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Halloween (2018) El problema de la construcción desde el homenaje

21 octubre, 2018

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Halloween (2018) El problema de la construcción desde el homenaje

Comienzo esta reseña puntualizando lo siguiente: Estoy un poco cansado de que revivan franquicias cinematográficas, con “esperanzadoras” secuelas o “mejoradores” remakes.

Ni Blade Runner 2049, ni Alien: Covenant, ni Predator, ni casi ninguna otra idea de los estudios hollywoodenses, en los últimos cinco o diez años, han recuperado ni perfeccionado la esencia de sus predecesoras.

Claro, hay excepciones, como It, que de alguna forma su director, Andrés Muschietti, capturó la maqueta de la serie de 1990 e implantó una idea más fresca de lo escrito por Stephen King; pero, si nos damos cuenta, nos cuesta un poco pensar en otros ejemplos de inmediato.

Halloween, lamentablemente, no se queda atrás con esta premisa.

Sí, sabemos que hay nueve películas posteriores a la génesis de la saga en 1978 (no sé cuál de ellas más mala, aunque una que otra salva), no obstante la secuela en manos de David Gordon Green no consideró las historias de estas, sino que, en su primera incursión en el terror, quiso lanzarse con una continuación directa de la creación del maestro John Carpenter, lo que, grosso modo, tuvo más desaciertos que aciertos.

En los albores del subgénero “slasher” en los 70, los críticos de esa época rechazaban categóricamente un cine industrial tan directo y sangriento en cuanto a la violencia, porque podrían perturbar a una sociedad inyectada del status quo moralista.

La costumbre era contar historias que nos produjeran esperanza, enamorarnos de un galán o ver cómo un hombre de acción sobrevivía a decenas de balas. John Carpenter llegó a romper este paradigma con Halloween, su tercer largometraje, que gracias al productor independiente Irwin Yablans y el financiero Moustapha Akkad (a quien se le hizo un breve homenaje en la nueva película por su fallecimiento), consiguió con tan solo 300 mil dólares entregarnos una cinta que, para muchos de nosotros, es parte relevante del auge del género.

Paralelamente, cuando se estrenó Halloween, los especialistas y la prensa desmembraron el trabajo de Carpenter, dándole notas más que rojas, catalogándola como “insufrible y estúpida”, pese a que, como ya dije, con un estrecho presupuesto, consiguió llevarse al bolsillo más de 70 millones de dólares alrededor del mundo.

Pero no solo eso; también se construyó, en forma idealizada, en una película que pasó de ser “de culto” (me carga este término) a ser parte de la cultura pop, en especial para quienes amamos el terror, lo que se ha evidenciado en la venerada imagen de Michael Myers (clásico en las fiestas de Halloween), el recordado rol de Jamie Lee Curtis con Laurie Strode y los asesinatos a sangre fría a un grupo de niñeras.

Teniendo todo aquello en cuenta, la Halloween de este año, para bien o para mal, es un calco casi perfecto de la primera cinta, pero que no llega al homenaje, porque una cosa es “copiar y pegar” escenas con algunos cambios evidentemente, y otra es rendir tributo a una obra de admiración. Lo hecho por Gordon Green es más lo primero.

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Halloween nos cuenta las repercusiones 40 años después de la matanza en la celebridad de Halloween de 1978, donde cinco personas fueron cruelmente asesinadas por Michael Myers (Nick Castle), quien luego de estar recluido por años en un manicomio, escapa con el único objetivo de terminar su trabajo, matando a Laurie Strode (Jamie Lee Curtis), única sobreviviente del asesinato. Sin embargo, ella también está preparada para enfrentarse por última vez al llamado “Bogeyman“.

Desde los primeros fotogramas, se introduce e implanta la marca ineludible y personal de Carpenter para presentar los créditos de producción, con la clásica calabaza siendo regenerada mientras, a su lado derecho, aparecen los nombres del elenco y demás personas involucradas, lo que contrasta con el sistema usado en filmes actuales. Ya con eso me dejó claro para dónde iba esta película, aun cuando me decía: “ojalá se maneje bien esto” y no la cague como Rob Zombie (igual te amamos).

