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“Todo cuanto amé” de Siri Hustvedt: Una novela sobre la pérdida y el arte

6 mayo, 2019

“Todo cuanto amé” de Siri Hustvedt: Una novela sobre la pérdida y el arte

“Precisamente por lo mucho que sabía de él y por lo próximo que me había sentido a su persona, me resultaba imposible reunir los diversos fragmentos que integraban mi experiencia con él en una única imagen coherente. La verdad era mutable y contradictoria, y yo estaba dispuesto a vivir con ello”.

Mutable y contradictoria, esto definiría brevemente las sensaciones que afloran tras leer Todo cuanto amé de Siri Hustvedt, escritora norteamericana, autora de novelas y numerosos ensayos que atraviesan tópicos como la psicología, el arte, la pornografía y el feminismo.

En Todo cuanto amé (What I loved), libro publicado originalmente en 2003, la autora nos sumerge en el mundo del arte a través del relato de Leo Hertzberg, un profesor e historiador del arte que forja una íntima amistad con Bill Weschler, un pintor desconocido –al comienzo de la historia- y que a lo largo de casi tres décadas de estrecha relación entre ambos personajes y sus correspondientes mundos, iremos descubriendo aspectos profundos de la psicología humana, y una historia que a medida que avanza la novela se irá tiñendo de componentes más inquietantes y complejos.

Siri tiene una prosa atrapante, no escatima en palabras, detallista en cada una de sus descripciones, si bien incluso pudiendo llegar a ser algo agotador para el lector (sobre todo en la parte uno de la novela) es, sin duda, una de las riquezas que encontramos en el libro. La maestría con la que Hustvedt desenvuelve los pensamientos/sentimientos del protagonista y los hechos que acontecen, logra mantener la atención del lector durante el desarrollo de toda la novela. Aunque requiere cierto trabajo por parte de este, compromiso, porque lo cierto es que el comienzo tiende a volverse cansino, todo esfuerzo es recompensado. Con creces.

El pasado como motor de la historia

El relato inicia con Hertzberg haciendo memoria de los últimos 25 años de su vida a raíz del encuentro de unas antiguas cartas escritas por una mujer, Violet, a Weschler, quien apenas se iniciaba en el mundo de la pintura, por ahí por el año 1975. La historia se desarrolla en gran parte en el SoHo de Nueva York.

A partir de este momento comienzan a surgir los personajes que darán vida y forma a la novela de Hustvedt: Erica, académica de Lengua Inglesa y esposa de Leo; Matthew, el pequeño hijo de ambos; Violet, la misteriosa mujer de las cartas y modelo de uno de los primeros cuadros de Weschler; Lucille, escritora y esposa de Bill; y Mark, el hijo entre ambos, quien se transformará en un personaje crucial a medida que avanzamos en el libro.

El universo de personajes y lugares en Todo cuanto amé es amplio y profundo. Conoceremos así a Lazlo, Teddy Giles, Teenie, Mr. Bob, Dan, Bernie, y otros personajes que la autora retrata detalladamente. Nada es el azar ni superficial para Siri, la construcción de cada uno de ellos tiene su razón de ser en la historia, e incluso para aquellos que pareciesen no ser tan relevantes.

La autora nos permite de esta forma introducirnos de lleno en el ambiente constantemente tenso que crea el libro, y a cuestionarnos no sólo desde la vereda de “¿estará mintiendo?” sino también “¿qué hubiese hecho yo en esta situación?”.

Ni la sinopsis del libro ni tampoco gran parte de las primeras cien páginas vislumbran la dirección que irá tomando la novela a partir de su segunda parte. La muerte azotará cruelmente al protagonista y a todo su núcleo íntimo, modificando permanentemente la relación entre ellos y consigo mismo. Veremos cómo transcurren los meses y los años en la vida de Leo, desprendido inevitablemente de todo aquello cuanto amó en su vida.

“En esos momentos es como si el juego flirteara con el terror, y me siento tan próximo al borde del abismo que siento como si cayese, como si me hubiera arrojado desde la terraza de un edificio. Me precipito hacia el suelo, y en la vorágine de la caída me pierdo en algo informe pero ensordecedor. Es como penetrar en un grito…, como ser un grito”.

Personalmente, esta es mi arista favorita del libro. Los personajes de Hustvedt brillan por su esencia humana, tan bien desarrollados que podríamos identificar en ellos componentes propios de nosotros mismos. Su vulnerabilidad, inquietud, euforia, confusión. Hambrientos de saber (y algunos de poder). El anhelo de compartir con un otro, la necesidad de aislamiento, de amor y contacto; de creer, de perdonar, de olvidar. Todos sentimientos y deseos profundamente humanos, y que en el libro se retratan cabalmente.

“Una mujer sentada frente a la ventana. Piensa / y mientras piensa, desespera / desespera por ser quien es / y no otra persona”.

El universo de Hustvedt

No solo nos encontramos con una prosa y un profundo desarrollo de personajes, sino también con un mar de conceptos, tópicos, ideas y corrientes que atraviesan la novela de inicio a fin, dotándola de un rico marco temático que será un desafío para el lector que no tenga amplios conocimientos de arte (donde me incluyo).

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Mientras leía este libro, me vi a mí misma en tiempos libres investigando sobre las corrientes de arte vienés en los 70’s o sobre el fenómeno de la histeria en el siglo XIX.

Desde Hegel, Heidegger y Husserl a Holbein o Bellini. De Warhol y Goya a Günter Brus y Rudolf Schwarzkogler. Desde la esquizofrenia y La Salpêtriére al estudio de los trastornos alimenticios en jóvenes o el uso de la sangre y el cuerpo con tintes grotescos en el arte.

Todos componentes de las temáticas que iremos viendo a lo largo de sus páginas. Siri se sirve de estos temas para verter opiniones y reflexiones (quién sabe, tal vez personales), expresadas por un protagonista que se pasa su vida entre la academia y como crítico de arte, asistiendo constantemente a inauguraciones y exposiciones, de las cuales, por supuesto, como lectores también formamos parte.

Siempre que muere un artista, su obra comienza lentamente a reemplazar a su cuerpo, convirtiéndose así en su sustituto corpóreo en este mundo. Se trata de un proceso, supongo, inevitable. Al pasar de una generación a otra, ciertos objetos de utilidad, como sillas o platos, pueden parecer temporalmente infundidos del espíritu de sus antiguos dueños, pero esa condición sucumbe con bastante rapidez a sus funciones pragmáticas. El arte, por su inutilidad intrínseca, se resiste a verse incorporado a la cotidianeidad, y cuando es mínimamente potente parece alentar con la vida de la persona que lo creó”.

Antes de comenzar esta reseña, investigando un poco de la autora me sorprendí con la cantidad de artículos y escritos donde se menciona a Hustvedt como la esposa del premiado escritor Paul Auster, inclusive con algunas bajadas que hacen noción a “la mujer de Paul Auster”.

Me sorprendí porque Siri Hustvedt brilla con luz propia, dueña de una habilidad narrativa innegable, no sólo es capaz de relatar una historia compleja, a ratos algo densa, sino también durante el proceso exponer tópicos que sobrepasan la obra misma, logrando en el lector un importante ejercicio de reflexión interno.

Todo cuanto amé está disponible en librerías bajo editorial Planeta.

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