Neptune.

Nos conocimos hace muchos años atrás cuando yo buscaba un espacio diferente donde poder empoderarme y llegué a sus clases que en ese momento se realizaban en Urban Body Work de Santa Filomena. Ahí la conexión fue inmediata, comencé a escribir acerca de su trabajo, lo hacía en un blog que tenía antes y comenzamos una relación de amistad que me permitió acceder a su mundo.

Fue ahí donde conocí a otras drags, asistí a sus presentaciones y luego en Nueva York, donde me encuentro viviendo, fui profundizando acerca de los orígenes de las casas legendarias y el movimiento trans que es muy potente.

Lo mismo en el caso de los muralistas, para poder recrear las realidades pinté murales en Valparaíso (mi ciudad natal), conocí a algunos colectivos de Santiago Sur y me fui a los tiempos de la Brigada de la Ramona Parra, viajando en el tiempo a través de testimonios del Mono González y documentales que dan cuenta de la evolución que ha tenido la expresión de este arte a nivel nacional y global.

En el “Hambre de las bestias” los personajes se encuentran en una búsqueda constante de la identidad. ¿Reconoces la incapacidad de “conocerse a sí mismo” como uno de los principales problemas contemporáneos de nuestra sociedad?

El libro es un eco de lo que yo constato todos los días, a partir de mis propias dificultades de conectarme con mis necesidades y afectos, y las que identifico en el entorno circundante. La cuestión de “conocerse a sí mismo” es un problema de todos los tiempos, que se plantearon por primera vez los griegos, y probablemente nunca lleguemos a resolverlo.

Sin embargo, considero que la fiebre por el consumo, el uso excesivo de las redes, las horas invertidas en el culto al cuerpo, todas las clases de evasión que nos generan el placer inmediato o la búsqueda de los que llamamos “felicidad”, hace que vivamos persiguiendo un ideal que nunca llega a satisfacerse y, que por el contrario, terminan por sustraernos de nuestras conversaciones con nosotros mismos, con las personas de nuestro entorno, limitando el observar de manera crítica lo que está ocurriendo en nuestra sociedad (con los niños, con la violencia de género, con la desigualdad de la riqueza, etc.) y el que podamos identificar cómo nos sentimos con las elecciones que hemos realizado hasta ahora. No hay detención, y, por ende, no hay transformación.

Te encuentras radicada desde hace un tiempo en Estados Unidos. ¿De qué forma te aporta esta experiencia para hacer un análisis de la sociedad chilena como la que se incluye en tu libro?

Durante estos años viviendo afuera, me doy cuenta de que quizás hoy puedo mirar la persona que soy y la sociedad a la que pertenezco (o que he pertenecido la mayor parte de mi vida), con mayor perspectiva. A veces resulta difícil hacerlo estando dentro y creo que la decisión de haberme salido fue buena para ver cómo en Chile sigue ciegamente el modelo de Estados Unidos (se me viene la imagen de la bochornosa foto de nuestra bandera adentro de la bandera de ellos), un país donde el liberalismo y la desprotección es extrema, donde si te despiden de tu trabajo te vas sin ningún tipo de indemnización, donde la salud es inaccesible y la educación un bien de consumo.

Me asusta pensar en el futuro, en las generaciones sin herramientas para reflexionar más allá del bien económico o el hedonismo extremo. Lo veo en mis sobrinos, lo veo en sus amigos, en los hijos de mis amigos y también, en el discurso de jóvenes y profesores en los colegios de región que visito cuando estoy de paso por Chile. Por eso siento que como adultos es imperioso comenzar a hacer un esfuerzo por cambiar desde las bases, y para mí eso pasa por detenerse y comenzar a pensar.

Ya con tu segundo libro publicado, después de “Con permiso para amar” que relata la problemática social y personal de parejas que no pueden concebir. ¿Puedes identificar un continuismo en tu obra?

Ojalá que no. Me gusta la idea de que cada libro sea un viaje diferente. Una vez escuché que generalmente son los propios escritores quienes se convierten en sus principales plagistas y yo no quiero que eso me suceda a mí. O al menos, quisiera desafiarme lo más posible para poder proveerles a mis lectores la fiebre por algo nuevo.

Que abran un libro y nunca sepan hacia dónde se dirigen conmigo. Por supuesto los que me conocen ya saben mi posición ante la vida y mis premisas, pero uno de mis desafíos es el comprometerme con mis lectores para que terminen un libro mío sintiendo ese vacío que da cuando algo se acaba.

Por último, ¿por qué “El hambre de las bestias”?

Es un título que invita a que su lector o lectora sea quien decida quiénes son las bestias: si son aquellos que se mueven en los bordes o es la sociedad, o qué porción de ella. Presas o depredadores, dependerá de cada uno el juzgarlo.

El Hambre de las Bestias está disponible en librerías bajo editorial Planeta.

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