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Stranger Things 2: El mérito de intentar ser diferente

31 octubre, 2017

Stranger Things 2: El mérito de intentar ser diferente

Es difícil cumplir con las expectativas de la gente. En especial si tu apuesta era un producto que a grandes rasgos no lo esperaba nadie y de un día para otro escaló tanto, que la presión de ser mejor no es solo una confluencia natural, sino que una obligación para la cadena que produce, para los creadores, los guionistas y los actores involucrados.

Y por eso me banco esta segunda temporada de Stranger Things.

La serie furor de esta temporada, regresa muy cerquita de Halloween, para retratar en 9 episodios; la continuación en toda regla de los eventos que pudimos ver en la -sorpresiva – primera temporada y cerrar tramas, para claramente, abrir nuevas.

Hoy todos nuestros personajes ya tienen un recorrido, y siendo sinceros, los hermanos Duffer fueron bastante inteligentes en su aproximación pues todos aquellos que ya poseían un arco dramático trabajado, recibieron ahora un plot directo y sin complicaciones.

Obviamente ya no era necesario ahondar en motivaciones que ya conocemos por lo que es de agradecer que el misterio sea el eje narrativo de estos episodios.

Eso sí, potencian otros cuantos; que de cara a esta nueva temporada pueden entenderse claramente como una respuesta a lo que pidió la audiencia terminada la primera season lo que es un arma de doble filo.

Me explico: Por un lado, logran introducir personajes de forma muy efectiva y trabajan algunos que pensamos que rozaban en lo simplón (puntos para Steve que dejó de ser la caricatura del galán de high school ochentero, o el inevitable desarrollo de Wyel Byers que en la primera temporada fue simplemente un instrumento para que la trama avanzara pero que ahora, es un personaje algo más trabajado) y por otro, trabajan algunos con un trato en extremo preferencial (por ejemplo, Dustin quien fuera furor en la primera temporada) y lo hacen sin disimulo.

Esto deja de lado a personajes como Mike que se convierten en espectadores de una historia que quiere ser diferente a la original, pero que por momentos los olvida haciéndome pensar en qué tanto hay de autonomía narrativa sin caer en el exceso complaciente para con los fans.

Sin embargo, a grandes rasgos, casi todos ganan incluso cuando sus tramas solo sean meras excusas para hacerlos avanzar.

También queda muy patente la buena dosificación de ritmo en la trama, optando por dos episodios de contextualización, dos de presentación de problema, y luego de ahí, un desarrollo que aborda naturalmente los sucesos que levanta la trama hasta el final, que a pesar de saber exactamente que sucederá,  están muy bien contados en orden de extender el universo de una serie que a mi juicio no debería tener más de cuatro temporadas.

Y eso siendo súper generosos. El plan por el momento es de cinco temporadas, pero viendo lo expuesto acá, creo que sería extender DEMASIADO el chicle y caería en el limbo de series que debieron terminar antes (con Lost como la niña símbolo).

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Las referencias siguen ahí. Y siguen igual de descaradas, hay planos copiados (COPIADOS) por ejemplo a Close Encounters of the Third Kind hasta gestos clásicos como Indiana Jones, o frases que referencian desde Stephen King, hasta Nightmare on Elm Street, pero no entender que el alma de la serie radica en ser un pastiche de cosas, es como quejarse de que en Game of Thrones matan gente, o que The Walking Dead usualmente tiene siempre buenos finales de temporadas (y solo eso).

Además, siempre es entretenido pillar la referencia (insertar meme de Captain América).

Todos los personajes nuevos son un buen agregado. Algunos funcionan como detonantes, otros como comparsas y algunos son testimoniales pero en todos ellos, hay un futuro potencial para ser explotado. Y digo, en TODOS. Lo que no deja de tener flancos débiles y algunos que pudieron dar mucho más de sí, pero en general, no resultan molestos.

Con respecto a Eleven, cabe mencionar que al ser la pieza articulante de este universo (junto con Will), su tratamiento fue muy acertado, expandiendo el universo para dar juego de cara a las nuevas temporadas, que sinceramente, no deberían demorar mucho en desarrollar pues los actores crecen, y no sé cuanto más puede sostenerse esta historia sin ese toque spielbergriano que adopta sin disimulo que ofrece tener actores niños.

Lo que me lleva también a creer que si el plan es hacer más de tres temporadas, en verdad deben empezar a trabajar otros tonos, uno un poco más adulto.

Y es que -y a modo de apéndice- creo que gran parte de la responsabilidad que se le endosa a la serie guarda una relación con las expectativas de replicar el sentimiento original del cine de antes.

En un mundo cada vez más lleno de propuestas que beben de la nostalgia pero que intentan comulgar con lo moderno, Stranger Thins apareció como una carta de amor a una época en la que todo era más sencillo. Evocar esa sensación de tiempos donde arrendar VHS era el panorama del viernes en la noche, donde se salía a jugar a la calle, es otorgar cierta autoindulgencia con el contenido que estamos viendo y que no vimos porque estábamos cegados con este maravilloso producto que me recordaba a mi infancia (y por extensión, una buena propuesta para ver en familia).

Por eso nos gustó IT, y por eso esperábamos mucho de ella, porque estamos tan marcados a fuego por nuestros recuerdos, que si algo logró hacerme sentir en un tiempo más naive, exijo que la segunda vez sea lo mismo y mejor.

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Y esa lógica fue la que terminó dinamitando el proceso creativo de las secuelas mismas en los ochenta y en los noventa, el  “más grande, más ruidoso, y más fuerte” y el problema es que no estamos entendiendo que la obra, por muy bien diseñada que esté, no solo debe apelar a satisfacer nuestoo ego, sino que además, quiere contar una historia.

Una que ya se ha contado antes? Eso no importa.  Los Duffer no tienen ni una obligación con nosotros. El problema es que esta generación cree que siempre se le debe consultar, y ahí tenemos la recepción de productos como Death Note, que intentaron hacer algo diferente (fallido o no, ese no es el punto) y fue una apuesta más valiente que dar simplemente en el gusto.

Stranger Things jamás ha sido la serie perfecta que el hype se encargó de levantar. Y de hecho, ese es parte de su encanto. Es una serie imperfecta, llena de clichés y por lo mismo funciona. Toca las teclas precisas sobre lo que queremos ver en una historia nostálgica, tratando de ofrecer su propio mundo que jamás oculta  el continuum de cosas a las que referencia. Por eso esta temporada es una pega cumplida.

Es claro que ya no nos puede sorprender, porque de hecho, su idea fuerza se basa en ser familiar. En ser un producto nostálgico, y por lo mismo y a tenor de lo hecho, creo que la misión de expandir el universo, abordar una trama menos clásica e integrar a nuevos personajes, se hizo bastante bien para toda la presión que había sobre estos hombros.

La verdadera prueba de fuego será la tercera temporada para ver si la serie ya puede andar sola y dejar de depender de estas rueditas de bicicleta, o por el contrario, su propuesta de molde empieza a cansar.

Pero por intentos no se quedan.

Periodista. Fundador de Plan9. Weón fome.
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