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Satoshi Kon: La muerte, el arte y la mente

20 agosto, 2018

Satoshi Kon: La muerte, el arte y la mente

¿Se han puesto a pensar en toda esa cantidad de personas que admiramos? Desde políticos, pensadores, artistas,  hasta estrellas de reallitys, autores, cantantes, lo que sea.

Gente que como tú y como yo, que tuvo la fortuna -o la desdicha- de tener un punto de vista que reafirma o descubre en nosotros, nuestras creencias. Gente que hace que definamos quiénes somos, qué queremos, cómo pensamos, lo que creemos.

Usualmente hay de todos los tipos. Pero uno de los más comunes son los artistas. Gente que pone a nuestro servicio (y al propio), su talento, sus ideas, su manera de ver el mundo y que con la suficiente fuerza (y un poco de suerte) puede modelar las ideas de generaciones enteras.

Pero, realmente, digo ¿Han pensado en esa gente? ¿Han pensado en lo que pasa en sus cabezas cuando lo que parte como una visión propia, se transforma en un bien común?

La humanidad tiene la costumbre de idealizar y elevar figuras. Deidificarlas, obviar sus errores, olvidar sus traspiés. Trabajar en su mente, el inconsciente de que aquellos que nos enseñan a ver el mundo, son personas íntegras. Personas que no pueden ser mancilladas. Por eso sus éxitos emocionan y por eso sus desaciertos duelen. Porque vemos en su ascenso o caída, nuestras propias convicciones puestas en jaque.

Lo que estoy diciendo no es ni una novedad. Mucha más gente, mucho mejor preparada que yo, y con infinitos mejores argumentos han puesto su pluma a disposición de esta idea y la ha explicado con mucho mejor acierto. Y Satoshi Kon era una de esas personas.

El arte de lo cotidiano, el caos de lo común

Satoshi Kon fue un referente mundial. Un hombre adelantado, que tomó el animé (o mejor aún, la animación a secas) y la llevó a un nivel que no ha vuelto a gozar quizás en mucho tiempo. Con esto, no estoy queriendo decir que reinventó la rueda, pero ciertamente hay un antes y un después del realizador nipón.

Una forma de entender el cine de animación de masas, que nos permite lograr una identificación en la constante construcción de nuestro imaginario colectivo.

Un hombre que supo hablar de los temores sociales actuales. De la soledad. Del abandono. Del aislamiento. Satoshi Kon no reimaginó nada, solo se limitó a contar lo que ya está sucediendo entre nosotros hace décadas.

Alienación, ansia de aprobación y marginación al mismo tiempo. Una temática recurrente en las obras más famosas del autor, que suelen hablar de individuos que se enfrentan al caos de la vida normal en Japón, de cómo lo que parece ser algo relativamente normal, no es más que la expresión neurótica de una sociedad que en occidente mitificamos, pero que está bastante dañada.

Un realizador que en el fondo habla de nuestros temores sociales más actuales y que, me aventuro a decir, quizá fue producto de su propia entorno; pero para eso, revisemos un poco los origenes de Kon.

El niño que quería contar historias

Nacido un 12 octubre de 1963; en Kushiro, una prefectura de Hokkaido, Kon, (今敏 Kon Satoshi) tuvo un hermano músico: Tsuyoshi Kon y pasó gran parte de su educación elementaria en la ciudad de Sapporo, una de las principales de la prefectura de Hokkaido.

Asistió a la Hokkaido Kushiro Koryo High School, y fue ahí donde Satoshi conoció a Seiho Takizawa –quien, como curiosidad, luego sería conocido por ser el mangaka de una serie de historias de corte bélico que beberían directamente de la tradición de Katsuhiro Otomo, autor que a su vez, sería un referente para Kon.

Como decía, Kon, a pesar de querer ser animador, debutó sin embargo como mangaka con la historia breve Toriko en 1984 que lo llevaría a ganar el segundo puesto en los Décimos premios anuales Tetsuya Chibade la revista Young Magazine de la popular publicación Kodansha”.

Finalmente se termina graduando de diseño gráfico en la Universidad de Musahino y comienza su carrera como animador curiosamente como asistente en las primeras adaptaciones de Jojo Bizarre Adventure, esos OVAS que adaptaban el arco de Stardust Cruzaders.

Así es, en 1993 se realizó una primera versión del hoy muy popular Jojo no kimyō na bōken. Las seis OVA’s de Stardust Crusaders fueron escritas por Satoshi Kon en lo que sería uno de sus primeros trabajos (escribió y co-produjo el quinto capítulo) y que a pesar de no ser un producto que haya trascendido, le abrió las puertas al mundo que siempre amó.

