Drogas El Infinito

Popper: La droga del sesso en esesso

30 abril, 2017

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Popper: La droga del sesso en esesso

No es de conocimiento tan masivo; pero el año pasado un parlamentario británico en medio de la sesión debió admitir que consumía una droga que hasta el momento era legal, pero que un proyecto en tramitación buscaba proscribir.

Normalmente no causaría taaaanto revuelo, de no ser porque Crispin Blunt pertenece al Partido Conservador, y la droga en cuestión está asociada al mundo homosensual, al que él asumió pertenecer en 2010.

Se trata del popper, nombre genérico que recibe una serie de sustancias orgánicas derivadas del cianuro. Dentro de ellas, el nitrito de amilo suele ser la más usada, la que nace al mundo como una forma de tratar la angina de pecho, pues favorece el aumento de flujo sanguíneo al corazón por muy breves periodos de tiempo.

Sin embargo, esta sustancia se masificó al darse cuenta que su capacidad para dilatar los vasos sanguíneos favorece mucho la euforia del carrete, y facilita el sexo.

Y el sexo anal particularmente, por lo que su uso es muchísimo mayor entre hombres que tienen sexo con otros hombres.

Ante esto, yo como redactor debo confesarles sin nada de pudor ni novedad que hablo desde la bisexualidad. Y por ende, también desde una persona que ha experimentado con esta sustancia.

Pero no se crean que esto es exclusivo de las personas con diversidad.

En la actualidad hay varios países donde el popper se vende en sex shop, y muchas mujeres heterosexuales lo usan porque por el chico no hay guagua, y porque se les antoja también. Qué tanto.

Además, cuenta la leyenda que en varias discos de los estados juntos y las europas durante los setenta los echaban al aire tipo aromatizante de ambientes. Y quedaba la patá adentro.

El formato al menos en Chile es bien clandestino. Contactas a un dealer y le compras un pequeño frasquito con un líquido de color muy claro, de olor muy muy fuerte, que se evapora fácilmente al contacto con el aire. La forma de consumo es inhalando lo que se evapora desde la boca del frasco pero teniendo mucho cuidado que el líquido no haga contacto con tu nariz.

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Si pasa puede ser riesgoso.

Su efecto tarda unos segundos en aparecer, pero cuando llega vaya que lo sientes. Tu cara se enrojece, tu corazón late más rápido, y por la dilatación de los vasos sanguíneos y el mayor flujo de sangre todo contacto con la piel se siente muy intenso.

En las discos he visto a algunos jalar popper para sentir mejor el carrete. Yo, para ser sincero, lo he usado en el ring de cuatro perillas. Y se siente pulento.

El roce de la piel se experimenta de mayor manera, y por ende todo contacto sexual se intensifica harto. Pero el problema es la duración del efecto: apenas uno a dos minutos.

Y ese es su mayor riesgo. Dura muy poco el aumento en los latidos, pero como se usa por lo general en contextos de alta exitación, la euforia inicial llama a que la experiencia donde se usa el popper mantenga las sensaciones que otorga el jale. Y así es muy difícil calcular cuánto consumir.

Con mucha humildad debo asumir que a mi mismo una vez se me pasó la mano cuáticamente.

Una vez (no diré con quién) estábamos tan entusiasmados con la incursión que este humilde servidor pasó de largo, y en medio de la faena tuve que parar. Me empecé a sentir cansado, exigido, con necesidad de descansar y poca capacidad de controlar la velocidad de mis latidos y mi respiración. Mi acompañante me dijo que estaba pálido y con los labios morados, y pasamos largo rato conmigo en la ventana tomando aire y con varios vasos de agua.

Durante un momento, analicé la situación y hablé conmigo mismo. Sentía que debía calmarme, pero no demasiado. No debía permitir que mi corazón se agitara o relajara mucho, sino mi destino iba a ser sencillamente morirme. Fue horrible.

Aunque para ser sincero, fue mi única mala experiencia con el popper. Por lo general lo había pasado bien con él, aunque no sé si recomendarlo.

*Nota del editor: Nosotros no recomendamos ni una weá que te pueda matarte, voh cachay. Pero el cuerpo es cada uno; así que ya saben ya.

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Por un lado, la posibilidad que alguien producto de la euforia viva lo mismo que yo es concreta, y si se mezcla con copete o marihuana posiblemente no se tenga la misma calma que la lograda esa noche por nosotros para afrontar la situación.

Igual, pese a que no existe consenso sobre los daños a largo plazo ni la adictividad del popper, se sabe que la posibilidad de volverse dependiente es baja. Aunque los riesgos son otros.

Junto con el obvio problema para personas con problemas cardíacos o respiratorios, la dilatación temporal que provoca en las cavidades sexuales sumado a la euforia del momento hace frecuentes las fisuras anales o vaginales, con riesgos especiales de infecciones en la puerta B.

Aparte, existen algunos estudios que relacionan el uso frecuente del popper con bajas en las defensas, por lo que personas con complicaciones temporales en su sistema inmune o con VIH podrían tener problemas más serios.

Al final del día, el popper es como tantas cosas que consumimos incluso a diario: piensen bien si usarlo, pero si lo hacen, que sea con prudencia. La idea es contar la experiencia y poder terminar lo que se empezó a hacer.

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