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El Infinito

¿Mr. Flying Lotus? Sí, un gusto

10 noviembre, 2014

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¿Mr. Flying Lotus? Sí, un gusto

Como muchos clichés en la vida, seguro alguna vez escuchaste el concepto de lo que es “música para volarse”. Sí, esa que te eriza hasta aquellos pelos que no sabías que tenías, mientras experimentas alguna clase de viaje. Esa música con la que te aparecen cuadrados flotantes, las ninfas salen desnudas de la tina de tu baño, y se abren vórtices al interior de tu casa, hasta que despiertas.

Esta frase a su vez despierta subclichés, como el hecho de que Pink Floyd es el tipo de música ideal para este tipo de ocasiones. Y la verdad eso, de más, pero muchas de las personas que te dicen eso probablemente no tienen el IQ necesario para apostar por algo arriesgado que te haga ver Atlántidas enteras en su haz de sonido.

Y precisamente, esa es la pega de Steven Ellison, alias Flying Lotus. Con ya ocho años de camino por andar, el productor de electrónica ha puesto a su nombre cinco excelentes álbumes que toman un desvío de la pauta general que otros de sus pares llevan, añadiendo elementos de jazz, hip hop, y ambient. Pero por sobre todas las cosas, lo más llamativo de Flying Lotus ha de ser esa capacidad celestial de cruzar la instrumentación orgánica y la programada (beats, clicks, glitches y de más), pintando en el proceso una experiencia auditiva estimulante que no a muchos puede ser completamente digestible, pero que sin duda merece laureles.

Nadie está haciendo esta amalgama de géneros hoy en día tan ingeniosamente como FlyLo, y es por ello que en Plan 9 le rendimos tributo con una revisión de su catálogo discográfico.

1983 (2006)

En comparación con cómo se erigen los demás álbumes de la carrera de Steven Ellison, 1983 es la oferta más tímida y humilde, lo cual es lógico: es el sonido de un productor en conocimiento de su poder, pero lo suficientemente audaz y autoconsciente como para no mostrar todas sus capacidades de inmediato.

Dicho eso, no quita tampoco la percepción de que 1983 es algo así como una bolsa mixta: donde piezas como “Bad Actors” y “Orbit Brazil” se cuelan en tu cabeza con una facilidad encandiladora, “Pet Monster Shotglass”, uno de los dos temas extensos del álbum simplemente construye una idea de crescendo que queda a medias, disminuyendo el impacto del disco.

Con tan sólo 10 temas, y de ellos apenas un solo vocal (con la participación de su frecuente colaboradora Laura Darlington), 1983 fácilmente puede quedar eclipsado frente al material que iba a sucederle, pero para aquellos que no se entienden bien con el explosivo formato de Ellison, aquí yace un punto de partida.

Los Angeles (2008)

La grata, si bien inconsistente propuesta que 1983 brindó a los audiofilos quedaría eclipsada rápidamente por un esquema más ambicioso, que a futuro se volvería una especie de pauta para Ellison: su primer álbum dentro de la enigmáticamente impecable casa discográfica Warp, Los Angeles es un showcase de la real visión que Flying Lotus empezaría a develar en los próximos años. He aquí el primero ladrillo del cimiento.

Brainfeeder” establece un ambiente de confusión y estática que marca la pauta para los siguientes 16 temas que le van a suceder. Sí, 17 temas en total, pero de aquí en adelante te acostumbras, y sabes que cada placa de FlyLo será un viaje más vertiginoso que el anterior –canción por canción, álbum por álbum.

Los Angeles en título sigue la pista de su antecesor (nombrado por el año de nacimiento de Ellison), siendo ésta la ciudad donde él nació, precisamente. En eso, juega muy bien el rol de ambientación de dicha urbe, y un tributo a su yuxtaposición de energías y culturas. Temas como “Camel” y “RobertaFlack” suenan bien precisamente en plena caminata por un centro urbano, particularmente en un día nublado.

Eso es lo satisfactorio de Los Angeles: música que te apaña en la instancia que sea, pero que invade la situación en la que se haya, sin quedar meramente relegada a mero fondo, al más puro estilo del muzak de ascensor de peor clase. Este es un álbum que demanda disposición y algo de paciencia, pero que desenvuelve sus encantos con destreza.

