fbpx
Cine + Series

Plan9 Review: Whiplash (2014)

12 febrero, 2015

Plan9 Review: Whiplash (2014)

Hablar de Whiplash es hablar de varias cosas. Primero que todo, es hablar de Franklin Leonard.

Todo parte por The BlackList. Si no sabes los que es Blacklist, te cuento que es un ranking anual en el que se muestran todos los guiones no producidos por Hollywood y que fueron rechazados, por cualquier motivo. Bonito la verdad.

Franklin Leonard es el fundador del sitio, un sujeto graduado de Harvard y que ha trabajado como ejecutivo para estudios como Universal. Leonard, en un inicio fundó The Black List como una iniciativa para darle visibilidad a proyectos que de alguna forma jamás verían la luz del sol.

De acá han salido cosas que hoy todos aman.

Juno, Buried, The Wolf of Wall Street, Social Network, Argo, The Wrestler, In Bruges, American Hustle, Slumdog Millionaire, Stoker, Looper o The King’s Speech.

Todas estas pelis, salen de The Blacklist. ¿El problema? Como siempre los intereses creados.

Es raro presentar Wiplash como una película para ganar los Oscars. Raro porque representa un modelo de negocios poco convencional y en que la gente por lo general no conoce.

Uno va al cine y ve lo que está ahí. El espectador promedio poco se pregunta cómo una cinta llega a ser parte de la oferta. Claro, es bien sabido que las productoras y las cadenas de cine, estrenan en función de las distribuidoras y que películas de cierto corte no son apuestas segura en una palestra  que tiene que toparse entre estrenos que disputan las mayorías de las salas.

Entre los blockbusters de “calidad” es difícil sobresalir si quieres contar una historia, pequeña. Es difícil sobresalir si tienes a Interstellar y un par de meses después el Hobbit.

Por eso, Blacklist parece ser una buena idea, porque de la mano de un buen ojo, puedes hacerte de un guion potente y descubrir una nueva joya.

Y como siempre, con esa lista, chacrearon la hueá. Como muchas se volvieron cintas exitosas, se instaló un sistema de puntuación, en el que cualquier escritor amateur puede tener su historia revisada por los lectores de The Black List, todo esto, a cambio de una módica cantidad en forma de membresía (hoy, para ser lector también hay que pagar) (cacha).

Mientras mejor puntuado este tu guión, mejores posibilidades tienes de salir escogido por algún productor en busca de material interesante. Franklin creó un sistema en el que le pagan por publicitar guiones y le pagan por revisarlos.  Es evidente que esto lleva a la especulación.

Malas prácticas en las que productoras manipulan las votaciones por medio de campañas, votaciones arregladas y bla bla bla, prácticas que terminaron transformando a Blacklist  en una herramienta de marketing, más que en lo que originalmente se suponía que era.

Trascendence, es un ejemplo de eso. La “piolita” película de Wally Pfister (el “desconocido” director de fotografía usual de Nolan) costó “solo” USD$100.000.000, contando con un actor tan poco conocido como Johny Depp, forma parte de esas “arriesgadas apuestas” que no son más que jugadas de marketing para elevar, guiones de gente que ya tienen una carrera hecha en Hollywood y que no representan para nada, el que era el supuesto espíritu de Blacklist:

Propuestas inusuales de gente que no puede competir de tú a tú con guionistas consagrados.

Y Wiplash salió de acá.

Por eso cuesta creerle el rollo de independiente. Cuesta creerle en el alma a Wiplash porque si lo ponemos en frío, la cinta está hecha milimétricamente. Alguien dijo que era como Full Metal Jacket en su primer acto, pero ambientado en el mundo del Jazz y bueno, bastante razón hay ahí.

Te puede interesar:   Nueva temporada, mismos hábitos: Con ustedes, la quinta temporada de Bojack Horseman

Pero vamos a lo importante, al filme en sí mismo.

Tras su paso por Sundance, Wiplash solo ha cosechado elogios. Damien Chazelle, su director, entra en un segundo largometraje -tras la escritura del guion de Grand Piano ¿vieron que no era un desconocido de la industria?- que abarca su evidente pasión.  La música.

Originalmente un cortometraje de 18 minutos,  con el que se pretendía llamar la atención y lo hizo. Hoy va nominada por mejor película, guion adaptado (después de la controversia por considerarlo un guion adaptado del mismo corto, aunque originalmente iba por guion original), mejor edición, mezcla de sonido y actor de reparto (J.K Simmons).

Wiplash trata acerca de un cabro llamado Andrew Neyman (Miles Teller) que persigue el sueño de ser un baterista de jazz de excelencia. Estudia en un conservatorio de música, en donde conocerá Terence Fletcher (J.K Simmons), un profesor hijo de perra, que romperá los límites de la moral y la disciplina, con tal de llevar el talento de sus estudiantes a la perfección.

