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El Infinito Música

Algo grande está naciendo: A 34 años de La Voz de los 80

16 diciembre, 2018

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Algo grande está naciendo: A 34 años de La Voz de los 80

Hace 34 años y tres días se estrenó el mejor disco de la historia rock-pop de Chile según los ilustres especialistas. Inclusive, la Rolling Stone premióa a La Voz de los 80 como el tercer disco más importante de la historia musical de nuestro país, por detrás de Las Últimas Composiciones, de Violeta Parra y de Alturas de Macchu Picchu, de Los Jaivas.

Como en Plan9 lo hacemos todo después y/o atrasados. Hoy les traemos el desglose de un disco que para bien o mal, es parte de la cultura nacional.

El disco no hubiese sido posible sin Carlos Fonseca, compañero de universidad de Jorge González. Aquel joven melómano convenció a su papá, Mario Fonseca, dueño de la disquería Fusión, para que invirtiera en la banda de Jorge. Todo esto gracias a unos demo que Jorge le dio a Carlos, grabados en su casa de la manera más artesanal posible: mezclando en dos radiocasseteras.

Luego de conseguir el apoyo de la familia Fonseca, se dirigieron a grabar en un estudio en Santiago Centro. Ahí se grabó la integridad del disco. Sin embargo, para Jorge la mezcla de los temas con tintes reggae-ska quedó mal hecha. Por aquello tuvieron que ir a un estudio más pituco, el cual tenía una mezcladora con 16 pistas, en desmedro de la de ocho, donde grabaron originalmente.

Terminaron así Sexo, Latinoamérica es un pueblo al sur de los Estados Unidos, No Necesitamos Banderas y Nunca quedas mal con nadie. La Voz de los 80 estaba listo para ser lanzado al mercado, justo en el día que Jorge González cumplía 20 tiernos añitos (y uno aquí).

El disco comienza con su homónima. Una batería machacada y luego el riff de guitarra y de bajo más conocido de la banda. Un clásico. Pero lo que hizo tan popular a la canción fue el anuncio de transición entre décadas.

Para un país que ya llevaba más de 10 años en dictadura, las frases como » Deja la inercia de los setenta, abre los ojos, ponte de pie», «Tienes la fuerza, eres actor principal» y «Seremos fuerza, seremos cambio», significa una invitación directa a rebelarse contra la situación que aquejaba el país.

Jorge González dijo alguna vez que era una canción para bailar en discotheques, y que en San Miguel la música así dejaba la cagá. Igual dejó la cagá, aunque quizás por motivos un poco distintos.

Luego de aquel tema viene Brigada de Negro, un tema claramente influenciado por Rock The Casbah de The Clash. Solo imagínalo:

Sábado en la noche, rock the casbah, rock the casbah.

Para Jorge este tema era el más raro que había compuesto nunca, porque tenía una historia en su letra y el quería cantarlo como Miguel Bosé. Por eso el tono bajo durante los versos.

Ahora un poquito de reggae-ska para calmar las pasiones. La letra, una linda manera de decirle a todos los esnobs que se metan su riqueza por el culo. Porque a fin de cuentas, somos todos unos pueblerinos imbéciles para los gringos. Crudo, pero cierto.

Con frases como «Cuando vamos a sus ciudades, nos fichan y tratan como a delincuentes», «We try to talk in the jet set language, para que no nos crean incivilizados» o «Se sonríen cuando ven que tienen 20 y tantas banderitas cada cual más orgullosa de su soberanía. ¡Qué tontería! Dividir es debilitar», Jorge hizo hincapié en los clichés que se esparcen por todo Latinoamérica, además de la manera en cómo nos ve el resto del mundo.

Según él, una inspiración para esta letra fue Florcita Motuda, ya que su estilo de escritura es muy experimental y de gran calidad.

Luego de esa lección de geopolítica, Jorge vuelve a sus raíces: las canciones de amor. Específicamente de una chiquilla que los tres querían (que suertuda) pero que nunca pescó a nadie. Hermosa inalcanzable.

Según Jorge, la susodicha sabe que la canción es para ella. Una balada con beats de batería, unos teclados dignos de película de terror del año de la callampa y una guitarra chicharreando en la lejanía. Inspirada supuestamente en Maniac de Flashdance. Andan por ahí, ¿no?

