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Lala Land: Ver con los ojos del otro

17 enero, 2017

Lala Land: Ver con los ojos del otro

Hay una certeza muy grande que queda después de ver Lala Land. Y esa es, que no todo está perdido.

En un mundo dominado por blockbusters, con costos exorbitantes esperando reventar la taquilla; a veces queda ese sentimiento de desolación.

Esa idea de que el negocio del cine cada vez es más evidente, con películas pensadas como franquicias interminables, sin fin alguno, que utilizan a actores de sobrado talento para representar papeles unidimensionales. Que contratan directores con visión solo para hacer lo que ciertos productores digan que debe hacerse. Que trabaja con compositores bacanes que no pueden expresar su personalidad porque la banda sonora no debe resaltar tanto.

El asunto es no salirse del molde. No atrasarse en el calendario de producción. No querer deslumbrar; sólo cumplir con el mínimo. No dar tiempo para soñar. Sólo para consumir.

Por eso con Lala Land da la sensación de respiro. De optimismo. Por eso hipnotiza.

Chazelle vive y respira música. Curiosamente logró transformar esa obsesión en la pieza articulante de su forma de hacer cine. Lo ha demostrado con sobrado talento en varias ocasiones.

Incluso, sin ir más lejos, Lala Land es una extensión del debut indie de Chazelle; Guy and Madeline on a Park Bench, una cinta en blanco y negro que homenajea a la Nouvelle Vague y que cuenta la historia de amor entre un músico y una bailarina.

Desde su debut a lo grande en Whiplash y su paso como guionista para la anterior Grand Piano, es en esa fijación que ha logrado dar con su identidad que hoy toma forma de musical.

“En cierta manera, las películas se limitan por lo que ves en cámara. Los musicales encuentran una manera maravillosa de sortear eso, las canciones expresan sentimientos que no podrían haber sido articulados de otra manera”. 

Lala Land es maravillosa. Fresca, divertida, tradicional pero moderna, una película que nace de las entrañas y te dice: Ven, te vas a divertir.

Decir que soy fan de los músicales sería una mentira muy grande.  No porque no me gusten per se, más bien es porque no he tenido la oportunidad de ahondar en sus terrenos.

Y eso que soy capaz de disfrutarlos mucho. Me gusta mucho 8 ½ de Fellini, el trabajo de Baz Lhurman, me encanta Singing in the rain y como todos, encuentro la raja Grease. Pero siendo sincero; no soy un amante del formato,

Hollywood sí. Pero se le olvida con frecuencia.1366_2000 (3)

Aunque cada cierto tiempo salvan la papeleta con una o dos películas que pueden ir desde la ingenuidad comercial de High Schoo Musical o la búsqueda de la masividad como Moulin Rogue la verdad es que en general, el género es visto como una rareza, un modelo anticuado de entender el cine y que como dije, salvo uno o dos manotazos de ahogado, cada vez es más infrecuente.

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Lala Land cuenta la historia de Sebastián (Gosling) un joven jazzista que sueña con abrir su bar de jazz y Mia (Stone) una aspirante a actriz que trabaja como mesera en una cafetería dentro de un estudio de cine, que por azares de la vida se conocen y se enamoran.

Ellos son dos jóvenes perdidos en la ciudad de los sueños que viven una historia tan increíblemente maravillosa, que sólo puede resultar ser un engaño. Un artificio de la gran pantalla.

Porque sabemos que en Lala Land todo está calculado. Desde su maravillosa fotografía (de Linus Sandgren, habitual de O.Russell) hasta sus aires retro, entramos a la cinta bajo la consciente decisión de comprender que la vida no es como un musical, pero que es hermoso verlo bajos esos ojos.

Una cruzada que durante mucho tiempo intentó vendernos el Hollywood de la época de oro y que hoy ha sido reemplazado por la acción plástica, los efectos especiales y las franquicias que además, a veces se les ocurre ser algo similar a una película.

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Aunada en actos que duran una estación (verano, otoño, invierno, primavera) Lala Land sigue una premisa sencilla, de tornillos bien apernados y que regala a modo de viaje, la sensación de estar atrapado en un tiempo que es el nuestro, pero en el de la cabeza de alguien más.

Es entonces cuando sale a flote uno de los conceptos claves de la película. Soñar. Apostar por el sueño. Pelear por él.

En algún minuto de la historia, John Legend le pregunta a Sebastián, cómo quiere salvar el Jazz, si no es capaz de hacerlo más accesible a la gente, si no es capaz de aceptar que a veces, hay que ceder para avanzar.

Creo que esa escena, resume el espíritu de Chazelle. Celebrar el hecho de que la vida, no es como las películas, por medio de una película, que habla de las películas, rescatando un formato abandonado hablando de los sueños, en la ciudad de los sueños.

Una apuesta valiente que funciona además como agua de mayo para nuestros ojos.

Actualizar un concepto que puede antojarse fome para las nuevas generaciones y darnos una nueva relectura en forma de homenaje sincero, consciente y para nada petulante (al contrario de lo que pasa con la infumable The Artist) o que roce tanto la solemnidad que haga que gente se espante (como le pasó a Les Miserables).

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Ese es el gran poder que reside en Lala Land.

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No es su historia de amor (que es dulce y real en su significancia) tampoco es la música (que es maravillosa) no son sus poco sutiles referencias y homenajes (que al contrario de lo que muchos creen, pienso que otorgan una cohesión narrativa funcionando como la guía que necesita la historia) y tampoco su estética (que es bellísima).

Es el saber que hoy se puede seguir haciendo cine cautivador con lo mínimo. Con talento y amor y que más allá de la moda de turno, aun se puede tener una mirada diferente y triunfar.

No por nada Chazelle y Stone comentan que algunas escenas en particular reflejan lo que les sucedió cuando aún no ingresaban a Hollywood. Productores sin interés alguno, gente incapaz de ver más allá de lo obvio y poco dada a aceptar nuevos talentos o abrazar ideas más diferentes.

Ver un poco tus sueños destruidos.

Por eso Lala Land es un ejercicio necesario. Es la manifestación de que aún hay gente que quiere contar historias sin importar que no sea lo que la gente pida. Gente que nos deja entrar a su cabeza y nos permite ver un rato el mundo con sus ojos.

Después de todo, de eso se trata el cine. De soñar un rato despiertos.

Periodista. Fundador de Plan9. Weón fome.
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