Las fortalezas de Wiplash radican en su eficiente montaje, solidas actuaciones (en verdad más que todo la actuación la raja de Simmons,  que ofrece el tremendo contrapunto a la excelente –sin más- actuación de Teller), un guion ajustado y sin distracciones y una historia sencilla que basa sus puntos fuertes en el cómo está contada, por sobre el que cuenta.

Whiplash-4

Cintas sobre música hay muchas.  Sin ir más lejos, hace poco vi la independiente Frank, y me pareció una maravilla su relato de la música como un concepto catalizador e independizante.

Whiplash es justamente todo lo contrario.  Enseña ese mundo desconocido de la música profesional, de la obsesión para destacar en un ambiente altamente competitivo en donde la diferencia entre estar en una orquesta o en la calle, es que tan mejor que el otro seas.

Su ritmo es intenso y no parece haber mucho más allá de la sala de ensayos. Es justamente ahí donde el histrionismo se suelta. Teller es un sujeto apagado y desprovisto de motivación más allá de la sala, pero con las baquetas el asunto cambia, su registro adquiere presencia en pantalla y en momentos incluso logra enfrentar a ese monstruo que es Simmons, un cuasi One-man-show que también demuestra que cuando de tocar se trata, no hay espacio para la afectividad, solo para la excelencia y pobre de ti conchadetumadre que no des la talla.

De hecho, ahora que lo pienso, estos personajes logran nuestra mayor empatía en el momento en que abandonan toda pretensión actoral. En las escenas que no correspondan a la batería, las relaciones desarrolladas por el personaje de Teller son un trámite y sirven para reforzar la idea de que el sujeto es un desadaptado social con cierto aire de egolatría, su padre decepcionado, su polola que se vuelve un cacho, su familia idiota, todos ellos combustible de la obsesión que representa el instrumento.

Por su lado, Simmons no funciona cuando confrontamos directamente su actuación en otro ámbito (la escena del llanto por ejemplo) aunque precisamente, su personaje no lo necesite tanto, ya que es una muralla, un obstáculo y está hecho para que no pueda ser vencido si no a través de la inmolación, es cosa de mirar su contextura física lograda para el personaje, parece el puto Edward Norton en American History X.

Te puede interesar:   NEXO Cinema Presenta: Midori, la Niña de la Camelias (1992)

Algunos dicen que el relato, basado en las obsesiones es similar a lo hecho por Aronofsky en Black Swann, pero las similitudes de la historia empiezan y terminan en su condición de disciplina artística. Whiplash está más emparentada con la violencia de filmes masculinos como el El silencio de los inocentes o Enemigos Públicos.

Una relación tortuosa entre alumno y profesor, torturado y torturador,  es un duelo de actores, en el que solo tenemos la certeza de que uno, está por sobre el otro, porque es maestro y aprendiz. La dinámica sádica no es tan diferente a la que había entre Lecter y Starling.  

Afortunadamente, todos los espacios narrativos vacíos son pocos, hay elementos verdaderamente WTF, así como momentos en los que se puede palpar cierto relajo del dramatismo efectivo que supone la música. Como todo gira entorno a la batería, eso hace que la sensación de drama quede relativamente disminuida en pos del entretenimiento; porque a diferencia de cintas como Birdman, Whiplash es más entretenida que la chucha.

Como decía arriba, el relato es castrense y eso la vuelve mucho más directa (e incluso algo efectista) que un drama psicológico, sabemos lo que pasa con nuestros personajes, pero no porque miren al infinito y algún plano nos enseñe una estación de trenes melancólicamente vacía, lo sabemos porque lo expresan de forma física. Y para eso se basa en el efectivo uso de un montaje aceitado y ajustado (como un buen instrumento)  que nos recuerda constantemente que estamos frente a una obra cerebral y bien ejecutada.

La cinta de Chazelle no va a ganar mucho, no porque no merezca reconocimiento. Puede que gane montaje, mezcla de sonido y actor de reparto, pero sobre el resto,  puede que no pase nada, todos le van a chupar el pico a Iñárritu y a Boyhood y frente a todo, Whiplash es una cinta más artesanal, aunque parezca lo contrario, alejada de la grandilocuencia de sus contendoras.

Finalmente Whiplash es una buena cinta porque tiene corazón, tiene oficio y un norte muy bien definido, algo inusual en estos días,  como una buena pieza de Jazz.

Le doy 6 de 9 Alfs

 

ALFALFALFALFALFALF

 

Aprovecha de revisar el análisis de la BSO de Whiplash que la Mel hizo, acá.

SÍGUENOS EN FACEBOOK Y TWITTER. Tenemos un mundo de cosas mágicas, solo para ti.

Comenta o muere

Periodista. Fundador de Plan9. Weón fome.