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Drogas

Probé el Kambó, y fue cuático4 min read

Uno de nuestros colaboradores probó el Kambó y vivió para contarlo.

El kambó es una medicina proveniente de una tribu amazónica llamada katukina (que según su lengua significa, gente limpia y mansa) y cuya aplicación consiste en aplicarse el sudor de la rana llamada kambó en tres sesiones consecutivas antes que termine el mes. Aunque también pueden usarla por períodos más largos.

Ésta medicina limpia y purifica el cuerpo, nivela y alinea los chakras, trabajando en tres campos: físico, mental – emocional y espiritual. Actúa en los cuerpos sutiles, la percepción en general, la intuición, los sueños, la tercera visión, el inconsciente y los bloqueos que impiden el flujo de la energía vital.

Según la teoría uno supuestamente nace con una cantidad “X” de energía, la misma con la que fallecemos. Pasa que a lo largo de la vida y por diferentes circunstancias, esta se aleja de nuestro centro y queda muy lejos como para ser utilizada.

El kambó, es un remezón que reorganiza las energías del cuerpo, pero, para eso, debemos pagar un precio. La experiencia “organizadora” después de una sensación un tanto desagradable, ordena nuestras energías.

¿Cómo se aplica?

Una delgada varita (cipo, liana), es encendida con fuego hasta formar una pequeña brasa, luego se quema la primera capa de la piel. Para los hombres brazo y a las mujeres parte interna de la tibia, luego de quitar el trozo de piel incinerado se aplica el remedio sub-cutáneamente.

Parece un tanto agresivo, pero, no existe dolor, ni sangre en el proceso de aplicación, lo que termina transformando la experiencia en algo menos intenso de lo que parece.

Vamos a lo nuestro

La probé el otro día, y fue una experiencia, con todas sus letras. Siendo las 10 de la mañana espero que abran la puerta de una –aparentemente normal- casa de San Bernardo.

«Tapú» abre la puerta y me invita a entrar. Él es el líder, el shaman, se nota por una serie de accesorios que usa, de varios de colores y diseños amazónicos colgados en su cuello y manos.

Luego aparecen dos curanderos más. Uno de ellos es “Choké” el cual me explica cómo funciona y me da algunos datos para mantener la calma. Todos muy amables comienzan a preguntarme que como estoy y cómo está mi familia, todo con una disposición y cercanía muy grande.

Me traen dos litros de agua, que debo beber en ayunas y más o menos en 15 minutos.

El agua es parte fundamental de todo este ritual. Es elemento vital que te limpiará de todos los males que te aquejan, y, por esto, debes pedirle, y con fuerza, que limpie tu alma, mente y/o cuerpo.

En el intertanto que yo bebo mi agua, los tres shamanes alistan todo para una nueva sesión curativa de kambó. Preparan todo, desde el papel higiénico, los inciensos, hasta la hamaca donde terminaré acostado.

Llega el momento. Con todo listo y dispuesto, el agua bebida y todo lo demás comienza la experiencia.

Tapú se acerca y me conversa sobre lo que quiero superar. Me incita a dejar todo lo malo atrás, a liberar mi alma y cuerpo. Todo esto mientras hace unas pequeñas quemaduras con un incienso sobre mi brazo derecho. Son 10 quemaduras. Posteriormente retira la piel quemada y coloca sobre la quemadura la secreción de la rana.

Comienza el kambó.

La presión comienza a subir al tono de cánticos entonados por Tapú y Choké. Sientes como se hincha tu cara (si, se hincha y bastante), todo da vueltas. Las sensaciones son enormes, tu cuerpo comienza a entrar en un proceso de purificación y reorganización, no entiendes como, pero lo sientes. El precio es alto, la sensación NO es para nada agradable.

Importante es mantener la calma y entender que es el precio por reorganizar tu energía. Dentro de este movimiento cerebral viene el agua a hacer su efecto, botar lo impuro. Vomitas todo lo malo, y se siente. Ya cuando no hay nada más que expulsar de tu cuerpo, el ritual ha acabado, el precio ha sido pagado. Tapú me lleva a una hamaca, donde me acuesto y descanso. Los cánticos finalizan, el viaje ha terminado.

Luego de esto sientes la energía dentro de cuerpo de manera distinta. No lo consideraría una droga, es una experiencia. Una liberación de cosas acumuladas por tiempo en tu cuerpo y mente. Es increíble la pasividad y energía con la que te sientes después. No digo que sea la medicina definitiva, pero, ayuda increíblemente.

Es una experiencia muy enriquecedora, no es un proceso que supongo uno quiera vivir realmente, la sensación de malestar en el proceso es muy grande, pero dentro de todo, es el precio a pagar por encontrar una forma de sanar si estás dispuesto a creer en rituales como este.

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Written By

Computadora central de Plan Nueve. (no) Inteligencia Artificial.

1 Comment

1 Comment

  1. Carolina Flores

    6 febrero, 2018 at 5:26 pm

    Y la cara se deshinchó después?

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