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Natalia Lafourcade – Musas Vol. 1 y 2: Sonidos de la tierra

1 octubre, 2018

Natalia Lafourcade – Musas Vol. 1 y 2: Sonidos de la tierra

Hay una visión simplista del fenómeno musical: Es algo que nos entrega entretenimiento y ahí paramos. Por eso existe 40 Principales, playlist de Spotify dedicadas a congregar a los artistas de moda, la pestaña de Tendencias en Youtube. No quiero insinuar que está mal disfrutar los sonidos de moda, lo que sí es terrible, es dejar de lado la tradición.

Margot Loyola, a quien Chile le debe gran parte de su admiración por la música folclórica dijo al presentar uno de sus trabajos: ‘’En el vientre de mi madre tomé el ritmo de la tierra’’. Al escuchar Musas (2018) de Natalia Lafourcade esa frase resuena por ambos discos, sobre todo en el segundo, ya que la artistas mexicana deslumbra con composiciones propias, trayendo la tradición folclórica latinoamericana al siglo XXI sin descuidar los aspectos históricos de ésta.

Acompañada por Miguel Peña y Juan Carlos Allende, Los Macorinos, en las guitarras, la herencia de todo un continente vuelve a la vida. El trabajo historiográfico realizado por Lafourcade es de un valor sin igual. No solo le da un nuevo aire al corrido mexicano, el bolero y las rancheras. En Musas, Violeta Parra y Simón Díaz conviven en armonía, son parte de los sonidos que cualquier latinoamericano puede reconocer sin antes haber escuchado, son parte de la memoria colectiva. Para ser un poco más poético, creo que Loyola explica mucho mejor lo que el disco de Lafourcade transmite.

Más que intentar desmenuzar cada una de las canciones que componen los dos volúmenes, me parece más indicado agregar a la historia detrás de éstas. Lafourcade además de hacer un trabajo etnográfico, está restaurando la antigua tradición del poeta latinoamericano, aquel que carecía de la idea europea bohemia, el que le canta directamente al pueblo y a lo humano sin realizar un trabajo estético. Tales son los casos en Tú Sí Sabes Quererme y Soledad y el Mar, dos de los temas escritos por la mexicana dentro del segundo volumen de Musas.

Gepe dio con una fórmula actual de combinar sonidos andinos, principalmente, con un electropop actual. Mientras que me aventuro a argumentar que J Balvin en su disco Vibras (2018) junto a Rosalía en el tema Brillo también intentan rescatar la tradición otorgándole un sonido más actual, con letras que rompen el esquema del folclore latinoamericano, pero con la esencia en el fondo. Lafourcade hace un ejercicio mucho más de raíz, va directo al ritmo con las métricas precisas, es costumbrista más que postmoderno.

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¿Hay una cierta romantización del sonido folclórico? Sí. No es para todo público, aunque volviendo a la idea de Loyola, lo llevamos dentro. Esa es la mejor lección que puedo sacar de Musas, por más que no haya escuchado la tradición musical de cada país latinoamericano, por más que no tenga un oído entrenado para detectar las sutilezas en el trabajo armónico de Los Macorinos, por más que a veces no sienta parte de mí una herencia cultural que de a poco está siendo erradicada por sonidos extranjeros, ambos discos me abrazan de una forma en que no quiero dejarlos.

En Mexicana Hermosa, Lafourcade canta con una parsimonia de madre. Canta como si estuviera dedicando una oda a toda la herencia mexicana a sus hijos. Es el tipo de canto que nace en la intimidad, el que busca cariño. Y ese ejercicio tan personal de darle nueva vida a la tradición es merecedor de todos los halagos posibles, no solo por el coraje, sino por lograr transmitir algo que está tan dentro de ella como el hablar español.


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