No solo de animé vive el hombre

Pero antes de sumergirse en el mundo del animé. Kon también escribió manga. Y mucho más que solo algunas piezas. Conocidas son las contribuciones con Katsuhiro Otomo, en mangas como OPUS (y del que alguna vez escribimos acá) de quién no solo tiene influencias, sino que también fue mentor del hombre tras Paranoia Agent. Todo, gestado de una manera bastante casual.

Resulta que luego de salir de la universidad, trabajó junto a Otomo en la adaptación de World Apartment Horror en donde básicamente se dedicó a traspasar al manga la única cinta con actores que realizara el creador de Akira.

El acercamiento se dio porque en 1990 Kon se encontraba trabajando en el manga Kaikisen (1990) en la misma Young Magazine, mientras que Otomo publicaba su ya mítico Akira.

En una entrevista a ANN Kon señala que:

Gracias a la ayuda del señor Otomo, yo pude empezar a trabajar en la industria del anime. Desde ahí, formé y mantengo relaciones con varias personas de aqul equipo de trabajo que me han ayudado e influenciado.

Y no es menor. Luego de su relación con Otomo, pudo trabajar como animador en Roujin Z y luego en Patlabor 2 en donde conocería a Mamoru Oshii (Ghost In The Shell) De ahí en adelante, Kon trabajaría espóradicamente en mangas breves como Bashô-Ô no Bôken, Sabaku no Iruka JOYFULL BELL, pero su más grande pasión, como sabemos sería la animación.

El hombre que contaba historias

Satoshi siempre fue un admirador del cine. Jamás lo escondió. Se han citado como sus influencias usualmente a directores occidentales que van desde Terry Gilliam y Monthy Python, hasta orientales como Akira Kurosawa o la literatura de personas como Philip K. Dick.

Su arte, siempre trató de reflejar la realidad que conoció en oriente. En una breve entrevista realizada por Jorge Cano en Animadrid2006 cuando es consultado por Paranoia Agent explica en una breve pero decidora cuña que:

(¿Cree que su serie puede ser un fiel reflejo de diferentes sectores de la sociedad japonesa actual?)

Básicamente, la respuesta es sí. Se basa en hechos reales, acontecimientos reales y, bueno, también en ciertos rasgos de la sociedad japonesa.

Y en otra, cuando es consultado por Tokyo Godfathers:

Yo sabía que si hacía de los personajes principales personas sin hogar, estaría la cuestión de si había un mensaje para la sociedad (o no) detrás del trabajo.

Me di cuenta que, sin embargo, lo importante no era simplemente presentar el problema de los sin techo en el guión, sino concentrarse en la mentalidad que rodea las cosas que “descartamos”.

Son personas que han sido “descartadas” de la sociedad; los desamparados, la chica fugitiva. En la sociedad japonesa, los derechos civiles que tiene el pueblo son pocos. Quería examinar cómo una persona separada de la sociedad dominante volvería a rejuvenecer a la sociedad.

Satoshi Kon logró un debut impresionante con Perfect Blue, y es que la historia de una idol que se ve sometida a un espiral de irrealidad no solo era una crítica (o más bien espejo) de la sociedad del fanatismo nipón, sino que además es el retrato de una mujer que se quiebra por dentro.

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Algo que sabría trabajar muy bien en todos sus personajes: Sus crisis internas.

Para mí, crear personajes femeninos realmente no es mi fuerte. La imagen de la mujer que aparece en la animación japonesa, en general, es algo que debe ser abordado como un estereotipo preexistente. Las mujeres como las del anime no existen realmente en la realidad.

No apelo al realismo como si mi vida dependiera de él, pero con visuales, personajes y la historia, hay una realidad entre todo eso. Los personajes que aparecen en esa realidad — fans de anime, historias, personajes masculinos — no es como presentarlos de una manera puramente realista tampoco.

Las mujeres son mujeres, y las mujeres personajes también tienen sus propias intenciones y personalidades, así que establezco la historia de una manera que deja salir a esas personalidades.”

Creer en otras personas para creer en ti

A veces, en un sitio medio tonto como este, que apuesta a la irreflexión, podemos darnos el gusto de hablar de cosas que nos calan hondo. Que nos definen como personas. Tal como quería contar en el primer párrafo, personas que con su visión, me hacen creer en mi visión.

Satoshi Kon nos dejó extremadamente joven. Falleció el 24 de agosto del 2010 a la edad de 46 años. Se lo llevó un cáncer de páncreas. Escribió en su blog un carta llamada Sayonara que fue publicada por su familia luego de su muerte, puedes leer el original en japonés acá, yo por mi parte los dejo con la traducción que realizaron en el (excelente) blog kobayashisdomainen el que podrán leer el texto completo (solo dejaré una parte) y quiero terminar simplemente señalando que Kon era nada más que un hombre.

