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Spider-Man: Into the Spider-Verse, la intertextualidad del remake

29 diciembre, 2018

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Spider-Man: Into the Spider-Verse, la intertextualidad del remake

La comparación entre los superhéroes y las figuras mitológicas de antaño siempre ha sido interesante, pero es necesario evolucionar la forma en que la abordamos, hay que sacarla del “mito” como una figura lejana y aburrida, y arrastrarla al presente. Imaginen un puñado de personas alrededor de una hoguera, escuchando maravilladas las hazañas mágicas de un tal Jesús, de cómo aplastó a la malvada salamandra de tres cabezas con sus puños desnudos y liberó a los judíos del yugo de Cristóbal Colón.

Y perfectamente pudo ser así, porque las concepciones “serias y aburridas” de cuentos tan clásicos como la Biblia han mutado por la forma en que son contadas y como a nuevas generaciones se les presentan estas historias.

Probablemente Jesús volaba, o tenía un amante llamado Bongo Stingo que era una cacatúa parlante, pero al momento en que le contaron la historia de Jesús a alguien poderoso, y que sabía escribir, este simplemente omitió las partes que no le gustaban, o que no se ajustaban a sus intereses, y como nadie lo contradijo su visión perduró. A Spider-Man le pasa lo mismo… pero con resultados interesantes.

Hay una historia donde Peter Parker mata a Mary Jane de cáncer porque, como dice la canción, “he has radioactive blood”, y todos en conjunto nos olvidamos de que ese comic, Spider-Man Reign , realmente pasó. ¿Pero por qué? ¿Alguien poderoso también intervino? Todos quienes amamos y seguimos la leyenda del buen Spider-Man estamos de acuerdo en elementos comunes que vuelven a nuestro trepamuros favorito una figura trascendental… Pero ¿Por qué?

La respuesta es muchísimo más bacán.

Pero primero pongamos orden: Este es al mismo tiempo un análisis y una review, Spider-Man: Into the Spider-Verse es uno de los grandes logros de la civilización occidental, ahí junto a los acueductos y la hamburguesa, no tiene ningún derecho de ser así de descomunalmente buena. Yo entré a esa sala de cine con arrogancia, y salí desnudo de toda duda, de todo pesar, como un lechón recién nacido pero dispuesto a morir, tras haber visto por al menos un instante el rostro de Dios.

Sony Pictures Animation, el mismo estudio que me escupió en la cara con The Emoji Movie, vino a subir la vara para toda la industria de la animación en su conjunto. Es una película madura visualmente, de estética desafiante y conceptos obscenamente creativos, además de ser la película más violenta de clasificación PG-13 que he visto desde la Jurassic Park original.

La weá es la zorra, y aunque el tráiler no le hace justicia puede que haya exagerado… un poquito. Pero los elementos que me disgustaron son mínimos, una pelusa en el ojo de un titán, weás que odié de mañoso: Hay una escena muy emotiva que se ve acompañada de una canción super penca, que no le pega por ningún lado. Y lo otro es la motivación del Kingpin, que aunque está justificada con décadas de desarrollo en los cómics, queda reducida a un flashback super breve.

En resumidas cuentas, antes de Spider-Man: Into the Spider-Verse, nunca pensé volver a enamorarme de una película animada, y ahora se sienta junto a clásicos como Los Increíbles 1 (porque la dos es bien pobre), The Secret of NIMH, La princesa Mononoke, Batman: La máscara del fantasma, Toy Story 2 e incluso Perfect Blue.

Es como cuando llevas una relación amorosa de un año, sabes que es el amor de tu vida, pero te las ingenias para nunca decirle “te amo”, con unos escuetos “yo también”, porque eres un pedazo de mierda inseguro que le teme a sus propios sentimientos. Yo estoy aterrado de decirle tan pronto “obra maestra” a Spider-Man ¿Se entiende?.

A lo largo de toda la película, ningún personaje dice (o logra completar) la frase “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, esto es totalmente deliberado y da pie para hablar del elemento más pulento de Spider-Man: Into the Spider-Verse: la forma en que entra a jugar en el territorio de la intertextualidad.

