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Parasite de Bong Joon-ho: All cuicos are bastards8 min read

27 noviembre, 2019 6 min read

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Parasite de Bong Joon-ho: All cuicos are bastards8 min read

Cuánto me demoro? 6 minutes

Mi abuelita siempre dice que no llora con las películas porque no son reales. Ella, siendo una mujer muy ocupada a lo largo de su vida, nunca ha encontrado el tiempo de romper ese envoltorio emocional que recubre al séptimo arte y lo vuelve tan especial, tan significativo para el resto del mundo. Ahora, ella tiene razón, porque las películas no son reales, son un espejo de la realidad, y al igual que un espejo su reflejo no es perfecto puesto que como todos saben, plasman las cosas al revés.

Parasite, película surcoreana ganadora del festival de Cannes y dirigida por Joon-ho Bong, el genio detrás de Memories of Murder y el chuchetumare detrás de Okja; logra ser un reflejo total. Cosa curiosa, porque tras todas esas capas de géneros, humor y estilo que le imprime el surcoreano, sigue siendo eso, un reflejo total, prístino y claro de la -real- clase media, no de Corea, sino de todo el mundo, porque siendo sincero, no hay tal cosa como la clase media. Somos pobres, solo que a veces podemos pagar wi-fi.

Sentir las cosas que tienes que sentir

Entonces, como decíamos, las películas son espejos. Espejos retorcidos en los que si miramos con detención y la mente abierta, podemos sentir cosas reales.  Y eso me pasó cuando vi Parasite. Porque cuando vi lo que estaba en la pantalla, vi a mi familia, en lo que hicieron, en lo que pensaron y se equivocaron.

De forma escalofriante Bong logra hacer borrosa la separación entre mi vida y la suya. En Parasite, al final del filme los cuatro personajes principales me miraron de vuelta desde el espejo y el envoltorio emocional se me reventó en las manos, me fui a la conchetumare y supe que tenía que escribir esto. 

Ese es el talento de la joya de surcoreana, un hombre que se pasea entre los estilos como quien se cambia los calzoncillos, pero que, con fallos y aciertos, hace suyo propio, cada una de las elecciones de estilo que toma y plasma en pantalla.

Yo no quiero hablar de Parasite como la obra maestra que es, vayan a otro sitio si quieren leer sobre la composición impecable, la edición de relojería y trabajo de actuación que captura weas minúsculas, como manierismos o el olor de los personajes (que es muy importante pa la trama), yo les quiero hablar de lo que me hizo sentir, porque la Parasite es incómoda y no puedes dejar de mirarla.

Parasite es una enorme metáfora sobre la desigualdad social, es una película que golpea tan duro en Corea del Sur como en Chile, en especialmente con el clima político actual. 

Cada uno tiene su prisión

La familia Gi pasa por problemas económicos, Gi Taek, su señora y sus dos hijos adultos viven en un sótano roñoso, en donde a pesar del desempleo y la imposibilidad de entrar en la universidad, se las arreglan como pueden y permanecen unidos.

Entonces el hijo de Taek consigue pega a través de un amigo (falsificando sus credenciales) como profesor de inglés para una familia acaudalada, cosa que él ve como una oportunidad para su familia.

Y así, como una idea simplona que podría ser el comienzo de cualquier comedia norteamericana tontorrona, nos presenta una noción universal de pobreza deshumanizante, para así contar una historia sobre la dignidad y el privilegio como aspiraciones dolorosamente comunes entre nosotros, al punto de que alguien posea ambas sin darles importancia nos parece, y como dice cierta primera dama, derechamente alienígena. 

Al igual que los estallidos sociales, todo parte como una comedia negra ¿Se acuerdan de la película de 2018 ganadora de dos oscars Three Billboards Outside Ebbing, Missouri? Toca los mismos temas que Parasite, pero con un lente gringo más cargado a lo político, saco esta película a colación porque tiene un elemento que siempre me molestó, y esa es el humor.

