Animé El Infinito

¿Qué pasa con Dragón Ball S?

2 septiembre, 2015

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¿Qué pasa con Dragón Ball S?

No creo haber sido la única que cuando se anunció una nueva saga de Dragón Ball (serie tan querida por muchos) se vio esperando con emoción su estreno. Y es que sí, Dragón Ball es de esos animés entrañables que nos acompañaron durante nuestra infancia y juventú.

Recordada por varias generaciones, nos sabemos la historia de memoria,  nos vimos la mayoría de las películas que dieron por la tele. (Dato: El Cartoon Network de vez en cuando sigue transmitiéndolas).

Lloramos con la muerte de Bardock, nos creímos Supersaiyayines (quién no jugó cuando pendejo a tirarle un kame hame ha al hermano/amigo/papá, la pared, etc), coleccionamos álbumes, nos sabíamos los endings y openings de memoria, nos vimos igual la weá mala de Dragon Ball GT y, hasta el día de hoy, haciendo zapping aburridos, si pillamos Dragón Ball en el ETC. nos quedamos pegados viendo una weá que ya vimos más de veinte veces.

Ese es el efecto que nos deja una serie que muchos guardamos con cariño en el kokoro. Dragón Ball es por excelencia (junto a unos pocos más) un animé para no olvidar.

Sin embargo, no todo lo que rodea a la obra maestra de Toriyama es lindo y maravilloso. NO, porque  la franquicia de DBZ dio para mucho, MUCHO.

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Diecinueve películas, cuatro especiales de televisión, cinco ovas y una infinidad de merchandising, que estaríamos una vida enumerando fue el resultado del éxito de la serie, junto con esto, dinero, musho dinero y una fanaticada que -me incluyo- se emocionó al saber que Gokú y su pandilla volverían en gloria y majestad… o eso creíamos nosotros.

Dragón Ball Super es la nueva entrega de esta serie que ya lleva casi dos meses de transmisión, con ocho capítulos emitidos a la fecha. Basada en un manga original de Akira Toriyama, la historia, se podría decir, es una especie de reboot de lo que vimos en una de las últimas películas de la serie: “Dragón Ball Z: La Batalla de los Dioses”  (que, digamos, no obtuvo las mejores críticas).

Por lo tanto, básicamente, la serie vendría a ser lo mismo que la película, pero más larga. En cuanto a la trama, cuenta la historia del despertar del Dios de la Destrucción, Bills, y sus ganas de pelear con un tal Super Saiyajin Dios que vio en un sueño. La razón: porque sí, porque se le paró la raja.

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Y es esta una de las primeras y tantas cosas que parecieran no estar bien en esta nueva entrega. La historia no es tan mala (?). A ver, si lo pensamos: un dios de la destrucción, bien. Un dios de los supersaiyayines, bien.  Un Gokú con el pelo fucsia, Ok. Vegeta bailando y cocinando, mal muy mal. Qué chucha, hijos de puta.

Pareciera ser que Toriyama olvidó la receta mágica para hacer de Dragón Ball Z lo que alguna vez fue. Los personajes están lejos de parecerse a como los vimos de niños, las personalidades simplemente no terminan de convencer. Ya notábamos desde Dragón Ball Z hacia donde iba encaminado Gohan (actualmente convertido en un debilucho más al nivel de Yamcha -con respeto a sus fans-), pero ver a Vegeta bailar, cocinar y cagao’ de miedo por el gato egipcio es un atropello al orgullo del príncipe saiyajin y al de nosotros, como sus seguidores.

Dibujos de mierda

La animación es otro tema imposible de ignorar. No sé si me habré acostumbrado al dibujo clásico, a los colores menos chillones, al detalle en las peleas, a los músculos marcados o no sé qué, pero poco y nada hay de eso en la serie.

Colores vivos (ya, puede que no sea tan terrible, pero nunca me gustó ese estilo a lo Pokemón que tienen los nuevos animés), un dibujo que pareciera ser más un bosquejo a una versión final y unas secuencias que son como el pico. A continuación unas pequeñas capturas pa’ que se haga la idea:

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Finalmente, y como si no fuera suficiente con lo dicho más arriba, existen ciertas incongruencias con lo mostrado en anteriores entregas de la saga. La serie cambia algunos hechos que ocurren de forma distinta en la película, sin un puto motivo. Lo que no termino de entender, ¿por qué cambiar hechos sin razón alguna? Why Toriyama, why?

Lo bueno (?)

Después de hablar tanta weá mala, puede que piensen que soy una amarga culiá -lo soy-, pero no todo en la serie es malo (?). Puta, hay ciertas cosas que son rescatables.

La música es una de ellas. Les mentiría si digo que el opening y ending son los mejores de la historia, pero están bastante bien. El opening es pegajoso (no tanto así el ending) y cae bien a la primera:

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Otra cosa que rescato es que aparezcan todos los personajes habituales de la serie. A veces me pregunto por qué mierda desplazaron de forma tan descarada a Tenshin Han, Chaoz y pa’ qué decir Yamcha de la trama principal en Dragón Ball Z, específicamente en la saga de Majin Buu. No eran los weones más fuertes, pero tampoco los más pencas -Yamcha quizás-. Esperamos ver en esta nueva historia más protagonismo de estos mismos -sí sé, no va a pasar, pero soñar es gratis-

Por último, por muy mala que se vea la serie ahora y hacia dónde va encaminada, no hay que olvidar que aun así es Dragón Ball, y hay que verla como lo que es: con cariño y paciencia, simplemente por lo que simboliza -le di color-.

Entonces, ¿qué nos queda? O más bien, como nos preguntamos en un comienzo, ¿qué pasa con Dragón Ball Super? Honestamente, no mucho.

Y es que hasta el momento parecen brillar más las carencias que las virtudes de esta nueva historia.  Quiero pensar que esto es sólo el inicio y que a medida que la serie avanza el guion, el dibujo, los personajes, todo -casi como un milagro- mejorarán para transformarse en ese animé emblemático de nuestra infancia que todos recordamos.

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