El Infinito

Porqué lo que te gusta a ti, no tiene que gustarme a mí y eso está bien

10 septiembre, 2015

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Porqué lo que te gusta a ti, no tiene que gustarme a mí y eso está bien

De niño detestaba Los Reyes de la Colina, eran unos Simpsons fomes, feos y lentos.

Hace unos dos años agarré la primera temporada por azar… y no podía parar de verla. Era adulta, ácida, inteligente, sorpresivamente bien escrita y se preocupaba por los detalles.

De adolescente Los Increíbles me parecían un anestésico viaje a aburrilandia, con las manos y los pies dentro del vehículo, sin fotos con flash, ni la sombra del magnum opus de la animación occidental, Cars.

Años pasaron y las aguas cambiaron su curso. Se volvió mi favorita de la casa Pixar, aprecié todo lo que pudo ofrecerme la familia Increíble y no ha pasado noche sin que me arrepienta de mis pecados automotrices.

Hoy (o ayer, depende de cuando me estén leyendo) me senté con mi hermana a ver una de mis películas esenciales, de las que me definen como ser viviente: The life Aquatic with Steven Zissou. No digo que Wes Anderson sea el nuevo mesías, pero Life Aquatic toca los botones correctos en mi interior, me transporta a bordo del Belafonte y estoy ahí, caminando junto a Bill Murray.

Mi hermana la rechazó como se rechaza un implante de hígado. Me dejó solo, sumido en mis pensamientos. ¿Qué vi yo que ella no? ¿Qué veo yo en las cosas que me gustan?

 

La pluralidad de opiniones no es importante, es esencial. Es una piedra angular para garantizar la evolución en las sociedades. Y aquí, esgrimir argumentos evolucionistas es un recurso desesperado, porque no se me ocurre otra forma de explicar cómo pueden diferir tanto los gustos de unos y de otros. No estoy hablando de cosas opuestas como calcetines y autos, estoy hablando de camisas azules o rojas, de chalecos o chombas, de ICOs o Shadow of the Colossus.

¿Estamos realmente opinando o estamos siendo mañosos?

Me dueles ICO. Me dueles. Es un juego al que no puedo saltar sin paracaídas, ni la sombra de Shadow of the Colossus. ¿Pero, por qué? La música de ambos es emotiva, la estética de ambos es idéntica, visualmente y en gameplay ambos son espectaculares y dejando de lado la acción y extensión de Shadow of the Colossus lo sigo sintiendo más íntimo, más propio, más Adolfo. Desde este punto de vista, existen dos tipos de personas en el mundo: Los ICOs y los Colossus.
Creo que para dar un análisis completo y bacán como crítico de lo que sea, hace falta tomar en cuenta tres cosas:

  • La edad a la que viste/jugaste/escuchaste algo.
  • La comparación de esa experiencia en particular.
  • Y tu estado de ánimo a la hora de abordarlo.
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Uno siente cuando algo no le gusta. Es un instinto y guiarse por los instintos es bacán porque siempre hay algo que los mueve, como hamsters corriendo en ruedas cerebrales.

Es un instinto y guiarse por los instintos es bacán porque siempre hay algo que los mueve

Cuando una película se pone fome, es como pasar de una autopista a un lomo de toro, es sentir que Interstellar se alargó mucho, o que se detiene en cada esquina a explicarlo todo.

Con los videojuegos pasa algo especial, porque no te quedas con la primera impresión dado que en una sentada no puedes (o una que otra vez puedes) experimentarlo del todo.

Tienes que tomarlo con algo de calma. Y tampoco eres un sujeto pasivo, tú recibes tanto como das en un videojuego, no estás estático en el lado filoso de un disco de música, o una serie de Netflix, estás ahí, haciendo cosas, cambiando tu entorno.

Pero hay que zanjar el debate. La idea del artículo proviene de una pugna inmemorial que tengo con Ignacio Saavedra.

Dark Souls y Asura’s Wrath, como manzanas y rastrillos son dos juegos diametralmente opuesto que sin embargo nos despiertan emociones similares. ¿Somos tan diferentes? No lo creo, nuestros gustos son un poco más que aleatorios.

Somos críticos, pero no criticamos desde afuera, somos afilados como cuchillos, no blandos como críticos de diario, que destruyen las películas “desde afuera” como cuando Vegeta destruye el planeta de las baratas gigantes desde el espacio.

Uno se involucra con las cosas que le gustan, y se debe involucrar con las cosas que detesta para detestarlas con propiedad, más que con argumentos, con sentimientos.

Y vuelven a saltar los videojuegos, como el medio todopoderoso que es. Es imposible hacer 12 horas de un juego y no quedarte con nada.

Me pasó cuando hice mi review de Call of Duty: Black Ops, un juego tan mediocre que sus costuras me duelen hasta el día de hoy. Me quedo con su imagen detestable y nada divertida, cosa que es positivo para mí, porque alimenta mi instinto de crítico.

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Es potente saber que puedes hacer la diferencia, aunque sea en una persona, con tu poder de hablar sobre el medio. O quizás no, nunca se sabe.

Las primeras impresiones son determinantes. Pero hay muchos sentimientos que estas no pueden transmitir. Y al final del día si la experiencia es inocua, debe ser por buenas razones.

Esto no va para todos los críticones como yo, va para todo aquel que no le gustó la última Rápido y Furioso (siendo que es igual a las anteriores), o que disfrutó con Transformers 4 y no entiende porqué tanto odio, o el que intentó entrar al cine de Stanley Kubrick y no entendió por qué tanto escándalo.

Todos ellos tienen el instinto dormido y como dice Master Miller en Metal Gear Solid: “Un verdadero guerrero pone sus sentidos en la tarea. Si se nace con los sentidos dormidos, nada se puede hacer”.

Soy de los que creen en hacer sus críticas estilo guerrilla, con sentimiento más que con hechos, desde adentro de lo que reseño, no desde la seguridad de mi rincón de confort, sino de donde las cosas están pasando, y van a pasar. O al menos eso intento.

¿Qué cosas detestan que el mundo ama?¿Qué cosas aman que el mundo repudia? Comenten, no sean como Vegeta

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