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The Gentlemen de Guy Ritchie: A la gente cool también le llega la mediana edad7 min read

18 marzo, 2020 5 min read

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The Gentlemen de Guy Ritchie: A la gente cool también le llega la mediana edad7 min read

Cuánto me demoro? 5 minutes

Guy Ritchie, el mismísimo conchesumadre director de Snatch: Cerdos y Diamantes, Lock, Stock and Two Smoking Barrels, Rockanrolla y las películas de Sherlock Holmes vuelve a la carga con el objetivo de recapturar la magia que le hizo un símbolo del cine británico, y que a toda costa olvidemos que dirigió Aladdin y esa mierda infecta del Rey Arturo con su película más reciente: Los Caballeros (The Gentlemen en inglés) filme que vimos en función de prensa exclusiva y que pueden encontrar ahora mismo en cartelera, o no, ya que vivimos en una cuarentena y justamente varios medios indican que su arribo a VOD es inminente.

¿Logrará Guy Ritchie canalizar su punk rock interior, o ya pidió su hora con el geriatra y se le cayeron las agallas? Vamos a averiguarlo.  

Hay que partir señalando una cosa que me encanta de los Caballeros, y es que es una cinta autoconsciente del rol que juega en la cinematografía de su director. Es una película que se sabe en todo momento observada desde una posición de ojo crítico.

Y lo demuestra desde en el cómo es abordada visualmente la película (tomas desde la cajuela del auto, y cierto sentir voyeurista de la cámara); en sus diálogos, con ese bombardeo de chistes sexistas y racistas que dicen «hey, miren, soy el mismo desvergonzado de siempre», hasta en su historia, donde puedes dibujar paralelos mentales con la carrera de Ritchie y su protagonista.

Mickey Pearson (Matthew McConaughey) un gángster americano que levantó un imperio de marihuana en Inglaterra y que, cansado de codearse con la realeza y alta sociedad marihuanera, decide vender el negocio completo y retirarse a vivir con su esposa Rosalind (Michelle Dockery, Lady Mary en Downton Abbey) en la campiña inglesa, por lo cual llega a un acuerdo multimillonario con Matthew (el pulento Jeremy Strong) cosa que pondrá en movimiento una serie de giros en la trama los cuales, por supuesto, desencadenan en situaciones tanto violentas como chistosas.

Tanto Ritchie como Pearson buscan solo una cosa: Hacer la weá que quieren, y que nadie les rompa los cocos.

Ambos tienen negocios lucrativos que aunque les satisfacen, pueden tener altibajos y si bien los días de pegarse jales con Madonna quedaron muy atrás para el tata Ritchie, todavía hay un rockstar viviendo en su interior, uno que semana tras semana, después de cada carrete autodestructivo grita “no tomo más”.

Pero enfoquémonos, para Ritchie la vida del Gángster es paralela a la del rockstar como ya lo dejó más que claro en RocknRolla, donde vives rápido y dejas un cadáver gordo. Ritchie se enfoca en el presente pero lanza flashbacks como relámpagos que no quiebran la narrativa.

Si ya están lejos los días donde se le comparaba con Tarantino, hoy en 2020 no podrían estar más alejados el uno del otro. Mientras uno es un mercenario que de cuando en vez aplica su estilo para hablar de su pasión: La calle y el crimen británico, el otro es un autor hecho y derecho donde su estilo, es su cine, y nada deja que interfiera con él. Y aunque es una diferencia que para algunos podría plantear una diferencia entre la calidad de ambos, se podría decir sin temor a nada, que Ritchie lo pasa mejor: tiene más libertad por el sólo hecho de tomarse menos en serio, y darse lujos como tener las historias y artimañas de 10 personajes al mismo tiempo en pantalla, en un ejercicio de dirección que nunca resulta perfecto, pero a él y a nosotros, nos importa un pico. 

Para mí quien se roba la película es Colin Farrell, como Coach, dos de cada tres diálogos que lanza son jocosos, además su arquetipo encarna uno de los elementos narrativos más importantes para Guy Ritchie: La introducción de los personajes.