TBOEM Presenta situaciones “exageradas” para el público norteamericano que incomodan especialmente al tercer mundo, porque las tenemos de vecino: La violencia doméstica y complicidad policíaca puedo verlas por mi ventana, no necesito que venga un gringo y presente estas situaciones en plan “esto es reírse de lo incómodo, porque nunca nadie tan exageradamente pobre va a pasar una injusticia tan exageradamente caricaturizada” y eso termina agotando, porque para nosotros es un drama real.

Pero lo de Parasite va más allá, y es algo que está construido paradójicamente en brocha gorda y fina al mismo tiempo. Porque es la clase de trato indignante que está aún persistente y perenne en las elites de toda la sociedad mundial. Es la esquirla que jamás los cuicos se van a sacar, porque sencillamente no sabe que la tienen, porque es algo normal para ellos. Porque no son pobres.

El problema no es la pobreza, o bueno, sí

Ser pobre es penca en todos lados. Y en general, el problema no es la riqueza (o quizás sí); es el hecho de que en cierto grado de la escala de valores universales, en donde matar gente es malo, pero crear un sistema perfecto de miseria permanente con tu poder, es aberrante, mucha gente que está en esos extremos suele olvidar que la depravación está a un paso de ser cruzada sin darse cuenta.

Por eso es que Parasite es tan la zorra. Hace que te rías con los personajes y no de ellos. Forja este grupo de gente imperfecta pero genuina que todos hemos conocido en nuestras vidas y les hace pasar por situaciones ridículas, en las que sin transar su humanidad se esfuerzan por sobrevivir.

La dignidad que busca la familia Gi le es constantemente negada. Y a pesar de que tienen las herramientas para ser más de lo que el destino les asignó, la movilidad y su condición de casta inferior los mantiene atrapados en bucle permanente de desesperación obligándolos en algún momento a cruzar aquella línea sin pensar siquiera en las implicancias morales que recaen en ello.

Es el hastío de quien viaja todos los días en hora punta y se duerme temprano, para no estar tan cansado al día siguiente. Es el olor a fierro de micro, es tener pantalones en la entrepierna descocidos en una reunión. Es la deshumanización de una promesa rota de éxito que jamás llegó, es la abulia que provoca ver a gente comiendo y divirtiéndose en el Parque Arauco mientras que en Lo Hermida balean menores.

Es la rabia que produce ver a un psicópata ABC1 retratado como una persona con problemas, pero a un pobre que salta el torniquete se le aplica la ley de seguridad del estado.

Lo que eleva a esta película como una de mis favoritas personales es el tremendo giro en la trama que se pega, no sólo es inesperado, sino que se conecta de manera brillante y brutal con los temas de marginalidad y pobreza que Parasite construye con cuidado durante toda su primera mitad. Y de un chispazo la película deja de ser una comedia negra y pasa al suspenso. No puedes predecir nada de lo que va a pasar y no quieres que nadie salga dañado, pero al igual que en el mundo real eso es imposible. 

Al final, Parasite me manosea con delicadeza las vísceras, despertando ese miedo ancestral de no poder proveer a mi familia y de, sin ser del todo racional, odiar a quién no tiene idea alguna de lo indigno de las situaciones. Aquellos que solo responden a los pesares infames de la pobreza con un «sonríe perro, todo va a estar bien, tenís que tener harta fuerza».

Le fallé a mi abuela y olvidé que las películas no son reales. En ese espejo no sólo estaba reflejada mi familia, también estaba reflejada una realidad idéntica a la de todos los países donde unos pocos tienen mucho y tienen tanto, que olvidan que lo tienen.

Se le pueden hacer tantas lecturas a la película que se puede escribir un libro al respecto, es ultra fácil verla y decir “uy  ¿Quién es el verdadero parásito?” pero va más allá, la ambigüedad con que maneja ciertos temas es agudísima, e incluso el metalenguaje que usa Joon-ho Bong, para crear un relato cíclico que solo demuestra una vez más que en un sistema ideado para que siempre haya alguien arriba, tiene que existir una masa ingente de gente que vive de aspiraciones y sueños que jamás van a cumplir.

Los parásitos son parásitos porque necesitan de un huésped para poder vivir, no es su culpa, porque dios así lo quiso, porque dios también es de los cuicos.

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