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The Shape Of Water: El monstruo interior

9 enero, 2018

The Shape Of Water: El monstruo interior

“Enumerar monstruos no nos interesa por lo pintoresco, sino por lo emblemático, porque son expresión del pecado de ser lo otro. Si el nombre se aplica al ente cuyas costumbres o cuya morfología se apartan de nuestras normas estéticas o éticas, aplicado al hombre, toma el sentido de extraños, de extranjero. […] Los monstruos forman parte de una información general sobre lo extraño, proporcionada por escritores y cartógrafos. Introducen el exotismo y simbolizan el paganismo”

Rojas Mix, 1992.

Los monstruos suelen ser un vehículo para el miedo. En casi todas las culturas occidentales son criaturas que en su génesis, engloban el mal, la maldad, el error de la naturaleza.

Estamos acostumbrados a poner los prejuicios inherentes a lo malévolo, de forma explícita en ellos. Son símbolos de lo que debe ser erradicado. De lo que nos atemoriza, porque no lo entendemos, porque nos puede hacer daño.

Su etimología lo señala. “viene del latín monstrum a través de una forma vulgar monstruum” seres diferentes, usualmente deformes, señal de los dioses de un mal que se avecina. Son montruos.

Por lo menos así lo era, en un principio.

Con el tiempo, fuimos entendiendo que lo diferente, el otro, no es necesariamente malo. Solo es eso, diferente. Somos diferentes en nuestra cultura, en nuestro exterior, pero podemos ser iguales en nuestra alteridad.

En el cine, no es muy distinto. Desde los tiempos de la Hammer o Universal, en donde la adaptación del mal usualmente proviene de figuras clásicas de la literatura como Drácula, Frankestein, la Momia o el Monstruo de la laguna negra. Todos ellos, siempre referidos como bestias terribles, siempre encontrando el terror en ellos.

Pero cambiamos. Y con el avance y la glorificación de la estética del miedo, fuimos perdiendo nuestro temor a su figura, para dar paso a la admiración, al culto y ahora, aterrorizarnos con otras cosas.

No es de extrañar que Guillermo del Toro terminara configurando una cinta como The Shape of Water. Su discurso en los Golden Globe lo dejó claro.

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Para un hombre mexicano (que algo saben de amalgamar el horror de la muerte y la tragedia con lo festivo), fascinado con lo que las figuras deformes representan, los outsiders, los fantasmas y lo fantástico se volvieron su dialecto.

Es en esa forma de entender el mundo, la forma de los rechazados, la de los marginados, la de quienes no entendemos, es que La Forma del Agua entrega el -clásico- mensaje de que lo importante es lo de adentro, pero envuelto en una fábula de amor que choca por lo sincera, por lo real, y hasta dónde se puede llegar por aquello.

Y a pesar de que en la mayoría de sus historias existen, desde las cucarachas de Mimic (una cinta que lamentablemente recibió el maltrato de Miramax por entender solo como una película con bicho) los fantasmas como deudas pendientes (Crimson Peak, El espinazo del diablo) los monstruos como salvadores (Pacific Rim) o como escape (El Laberinto del Fauno) no habíamos hablado del amor.

Pero ¿quién puede amar a un monstruo?

En The Shape of Water, un monstruo acuático humanoide, es mantenido captivo por el gobierno. Su fin, como todo fin último del hombre en nombre del progreso, es sacar, todos sus secretos, con todos los costos que eso signifique. Todo, bajo el mando un magnífico Michael Shannon (que además, viene encadenando muchos win, tras su excelente Zod, el único villano decente de DC en el cine actual, hasta el sheriff de Nocturnal Animals).

Es en ese mundo, que la criatura, conoce a Elisa (una portentosa Sally Hawkins) una encargada del aseo nocturno muda, que descubre en la criatura, todo lo que Shannon no ve. Y se enamoran.

Pero ese amor, no es el amor de la fábula. Se aman, pero se aman como dos seres en verdad, pueden amarse. Es esa condición, de abrazar hasta el extremo el horror del amor, de lo feo que puede parecernos lo que nos es ajeno, es la declaración de principios de Del Toro.

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Porque en The Shape of Water, todos son monstruos. Todos son seres incompletos, a los que la sociedad los rechaza, ya sea por ser negros, por ser homosexuales, por ser mudos, por ser menos que el hombre promedio con una casa y un auto modelo, y señala, con gracia y sutileza, la obvia crítica a quienes pretenden ser mejores, pero que por dentro son despreciables, viles o en último caso, desalmados.

The Shape of Water es una cinta sobre los rechazados, sobre el amor y sobre el monstruo interior. Pero también es un artefacto que refuerza la belleza del cine del mexicano que parece recuperar las ganas de firmar algo más pequeño, pero no por eso, menos ambicioso.

Un cine nacido a contracultura en su propio país, que conquistó a los ojos extranjeros cuando los otros, quienes no eran sus pares, quienes precisamente suelen asustarse de lo diferente, esta vez, supieron apreciar el imaginario de un hombre que sueña con monstruos, cosa que lo hace sumamente feliz.

Periodista. Fundador de Plan9. Weón fome.
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