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Kokou no Hito: La cumbre

8 octubre, 2018

Kokou no Hito: La cumbre

Es imposible que no existan mangas mejores que Berserk, Vagabond, 20th Century Boys y Monster. ¿Cierto? Probablemente, si fueran novelas, estarían a la par de Don Quijote de la Mancha, Ana Karenina y La Odisea, son historias que se asemejan a los grandes clásicos de la literatura mundial, solo que usan dibujos. Kokou no Hito, en cambio, se basa en puro lenguaje visual, está más cerca de Velásquez y Bacon que ningún otro.

Montañas y cuerdas son solo las metáforas que utiliza Shinichi Sakamoto, uno de los mangakas más interesantes en la actualidad para contar la historia de Mori Buntarou, un adolescente alejado del mundo que solo está interesado en practicar montañismo. Kokou no Hito se convierte en una comunión con el personaje principal, Sakamoto intenta que el lector sienta la falta de oxígeno en cada paso, la presión de la altura unido a la apabullante soledad de las cimas.

Sakamoto peca un poco de acelera la narración de Kokou no Hito en sus primeros 32 capítulos, los que conforman el primer gran arco del manga. Hace que Buntarou tenga habilidades extraordinarias sin saberlo, no obstante, el progreso que demuestra para escalar los picos más altos y complejos del mundo está dado por un arduo entrenamiento. Sakamoto muetras el sufrimiento de sus personajes, la hostilidad de una vida con falta de recursos económicos, la gran lucha por alcanzar una cima. Para Sakamoto, vivir es escalar. Alcanzar una cima sin importa lo que cueste. Buntarou es un reflejo de aquella idea.

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Miura en Berserk se caracteriza por intrincados diseños, cuadros que podrían ser apreciados por los más importantes expertos de arte del mundo. Por la soledad de Guts, la desesperación sumida en rabia. Mientras que Sakamoto, es menos descriptivo con sus diálogos, deja que los cuerpos se transformen. A ratos, toma una referencias de Akira, Lynch y Cronenberg.

Kokou no Hito usa mucho lenguaje visual, los cuerpos se transforman, medusas nadan en el cielo que rodea a las montañas, Bontarou se convierte en un monstruo con cola y escamas. Es poco el diálogo, sin embargo, la interacción de todos los personajes es inmensa sin necesitar usar palabras demás.

Mori Bontarou crece con cada cima. Se da cuenta que las montañas que tanto amaba no son más que parte del mundo, no de él. Su mundo, está con el resto de la gente. Es difícil hacer la separación entre una meta y una cima, no obstante, Sakamoto la realiza de forma excelente, dejando que el lector saque sus propias conclusiones.

Aunque no posee mucho simbolismo de por sí, Kokou no Hito está lleno de éste en cada uno de sus paneles. Sakamoto no dejó al azar el uso de los cuadros, ni de las flores, el ramen de vaso, ni siquiera las sombras. El trabajo del japonés es de una dedicación, planificación y temperamento que solo se podría ver en alguien más que haya escalado.

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Los escritores más grandes de la historia, necesitaron solamente de un diccionario de sus propia lengua para crear historias inmensas. Sakamoto, necesita de su imaginación y pluma para dar con un producto que es el símil visual de aquellas maravillas literarias. Si Hemingway, Joyce y Woolf estuviesen vivos, serían fanáticos del trabajo de Sakamoto. Leerían Kokou no Hito y harían lo mismo que yo en este instante: Intentar atraer más gente a la cumbre.


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