Hay una estructura bien marcada en su filmografía que se repite con Los Caballeros, donde te presenta a un personaje, te da una probada de su personalidad y luego lo pone en una situación inverosímil y te preguntas ¿Saldrá con vida?¿Cómo reacciona al enterarse de esto? Y en esta película lo hace de manera muy eficiente.

Hay otro personaje, Ray (Charlie Hunnam, Jax en Sons of anarchy) quien es la  mano derecha de Pearson, tiene caleta de tiempo en pantalla y igual se luce en momentos puntuales… cuando no lo está aplastando Fletcher (Hugh Grant) con su presencia actoral, el culiao juguetea con este personaje patético que da todo por ser amenazante, me encanta.

Ser Ritchie no es fácil

Ya pero ¿Qué tal es la película? A mi me gustó, no es simplemente una vuelta a la fórmula original para Ritchie, tampoco lo vemos masturbarse impunemente con su carrera como lo hizo Martin Scorsese en El Irlandés, aquí hay corazón y una historia que contar.

Ahora, no es perfecta, la música no es nada del otro mundo, aunque intenta alejarse del post punk y ska noventero de sus primeras películas, a una mezcla entre rock de los 60’s y hip hop (cosa que funciona de forma fantástica) apuntando a la evolución de su cine de género, porque Los Caballeros está menos cargada a la acción y más a los diálogos e interacciones de personajes, no esperen secuencias tan alocadas como el combate contra los asesinos europeos en RocknRolla, se nota que pusieron el presupuesto en los actores.

The Gentlemen parte muy bien, y termina enredándose de manera muy innecesaria. Algo esperable siendo una peli de Ritchie, aunque acá quizás con mucho menos delicadeza que en los títulos de la primera parte de su filmografía.

Acá, el británico no juega tanto con las dinámicas de clase que eran tan distintivas en su cine de hace dos décadas, y que en mi opinión elevaba de forma tan elegante a sus primeras películas, me explico: El cine de Ritchie, es la antítesis del cine de gángsters americano, el cual se funda en contar historias extensas de ascenso y caída, donde los triunfos sólo son reales si perduran en el tiempo ¿Se han fijado en el énfasis que ponen en la familia el cine de gángster norteamericano?

En contraste Ritchie sube a la mesa a personajes desesperados y patéticos que tienen una chance irrepetible, para la cual estarán dispuestos a todo con tal de ascender, siempre en períodos cortos, con triunfos cortoplacistas y muchas veces efímeros, cosa que es muchísimo más cercana a la noción de gangster que tenemos en latinoamérica.

Ritchie aterrizaba al mafioso como el conchetumare que es, sin dejar de empatizar con su conflicto ligado a la pobreza, llegando al punto de nunca negarle una conclusión satisfactoria. Esa weá me gustaba de su cine y simplemente no sucede en Los Caballeros.

Ustedes saben que yo para hablar de cine, siempre rozo el spoiler, es una maldición que me ha traído la ruina, pero es importante para el punto que quiero hacer aquí, así que atentos que vienen spoilers:

El protagonista de Los Caballeros comienza como un weón impecable de excelente posición social y económica, respetado como baluarte de masculinidad en su comunidad elitista… y termina igual.

Ese status quo se vió sacudido, pero jamás alterado, y eso no está bien, no para una película de Guy Ritchie, que se centraban exactamente en lo contrario, es como si no quisiera perder su propio status quo, pero amigo: la vida cambia, algunos envejecemos, otros dirigen Aladdin y es un hecho que sólo nos queda aceptar.

Quizá soy yo el que se ve reacio a este nuevo Ritchie, quizás me llegó la crisis de los mid 20’s y necesito validarme en el mismo cineasta que me hizo feliz cuando era adolescente, quien sabe, quizá todo esto es parte de una elaborada venganza contra Ritchie por hacer de Aladdin una película del corte de Disney Channel, con coreografías callamperas y canciones horrendas.

Para ir cerrando, Los Caballeros es una producción fantástica, con una forma impecable y un fondo que no me satisface, pero que cumple, las actuaciones cargan con la película casi completamente en sus hombros, la banda sonora es super interesante y en definitiva la vería de nuevo, pero volao, sólo por wear. Porque es Guy Ritchie, y podrá estar aburguesado, pero sigue siendo cool.

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