La canción que parte el disco a la mitad es Sexo, una pegajosa manera de cuestionar y putear a la industria del sexo, la hiper sexualización de la sociedad y una cuota importante de machismo en las relaciones humanas: «Ella ya no es una mujer para amar, sino un enemigo al cual doblegar».

Es tremendo temazo, hasta pudimos ver a Félix Herrera bailarla en Los 80 (gran escena) y a su mamá, Anita, escandalizada porque estaba escuchando «música pornográfica«. Nada más lejos de la realidad cuando apareció esta canción.

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Jorge hizo el demo en casa de su mamá. Y disfrutó mucho el hecho que fuera un ska tarriento, fácil de tocar y de disfrutar.

Y tú, ¿tienes una cara de cliente fácil?

Esta es una gran canción, por muchas cosas: la canta Miguel Tapia, y de hecho, es la única canción que no fue compuesta íntegramente por Jorge González. Así también desafía las leyes de la gramática y el vocabulario español al decir «dime si fue alguna gente», todo para que rimara con «presidente».

Y por último, mencionan a Rodrigo Beltrán, amigo de la banda que se mandaba puras cagás. O eso dice en el libro de Narea. Por eso la reacción del grupo: «NO, NO».

Un momento para el romanticismo, pero osbio. Jorge en esta balada deja correr la inspiración y la pena. Un pobre tipo que se da cuenta que todo lo que hace es inútil al momento de amar. «Amor, amor, ¿dónde oí esa palabra antes?».

Directo al cora, era mucho más rockera de lo que apareció en el disco. Incluso a Jorge le daba lata tocarla en vivo así y prefería el acústico. Inspirada en Jessie’s Girl, una canción de Rick Springfield.

Hoy por hoy es un himno del desamor, pero también de la esperanza. Sí, porque siempre puede haber un invierno más frío que el anterior.

Otro tema cargado de reggae y política. Jorge pide a gritos seguir con la labor bolivariana, y en concierto que la tocó se mandó discursos que dejaban secos a los más conservadores del país. Incluso los invitó a «lamerles el ano» si no les gustaba esa pará, un crá.

Cuestiona la autoridad, las banderas (obvio), las fronteras y las formas de orden. De todos los temas hasta ahora, es el más explícito respecto a política. Sin embargo, a Jorge no le atrajo mucho su creación hasta que Bambú la reversionó en 1996.

Ahí en una forma más punk, fue del agrado de JG. Antes para él, era una weá «entre Calera y La Ligua» (sí, el dicho es otro pero es Jorge González, que le voy a decir).

Repetición del desamor en el disco, esta vez hablando por todos los que no somos unos Adonis. Dedicada a las mujeres que aman a los musculosos, viriles y masculinos modelos de televisión.

Las ganas de hacer la canción le nació a Jorge del pegajoso jingle del Festival de Viña del Mar: «Viña es un festival, música junto al mar». La guitarra es bien rockera igual que la batería, con un solo entremedio y varias frases para el bronce.

Búscate un macho recio que te haga sufrir, buscate un tipo a la moda y experto en mentir.

Úuuuuuultima canción. Y mi favorita del disco. La puedes dedicar a todo el mundo, de hecho, se la dedico al yo de hace unos años. Además de ser la primera canción donde escuché un garabato a la tierna edad de 13 años, tiene una letra ingeniosa a cagar, encarando de frente a todos los juglares modernos.

Te crees revolucionario y acusativo pero nunca quedas mal con nadie.

Jorge siempre la imaginó como un éxito, como el single del disco y el último tema para invitar a escucharlo de nuevo. Se la dedica a U2, Sting, Rolling Stones y Pink Floyd. «A esos rockeros que en los videos se hacen los malos y en realidad son unas máquinas de hacer billetes».

Claudio Narea pifió un montón en su grabación pero la realización fue un agrado para toda la banda. Un ska con letra disparando mierda. Prendido el ventilador, hechos los enemigos. Un gran canción para cerrar el disco.

Referencias: Comentarios Jorge González en página oficial de Los Prisioneros. Fuente: LaRata.cl

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