El Infinito

Plan9 Review: Snowpiercer (2013)

24 noviembre, 2014

Plan9 Review: Snowpiercer (2013)

El cine asiático es por antonomasia un mundo extraño. Los orientales tienen una concepción diferente al mundo occidental y eso queda patente en su forma de hacer cine.

Sería fácil hablar de cintas como ZombieAss: Toilet of the dead (Zonbi Asu) o The Machine Girl (KataudeMashinGāru) -ambas de la factoría Iguchi–  para ilustrar este punto, pero entendemos también que la gente de ojos rasgados tienen mucho más que historias de fantasmas y bizarradas para ofrecer.

Snowpiercer es una clara muestra de ello. Dios mío, es una gran forma de mostrarnos aquello.

Dirigida por el coreano Bong Joon-ho  (que a su cargo también tiene la original The Host) Snowpiercer está basada en el cómic francés de Jacques Lob, Benjamin Legrand y Jean-Marc Rochette llamado Le Transperceneige.

Protagonizada por -un efectivo- Cris Evans (Capitán América) Snowpiercer nos transporta a un mundo donde la humanidad hizo cagar el medio ambiente, provocando una nueva glaciación. Para (suerte de unos pocos) el último bastión que queda de la raza humana, sobrevive en un tren que recorre el mundo entero  sin un fin, sin parar, infinitamente, alimentados por un motor autosuficiente.

Para ponerlos un poco más en contexto. El cómic, nace directamente en la década de los 80, con todo lo que eso significa.  Y a pesar de que en un instante su estética de historieta europea  pudo planteársele como un problema a Bong Joon para dar con un identidad visual propia (cuenta con un equipo mixto entre occidentales y coreanos,  siendo 100% una producción coreana)  me fui simplemente a la chucha cuando empecé a verla.

Es una cinta sólida en la conjunción de todos sus elementos.

Drama, crítica social, humor -que quizás no sea del agrado de todos, pero es parte de la idiosincrasia y le confiera una estética única-  acción, un buen ritmo, actuaciones con personajes la zorra –ojo ahí con la Tilda Swinton y el coreano  Song Kang-ho y unos efectos especiales al servicio de la historia y no al revés.

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Abordar sociedades distópicas industrializadas, es un tema en el que no hay pocas cintas. Desde Fritz Lang y su ya mítica Metropolis, hasta el clásico moderno de  Matrix, el conflicto de clases ha sido retratado más veces que la chucha. Pero Snowpiercer es distinta.

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Es hermosa. Cada plano está bien cuidado. Sus primeros dos tercios arman la trama rápidamente y aún cuando en el segmento final se apura un poco (asumo que en la sala de edición quedo harto material)  siempre sientes que los personajes descubren su –reducido y asombroso/extraño- mundo contigo.

Sabemos que las  personas en este tren no reciben un trato igualitario, quienes viven cerca del motor, gozan de beneficios y privilegios  que llegan a ser groseros para la gente  en la cola. Gente que en condición de polizontes no tienen ningún beneficio más que respirar, vivir hacinados como sardinas, ser eventualmente mano de obra y comer unas barras proteicas parecidas al desayuno de la Junaeb en los colegios públicos -¿Han mezclado la leche Purita con el cereal tipo Doko que dan? porque a eso se parece-.

Es decir, sobrevivir casi por costumbre.

Con el tiempo, el malestar se ha acumulado y la represión también. La revolución es inminente y todos saben que quienes controlan el motor, controlan el tren. Iniciando una batalla vagón a vagón por adquirir el dominio del corazón de la maquina y traer justicia nuevamente a la balanza.

Con todo, es fácil pensar que la cinta podría adoptar un camino facilista y popero para desarrollar su argumento, pero lo que encontramos en esta es una crítica feroz al sistema y a nosotros mismos. Una critica a quienes en el afán de querer ser agentes de cambio en una sociedad globalizada, lo único que hacemos es sumarse a revoluciones intrascendentes y vacías que mueren antes de ser algo real.

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Lo de Joon-Ho es una patada en el hocico a la creencia del héroe como figura redentora. El tren, que reduce a la mínima expresión la sociedad y que representa al sistema en sí mismo, solo advierte que finalmente incluso las revoluciones, son parte del control en el estatus quo.

Snowpiercer es valiente. Pretende -aunque no sin fallos– subvertir la idea de la revolución como leiv motiv a través del cinismo y la deconstrucción de figuras centrales en la formación de sociedades.

Ahí están todos; El escriba, el estado, los pobres, los ricos, los medios de producción, el sheriff, la mano ejecutora, adoctrinación, el consumo, las drogas, fe, compañerismo, la educación y la locura.

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Muchos temas que aunque podrían haberse transformado en una mezcla hueona sin sentido, finalmente soportan el acto final -algo disperso, hay que decirlo-  dignamente. Un acto que invita a quemar todo y preguntarnos ¿sobre qué está construida nuestra comodidad? ¿Qué estás dispuesto a sacrificar?

Estamos frente a una cinta que no es brillante como dije, tiene muchas fallas, pero todas están subsanadas  por el hecho de poner en una gran producción, cosas de las que no te hablan muy seguido. Eso es más valido que cualquier queja que se pueda tener al respecto.

Es decir, el verdadero héroe es quien rompe los esquemas, de verdad. No existe verdadera revolución sin sacrificios y eso corre para todos. Derecha, izquierda, anarquistas, monarquistas, lo que sea.  Personas que viven creyendo en el servicio a una causa que finalmente termina por dejarlos como drogadictos, reducidos a seres que no piensan más allá  de sus preocupaciones e intereses, cualesquiera que estas sean.

La pelicula de Boon Joo nos enseña al fin que tristemente el carácter sobre el que está construido la sociedad humana. Su existencia en si misma es nefasta, porque su voluntad es imparable e infinita.

Como el tren que gráfica la historia de esta reseña.

Le damos 7 de 9 Alfs

ALFALFALFALFALFALFALF

Los dejo con una pieza publicitaria que también sirve como precuela.

 

 

 

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Periodista. Fundador de Plan9. Weón fome.