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The Disaster Artist: El arte de fallar

8 enero, 2018

The Disaster Artist: El arte de fallar

The Room es conocida por ser una cinta asquerosa. Es una cinta que es tan mala, en forma, en fondo, en estilo, en discurso, en arte, en todo, que claramente pasó a engrosar los listados de las películas que son tan malas, que son buenas.

Un fenómeno en toda regla y que a pesar de lo que muchos de los pseudointelectualoides quieran hacer creer, no es una moda reciente.

The Room es un fenómeno que lleva 14 años creciendo sistemáticamente. Su leyenda, solo engrosa con cada año, con cada visionado, con cada festival. Pero gran parte de su encanto que la hecho merecedora de peregrinaciones y un culto como solo que internet puede ofrecer, proviene de la catarsis que enseña ser el reflejo de un personaje como Tommy Wiseau.

Hay cierto encanto en las figuras extravagantes. Figuras que al contrario de lo que ofrecen los winners“, son los parias de los que podemos compadecernos y burlarnos sin compasión. Son los outsiders del sistema que para bien o para mal terminan haciendo muchas veces lo que miles de nosotros solo fantaseamos, arriesgarnos, salirnos del molde, llevar el sueño a la práctica, pero que simplemente fallaron estrepitosamente.

The Disaster Artist, es la adaptación del libro homónimo de Greg Sestero, en el que cuenta su experiencia realizando The Room y su relación con Wiseau. Sin embargo, al contrario de lo que en su tiempo hiciera la cinta de Ed Wood, por, la figura de, obviamente, Ed Wood, no ofrece una redención onírica de la figura del genio incomprendido. No edulcora el fracaso de alguien que jamás entendió que no tenía dedos para el piano (u ojo para el cine), simplemente muestra la realidad de personas que terminan estrellándose contra sus sueños.

En The Disaster Artist, estamos frente al relato visceral de un hombre para el que primaban las relaciones humanas, los sentimientos, una industria, el ego y la amistad y todo lo que ello conlleva, sin poder entenderlos realmente. Sin poder conectar con eso, o por lo menos hacerlo como lo haría una persona “normal”. 

Una cinta que habla de las relaciones improbables que se sostienen por cosas fortuitas, pero que de forma insospechada, se vuelven más reales de lo que cabría esperar.

La cinta de James Franco, está mucho mas interesada en contar el drama que subyace bajo todo el proceso creativo de la mítica cinta, que en reírse de un sujeto que es un blanco fácil. Porque sorprendentemente está lejos de ser una comedia burda, aún cuando tenía todo para poder volverse una, en transformarse en una metaparodia del mal cine, pero no. Apuesta más alto, más digno.

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Franco parece genuinamente abocado en contar la historia de una persona que quiere conectar con los demás, pero no puede, que quiere tener amigos, ser reconocido, pero no lo logra. Y de su frustración e inexperticia, nace un reflejo de algo que no es solo una película, sino que es un espejo distorsionado de su interior.

James, jamás se burla de Wiseau. Jamás lo humilla, y lo interpreta como un personaje con matices, quebrado, misterioso y extravagante, Dave Franco por otro lado, adquiere una complejidad progresiva que habla mucho sobre el proceso de interiorización de un personaje (como Sestero), a tal punto en que en verdad, logra encontrar una especie de comunión con su papel.

Tommy Wiseau creó una cinta que no es solo una cinta. Y más allá de su fenómeno de culto, es la excusa que encontró para poder seguir batallando con la frustración de darse cuenta de que los sueños no siempre se cumplen “ni aunque lo desee con todo el corazón” “ni con un millón de años, ni después de eso”.

The Disaster Artist, toma esa ingenuidad, toma ese deseo tóxico y autodestructivo y lo plasma en un viaje emocional que nos presenta una perspectiva del hombre que recibe nuestras risas, y las reconvierte en un nuevo pathos como un proceso de catarsis frente a lo inesperado y de paso, nos cuestiona. Porque como dice Wiseau en algún momento de la cinta:

“Yo soy el héroe, ustedes son los villanos, ustedes son los que se están riendo de mi”

Al final, The Disaster Artist (y por extensión, The Room) es simplemente la historia de alguien que quería hablar de los sentimientos. Si no fuimos capaces de entender eso ¿quién es entonces el villano?


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Periodista. Fundador de Plan9. Weón fome.