Un hombre que tuvo la oportunidad de plasmar una visión profunda de su sociedad y que cuyas ideas hasta el día de hoy resuenan en nuestro imaginario. Fue parte de esa gente que pone a nuestro servicio (y al propio), su talento, sus ideas, su manera de ver el mundo y que con la suficiente fuerza (y un poco de suerte) pudo modelar las ideas de generaciones enteras.

Esa clase de persona creo que era el. Quizá estoy equivocado. Qué más da?

Sayonara (Adiós) por Satoshi Kon

Cómo olvidar el 18 de mayo de este año.

Recibí el siguiente dictamen de un médico cardiovascular del Hospital de la Cruz Roja de Musashino.

“Son las etapas finales de un cáncer de páncreas. Se ha producido metástasis en varios huesos. Le queda como máximo medio año de vida.”

Mi esposa y yo escuchamos juntos. Era un destino tan inesperado e insostenible, que los dos juntos apenas podíamos asumirlo.

Honestamente solía pensar que “no puedo evitar morir algún día.” Aún así, era muy repentino.

Para estar seguro, había algunas señales. 2 a 3 meses antes de eso tuve fuertes dolores en varios lugares de mi espalda y en las articulaciones de mis piernas; había perdido fuerza en mi pierna derecha y me era difícil caminar, y había estado visitando a un acupunturista y a un quiropráctico, pero no había ninguna mejora. Así que después de ser examinado con imagen por resonancia magnética y tomografía computada y otras máquinas avanzadas, vino el dictamen del momento en que tenía que partir.

Fue como si la muerte se hubiera situado detrás mí antes de que lo supiera, y no había nada que pudiera hacer.

Después del dictamen, mi esposa y yo buscamos formas de prolongar mi vida. Literalmente era una situación de vida o muerte. Recibimos el apoyo de amigos incondicionales y de fuertes aliados. Rechacé la medicación anti-cáncer, y traté de vivir con una visión del mundo un poco diferente a lo normal. El hecho de haber rechazado lo que era “esperado (normal)” me pareció que era algo mucho más parecido a lo que yo soy.

Nunca he pensado realmente que pertenezco a la mayoría. Es lo mismo con el cuidado médico, así como con todo lo demás. “¡Por qué no debería tratar de seguir viviendo de acuerdo a mis propios principios!” Sin embargo, como en las oportunidades en que trato de crear una película, la fuerza de voluntad sola no fue suficiente. La enfermedad seguía avanzando día a día.

Por otro lado, como parte de la sociedad, acepto al menos la mitad de lo que la sociedad en general acepta como correcto. Pago los impuestos. Estoy lejos de ser un ciudadano respetable, pero soy un miembro completo de la sociedad japonesa. Así que además de las cosas que necesitaba hacer para prolongar mi vida desde mi punto de vista, también intentaba hacer todas las cosas necesarias para “estar listo para morir adecuadamente”. Aunque no creo que lo haya logrado. Pero una de las cosas que hice fue, con la cooperación de 2 amigos en los que podía confiar, establecer una compañía que se encargara de cosas como el miserable número de licencias que poseo. Otra cosa que hice fue, asegurar que mi esposa quedaría a cargo de cualquier modesta posesión que yo tuviera sin problemas por medio de un testamento. Por supuesto, no pensaba que hubiera una disputa por mi legado o algo por el estilo, pero quería asegurarme de que mi esposa, quien permanecería en este mundo, no tuviera nada de lo que preocuparse — y además, quería eliminar cualquier preocupación de mí mismo, aquel que iba a dar el pequeño salto al otro lado, antes de tener que partir.

El papeleo y la investigación necesarios para estas tareas, que no sabíamos hacer mi esposa ni yo, fueron ejecutados con prontitud por unos maravillosos amigos. Más tarde, cuando desarrollé una pulmonía y estaba a las puertas de la muerte, y puse mi firma final en el testamento, pensé que si moría en ese mismo instante, no podría evitarse.

“Ah… puedo morir al fin.”

Después de todo, me habían traído en ambulancia al Hospital de la Cruz Roja de Musashino 2 días antes de eso; luego volví al mismo hospital en ambulancia el día siguiente. Incluso debí ser hospitalizado y padecer muchos exámenes. El resultado de esos exámenes: pulmonía, agua en mi pecho, y cuando le pregunté al doctor sin rodeos, la respuesta que recibí fue muy formal, y en cierto modo se lo agradecí.

“Usted podría durar 1 o 2 días… incluso si sobrevive esto, probablemente tenga hasta finales de mes.”

Mientras escuchaba, pensaba “Es como si me estuviera diciendo el pronóstico del tiempo”, pero aún la situación era extrema.

Eso fue el 7 de julio. Fue un Tanabata definitivamente brutal.

Entonces, lo decidí en ese preciso momento.

Quería morir en casa.

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Periodista. Fundador de Plan9. Weón fome.