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The Japanese Fairy Tale Series: O sobre cómo llegó el folklore japonés a los lectores en Occidente3 min read

16 enero, 2020 3 min read

The Japanese Fairy Tale Series: O sobre cómo llegó el folklore japonés a los lectores en Occidente3 min read

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Es de dominio popular que dentro del territorio asiático -con especial énfasis en Japón- tiene una basta cantidad de relatos propios de su mitología. Muchas veces cuentos que se instauraron en la tradición oral popular y que incluso, anime y manga mediante, han llegado a nuestros oídos.

Por ejemplo, la leyenda de Momotaro, niño nacido de un durazno y que luchaba contra onis (equivalentes a los ogros occidentales) o la historia de Sun Wu-Kong, relato chino de la dinastía Tang, son ejemplos perfectos de la penetración cultural de estos mitos y narraciones en Occidente.

Conocemos hoy sobre estas historias del folclore en gran medida gracias a la globalización, factor que también ha sido motivador de producciones en la industria cultural y otros modelos de narración hoy insertos, pero la difusión de estas historias tiene además, otro origen.

La mayoría de estas narraciones se plasmaron en escritos del siglo XVII, sin descartar claramente, el componente de oralidad previo a él, sin embargo, en el siglo XIX, un escritor greco-irlandés se mudó a Japón en 1890, donde posteriormente obtendría la nacionalidad del territorio y se dedicaría a escribir una serie de libros conocidos originalmente con los nombres de Japanese Fairy Tales, Kwaidan: Stories and Studies of Strange Things y The Boy Who Drew Cats.

Este último título tomaba un cuento original del folklore japonés, y trataba sobre un niño que vence a una rata duende, dibujando en las paredes de un monasterio. Una historia que fue adaptada en una serie de libros infantiles de papel crepé ilustrados.

El trabajo fue realizado por un editor emprendedor japonés llamado Takejiro Hasegawa quien entre los años 1885 y 1922 publicó 20 volúmenes de la serie Fairy Tale, que llevaron a los cuentos tradicionales del Japón al inglés y francés en primera instancia y posteriormente al español, alemán, portugués y ruso según describe Christopher DeCou de Public Domain Revisión.

En el trabajo realizado por Hasegawa, se buscaba emular los escritos originales de los cuentos y para aquello, se contrató a artistas del ukiyo-e que conocían la técnica de impresión en madera tradicional para ilustrar como Kobyashi Eitaku, Suzuki Kason y Chikanobu. Por otro lado, la traducción estuvo a mano de una comunidad de misioneros en Japón, así como de otros grupos de personas exiliadas en Tokio.

Cuando las editoriales dominantes del mercado occidental ubicadas en Londres y Nueva York se percataron del trabajo de prensa que ejerció Hasegawa en Tokio todo esto fue fructífero y permitió la producción de esta serie, transmitiendo este fragmento de Japón hacia el mundo, causando un efecto de interés sobre un montón de folclor e imaginario popular asiático que sigue presente hasta el día de hoy.

Es posible visitar esta serie original a través de la página Public Domain Review y en el sitio del vendedor de libros George Baxley, así como en la Biblioteca Pública de Cincinnati y el Condado de Hamilton y en el Archivo de Internet.

Vía: Public Domain Review

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Estudiante de Teoría e Historia del Arte. Fanático del cine, los videojuegos, cómic y moda streetwear.