Sin embargo, la película va cayendo como una corrida de dominós, sobre todo por un factor determinante a la hora de analizar la esencia de esta Halloween: no hay renovación.

Está bien que Gordon Green, tanto en su labor como director como en el guion junto a Danny McBride y Jeff Fradley, haya querido conservar lo que hizo a su predecesora una tan icónica obra audiovisual, con los ritmos, colores, fotografía y la banda sonora (en acordes de Carpenter una vez más), pero es una fórmula que, para estos tiempos, ya no es tan efectiva.

Viejo, ya no estamos en los años setenta, se puede hacer algo mejor.

Es más, hay escenas que son prácticamente iguales a las vistas en 1978: mismos modus operandi de asesinatos, misma adecuación de la música en ciertos pasajes, similares arcos argumentales y hasta un plano secuencia que condecora la impecable dirección de Carpenter. A pesar de ello, no genera la misma sensación de angustia, pudor y “admiración”, porque ya vimos todo eso, con personajes mejor construidos, efectos visuales más meticulosos y un Michael Myers más realista.

Hay escenas de más, roles de más y asesinatos de más, y eso, sinceramente, cansa.

No quiero entrar en la arena venenosa de los spoilers, mas sí quiero referirme a ciertos baches horribles encontrados en la continuidad del filme. Hubo personajes que no tuvieron ninguna incumbencia real en el transcurso de los acontecimientos; otros que nunca más se supo de ellos, tiempos muertos que se podrían haber quitado sin ningún problema y, como pasa en muchos guiones actualmente, diálogos realmente innecesarios y poco coherentes. Sin embargo, sí más de alguna sorpresa se halla.

La longevidad y experiencia de Jamie Lee Curtis como Laurie Strode, es la base más firme de Halloween. Es prácticamente obvio que desde el marketing hasta en la película misma, el retorno de Curtis sería el eje central para el éxito de la producción, y esto añadido al esperado enfrentamiento con su pasado.

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Ello se tradujo en que la actriz tuviese las escenas mejor armadas, con una interpretación digna de su trayectoria, pese a que tengo algunos reparos con el crecimiento del personaje y lo caricaturesco que la sentí muchas veces.

Por ejemplo, si hace 40 años estás preparándote para matar a Michael Myers, con una casa que parece fortaleza de guerrilla, una hija traumada con la seguridad y el manejo de armas, y una nieta interesada en encontrarse con el asesino, ¿por qué chucha %#??# eres tan débil y flacucha cuando te enfrentas a tu destino final?. Es que, amigos, cuando ustedes vean la película, entenderán a lo que me refiero.

Igual, nada quita que la vieja es dura.

Por cierto, desde que vi Madre no había visualizado un desenlace tan decepcionante, predictivo y nada, pero nada de nada, cautivante ni mucho menos inteligente.

Halloween de 2018, no será para nada memorable; no define las mejores características de lo creado por John Carpenter, no implanta Gordon Green una marca personal en una franquicia como esta, y no está adecuada a una audiencia fija, vacila entre los melancólicos de la primera y un público más joven. Sin embargo, hay guiños muy interesantes y entretenidos.

Un aspecto que engloba la secuela y que la destaca también, es que es millones de veces mejor y más representativa que las nueve continuaciones posteriores a 1978, aún más cuando, por lo menos, el protagonismo se lo lleva la batalla sacramental entre Myers y Laurie, y no el descubrimiento esencial de la maldad pura del antagonista, sin ver al asesino serial, como lo fue con Halloween III: Season of the Witch.

Esta nueva y probablemente última adaptación, abre una senda para preguntarnos si este tipo de secuelas son realmente necesarias para explicarlos algunos “vacíos de guion” en películas como Halloween, ya que, para mí, esta continuación no lo fue.

 

 


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