Cosmogramma (2010)

La entrada menos ortodoxa al mundo de Cosmogramma que se pudo haber elegido, pero probablemente la única ideal, es “Clock Catcher”, una especie de posesión maligna a una consola de videojuegos HECHA MÚSICA. Pero bueh, había que aterrizar en el mismo  plano astral de alguna forma, ¿no?

Desde aquí, Cosmogramma promete ser una pieza ejecutada con los desvíos y vuelcos más bruscos que FlyLo haya llevado a estudio hasta entonces: una placa más etérea, cercana al dance, y también más orgánica (incorporación de secciones de viento, percusión, guitarra, arpa entre otros).

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De cierto modo, este álbum constituye una especie de proyecto mutante, donde las canciones se apoyan una contra otra. El asalto aural de “Computer Face / Pure Being”, las intervenciones de Thom Yorke y Thundercat en la claustrofóbica y ansiosa “…And the World Laughs with You” y la densa “MmmHmm” respectivamente, el cruce de scat singing y un beat pulsante en “Do the Astral Plane” y el collage sinestésico de “Galaxy in Janaki” son sólo una muestra de las virtudes que este operaico trabajo ofrece, siendo posiblemente la segunda mejor propuesta que Steven Ellison ha puesto a su nombre (solía ser la primera pero continúen leyendo para cachar la volá).

Until the Quiet Comes (2012)

Mis camaradas, ahora nos adentramos en territorio más denso: el mundo de los sueños fue la temática que Flying Lotus quiso abordar en su cuarto disco, Until the Quiet Comes, y para ello conjuró una especie de soundtrack para aquellos momentos que no estén al alcance del atrapapesadillas.

Por ejemplo, “Putty Boy Strut” es un pequeño ejercicio sonoro que trae a la mente a alguna especie de personaje estilo Mickey Mouse perdiendo los estribos. Erykah Badu nos canta desde lo más hondo del mar en “See Thru To U”, mientras FlyLo en la compañía (una vez más) de Thom Yorke nos ofrece el vals abstracto de “Electric Candyman”, una especie de numero whimsical-ambiente-sintetizador estilo Kid A que adorna la segunda mitad del trabajo. Incluso un tema, “Until the Colours Come”, logra encapsular el feel general del disco: uno que tal como una flor en primavera se desenvuelve en los oídos de la audiencia, requiriendo examinación con detalle, pero últimamente provocando un grato espectáculo.

You’re Dead! (2014)

Como propugna el mismo título, la creación de You’re Dead! estuvo devotamente entregado a los conceptos que giran en torno a la muerte,  que surgen a partir de experiencias personales de Steven Ellison como perdidas de seres vivos, encuentros cercanos con la muerte, historias de otras personas, lecturas, etc. El resultado, su arreglo menos digital, más muscular y su mejor disco a la fecha.

Theme” marca el pulso con su abrupto inicio, abriendo las puertas del recorrido de vida después de la muerte, interconectada con “Tesla”. Es todo un mundo alterno que recién alcanza algo de pie al llegar al highlight “Never Catch Me”. Ehm, ¿sorpresa? Nuevo colaborador: ahora es Kendrick Lamar, uno de los raperos más celebrados en lo que vamos de década, quien pone voz a la estrambótica composición, atacando los crescendos de percusión con verso incendiario tras verso incendiario. Luego Angel Deradoorian, de la fama de los asombrosos Dirty Projectors, le otorga sus vocales a “Siren Song”, un suntuoso arreglo psicodélico de vocales y suspiros que suena exactamente como sacado de una caverna marina (no habría estado para nada fuera de contexto en Until the Quiet Comes). “Turkey Dog Coma” podría ser el arreglo más complejo que Ellison ha realizado a la fecha – él mismo lo reconoce. Thundercat regresa a las pistas luego del agitado “Moment of Hesitation” para ponerle voz a la pista más trippy que el par ha confeccionado, “Descent into Madness”.

You’re Dead! cierra con “The Protest”, a la cual Steven Ellison se refirió en Twitter como “la  declaración más importante del álbum entero. Son los espíritus reunidos, recordándonos que nunca moriremos”. Ese es el broche final para una experiencia corta pero sublime, donde un artista transmite a la música de la forma más humana posible las tensiones, los temores, las esperanzas y el desconcierto que trae a nuestras cabezas algo como la muerte. Ese es el trabajo de Flying Lotus, aquí, y en la quebrá del ají: desconcertar –pero nunca dejar de maravillar.

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