Hay un punto en la película en el cual dije “ya, esto es amor” y es una sutileza super intensa y a la vez “meta” a cagar: Al principio cuando Milles descubre que tiene poderes, cambia la estética de la película (el primero de decenas de cambios) y sus pensamientos se vuelven cuadros de texto por un par de escenas. Se supone que en ese instante nuestro protagonista se convierte definitivamente en un personaje de cómic, y de aquí en adelante la película no te suelta las pelotas.

Porque Spider-Man: Into the Spider-Verse comprende lo que es, la cuarta encarnación de Spider-Man en dos décadas, y entiende el contexto de su público.

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La película tiene los huevos para introducir seis orígenes de Spider-Man distintos en 120 minutos, y subvierte todas y cada una de tus expectativas de los 6 trepamuros arácnidos en pantalla, constantemente. Por ejemplo, Spider-Ham, el cerdo araña, aparenta ser el “comic relief “ de la película, en los tráilers y material promocional, pero cuando te pegas la cachá de que él encarna la voz de la razón en el equipo de Spider-Mans te vai a la chucha. Los pocos momentos en los que habla, él apela al sentido del deber, es un personaje serio con los pies en la tierra.

Va en contraste con el verdadero “comic relief”, Peter B. Parker, un inmaduro hombre de mediana edad con sobrepeso y problemas económicos, cuyo conflicto emocional es tan duro que está dispuesto a sacrificarse por el equipo… días antes que el peligro se acerque.

Él representa a la audiencia “curtida”, a quien lleva 20 años viendo películas de superhéroes y que se sabe al revés y al derecho todos los estereotipos de universo Marvel. Esto se hace mucho más potente cuando pasa por un arco completo de personaje al punto de asumir su fragilidad personal y poner de su parte para corregirla. Al principio crees que Peter terminará convertido en el mentor de Milles Morales, pero al final es él quien termina aprendiendo del protagonista.

Puedo agarrar cualquier parte de esta película y encontrarle genialidad sin mayor esfuerzo, pero ya les tiré sendos spoilers y ustedes tienen que verla. Pasemos al análisis, y la parte brillante de todo esto: La naturaleza del remake.

Cuando adaptan a Batman o a Superman en la pantalla grande, estos vienen con una nueva visión, un nuevo mundo que está constituido por elementos “generales” y propios a cada personaje de cómic: Superman vuela, viene del espacio, tira rayos por los ojos, se viste de azul y rojo con una “S” en el pecho. Batman es un humano corriente, le traumaron de niño, se viste de murciélago, es millonario y se compra herramientas.

Al final Michael Keaton y Christian Bale son ambos el mismo Batman, pero con diferentes visiones. Pero a mi me voló los sesos cuando descubrí que Christian Bale también hizo American Psycho, y que Nolan no lo puso en el rol por azar: Imaginar a Patrick Bateman como Batman cambia el sentido de la película entera, es super bacán en perspectiva. De la misma forma Michael Keaton como Birdman tampoco fue cosa de suerte: Hay una narrativa subcutánea que pega y une a las películas de un mismo universo (metanarrativa, duh) y que enaltece los detalles que sólo fans podrían notar, extendiendo sus tentáculos a otras franquicias y otras películas.

Spider-Man: Into the Spider-Verse es eso, todo el rato. El mensaje final de la película, aparte de ser una historia de coming-of-age y sobre aprender a confiar en los demás, es que cualquiera puede ser Spider-Man. La máscara, la historia y el origen pueden parecerse, pero en esencia cualquiera puede ser Spider-Man.

Jesús pudo volar o incluso más descabellado aún, pudo revivir, pero eso no es lo importante de su historia: Lo importante es que su lucha contra la autoridad con un mensaje pulento, pudo ser la de cualquiera. A cualquiera le puede tocar estar ahí, incluso en el siglo XXI todavía hay gente que muere oprimida por la autoridad haciendo lo que cree justo para todos. Al final, si te es imposible sentirte identificado con un Spider-Man, tienes de sobra para elegir.

Citando a Homero Simpson: “Funciona en tantos niveles”.


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