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El Infinito

Plan9 Recomienda: Shamo ( 軍鶏 ) de Hashimoto y Tanaka, vivir es pelear

Pelea, respira, repite.

Los shamo son una especie de pollo japonés, llevados desde Tailandia hasta la isla de Japón, fueron criados desde el periodo Edo con la única función de participar en peleas de gallos. Son altos y con plumas duras, los gallos son agresivos incluso dentro de sus pares y tienden a pelear entre ellos hasta la muerte. Y así es más menos el ADN de Shamo.

Creado por Izo Hashimoto e ilustrado por Akio Tanaka, Shamo es un manga poco convencional por donde se le mire. La historia sigue a Ryo Narushima, un joven de 16 con una carrera promisoria en la Universidad de Tokio, con un pequeño problema: cometió parricidio.

Ryo, inmediatamente después de perpetrar el homicidio de sus padres, es enviado a un reformatorio donde es violado y posteriormente aprende a sobrevivir practicando karate. Así parte Shamo.

Shamo es contado desde el punto de vista del villano, no es un seinen cualquiera. Ryo ni siquiera es presentado utilizando el arquetipo de antihéroe, es de lleno un personaje vil malintencionado capaz de violar, atacar a sangre fría a cualquiera y vivir al margen de la sociedad. Es un hijo de perra y eso lo convierte inmediatamente en un tema central de toda su narrativa. Qué nos impulsa a leer? El morbo? la narrativa? el genuino interés?

Hablar de Shamo se vuelve complejo debido a la crueldad y cierto tinte de realismo con el que está trabajada la historia. Las violaciones, los homicidios, las mutilaciones, el mundo del hampa japonés, la presión de esta misma sociedad sobre los adolescentes se vuelve un poco denso a ratos. Tiene referencias a literatura occidental clásica, con ecos de Crimen y Castigo, sus portadas están inspiradas por pintores como Lucian Freud, Jean-Michel Basquiat y Francisco de Goya, es denso.

Una manga similar es Holyland (del que ya hablamos acá), sin embargo, a diferencia de lo de Koji Mori, Shamo no fue diseñado con la idea de evangelizar sobre los beneficios de las artes marciales. Está hecho para presentar un mundo complejo y oscuro, donde incluso los gallos entrenados para pelear hasta la muerte pueden sentir cierta empatía; pero eso no los hace entrañables o respetables, simplemente son personas haciendo lo que mejor pueden dentro de las circunstancias en que se ven involucrados.

Pelear dentro y fuera de la obra

Cuando decimos que Shamo es un manga peculiar, lo es en todo sentido. Parte importante de su personalidad proviene incluso de eventos externos a la obra en sí misma como fue la disputa legal entre Akio Tanaka y Izo Hasimoto, un problema que mantuvo el manga en suspenso desde 2007 hasta 2011, donde cambió de escritor; además de pasar a un reprinted desde el capítulo 1 (continuando la historia de los primeros 200).

A pesar de que la estructura de Shamo no parece guardar espacio para un cambio de escritores, durante esta transición de pluma, la agresividad y malicia plasmada en la historia se mantiene igual; la diferencia en el tono en el último arco de este es una necesidad narrativa para forzar al lector a mantenerse atento.

La forma en que Shamo para del episodio 200 al 1 es una anomalía en el manga. Principalmente debido a la forma en que la historia va mutando, es una justificación necesaria para que Ryo, quien desde el comienzo demuestra ciertos signos de humanidad, sobre todo en su reacción a la pelea contra peleador tailandés al que deja ciego por accidente y posteriormente ve como este último muere al ser mordido por un perro en el cuello.

El último gran arco del manga podría haber sido sacado de Dragon Ball Z o Hunter x Hunter, un torneo de artes marciales, donde la única gran diferencia radica en el nivel de violencia. En el gran esquema de las cosas, no aporta mucho a la historia; ni siquiera la figura redentora de un personaje como Toma es importante, pero sí logra atrapar a cualquier lector que busque ese tipo de historias.

A modo de explicar un poco el final, se vienen spoilers:

En Japón, el shintoismo es una religión que guarda estrecha relación con la naturaleza, es una creencia animista y chamánica que cree en ciertas divinidades llamadas kami. En la prefectura de Nara, los ciervos son mensajeros divinos, es el mismo animal que se le acerca a Ryo en sus últimos instantes con vida, dejándolo tirado y herido.

Ryo tiene una nueva oportunidad, comenzar una vida siendo parte de la naturaleza, donde no pueda dañar a nadie, solo ser un vínculo entre ambos mundos sintientes y sintetiza poéticamente la máxima que siempre rodó en el manga. El que a hierro mata, a hierro muere.

¿Lo recomendamos? Ciertamente, teniendo en cuenta el carácter de su historia, además de clara advertencia de la violencia sexual, psicológica y física que se encuentra presente en las páginas de Shamo. Es un manga crudo, con un cambio de tono que muchos encontraran detestable (a nosotros nos gustó caleta) y un protagonista que desafía los estándares de los medios narrativos; sin embargo, es una historia que merece ser apreciada por lo que es: una pelea constante por sobrevivir, sin importar las consecuencias de ello. Sin una moral que juzgue. Solo pelear para vivir.

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김치볶음밥

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