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Kingdom Hearts: El inicio de la fantasía

29 enero, 2019

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Kingdom Hearts: El inicio de la fantasía

Kingdom Hearts -o, para efectos de esta reseña, KH Final Mix- es el inicio de una saga mágica. La introducción a una serie de videojuegos que han logrado mantenerse por más de 10 años no solo en el mercado, sino también en los corazones de adultos y jóvenes que, incluyéndome, han presenciado -lineal o de forma caótica- los avances de una épica historia. Y Kingdom Hearts, como buen primera parte, es una joyita que debemos agradecer su existencia.

Pues, imagínate tomar a los personajes y las películas más icónicas de Disney, sumarlos a los personajes emblemáticos de Final Fantasy, hacer un juego con ambos, y crear una serie de personajes nuevos que parecen sacados de un shōnen, armas con forma de llave, inventar una historia -más o menos- coherente. Todo en una mezcla de RPG y hack and slash que funciona.

Eso es básicamente la saga de Kingdom Hearts. Es como el hijo perdido entre Naruto, Star Wars y Harry Potter. Tienes a los personajes principales -el central siendo un protagonista pelo-puntiagudo con corazón de oro *ejem*-, una historia del bien contra el mal a través de distintos mundos y un progreso que te muestra el crecimiento de los protagonistas a través de la adolescencia.

Arte conceptual de los inicios de la saga

Y eso es lo bacán del hijo bastardo de Square Enix y Disney, porque estás cumpliendo el sueño que todos tuvimos de pendejos: luchar con Hércules en el Olimpo, ayudar a Aladdin en la cueva de las Maravillas, apañar a Alicia para que la Reina de los Corazones no le corte la cabeza y salvar a todos los mundos de una poderosa oscuridad que amenaza con destruirlos.

Agarrate cabrito, porque eso no es lo único. Todo lo dicho se suma a la historia principal, donde sigues a Sora, el elegido de la llave espada que se ve envuelto en toda la aventura en medio de su propio viaje: Encontrar a sus amigos para poder cumplir el sueño que se prometieron cumplir. O sea, además de una épica, es una teleserie cebolla de traiciones, sentimientos y plot-twists (muchos plot-twists).

Y si esto no te sorprende, espera a ver como chucha toda esta saga se reinventa en 10 juegos que se destacan por sus nuevas historias y mecánicas.

Pero acá te venimos a hablar de Kingdom Hearts, el título que nos presentó el camino del elegido de la llave espada y la búsqueda de los siete corazones puros.

El inicio de la fantasía

Kingdom Hearts vio la luz en 2002 y, hasta el día de hoy, es un título que brilla por su originalidad.

La esencia de Kingdom Hearts se formó gracias a su valiente decisión de situarse en un crossover entre Final Fantasy y Disney, como también en seleccionar un potente sistema de juego. El mezclar el tipo RPG que ha caracterizado por años a la serie FF, con el veloz hack and slash, permitió una experiencia de juego realmente fluida, que terminó convirtiéndose en la marca de agua de la franquicia.

Además, -y esto es un plus- la serie ha instaurado finales secretos en sus distintas entregas, y, principalmente, en su trilogía principal. Estos conectan la historia con sus próximos títulos.

Y a mi que me encantan los RPG, la idea de poder controlar a Sora, un cabro con una actitud desafiante y sincera, junto a la computadora que se hacía de Donald, Goofy, o cualquier otro héroe que añadieras a tu equipo, era -y es- maravillosa.

En lo convencional, el videojuego trabaja en base al sistema de puntos de experiencias, habilidades desbloqueables y equipamiento que puedes conseguir a través de compra, botines y fabricación. Sin embargo, lo especial, es la cualidad de que Sora será tu único personaje jugable y, desde el principio, te lo hacen saber obligándote a seleccionar una especialidad -fuerza, defensa, magia-, y a botar otra obviamente, quedando con dos atributos base que acompañarán al protagonista hasta el final de su travesía.

Y ahí es donde te encariñas con el chico pelo-puntiagudo con corazón de oro, viendo el mundo a través de sus ojos. Lucharás contra los Sincorazón, criaturas que nacen de lo más profundo del corazón de la gente que ha caído en la oscuridad, verás como los personajes más viles del mundo de Disney desean abrir la puerta al Kingdom Hearts utilizando los corazones de las siete princesas de corazones puros, donde, entre ellas, se encuentra la chica que Sora debe proteger, Kairi, a quien obviamente ama.

Kairi, quien en un principio se encuentra en las Islas del Destino junto a sus dos mejores amigos: Sora y Riku, desaparece cuando una misteriosa fuerza golpea la Isla. Ante esto, Sora comienza su búsqueda que se desarrollará con un sabor amargo.

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Sumado a esto, Sora, de no más de 13 años, debe luchar contra su mejor amigo, Riku, que ha caído en la oscuridad, el cual desea ver el mundo arder con tal de cumplir con sus objetivo.

La trama es toda una experiencia. Es una mirada continua a la constante lucha entre el bien y el mal, pero en la ingenuidad de una prematura adolescencia y, por sobre todo, en la sencillez del mundo de Disney.

Mundos por recorrer

Creo que es necesario hacer un apartado de este tipo en cualquier reseña de los videojuegos de Kingdom Hearts. Esta serie no podría ser lo que es sin la introducción de los mundos de Disney.

En esta entrega encontramos una selección de mundos que corresponde a las más icónicas películas de Disney, sin detrimento de otras obras que aparecen en los títulos posteriores, las cuales producen una cierta nostalgia que debe h aber acercado a pequeños y grandes en su lanzamiento original.

En Kingdom Hearts podemos recorrer El País de las Maravillas, adentrarnos a la Selva Profunda de Tarzán, batallar contra bandidos Sincorazón en Agrabah junto a Aladín o entrar a la boca del Monstruo para salvar a Pinocho y Gepetto. Aventurarse por esos mundos que, cuando chico, recorrí en los VHS de mi tía abuela en la playa. Es esa la sensación de lo ingenuo lo que te produce Kingdom Hearts con Disney, el aferrarse a esas sensaciones tan naturales que te entregan sus historias.

Y éstas se reproducen al jugar con Sora en la Atlántica junto a la Sirenita, o en el País de Nunca Jamás junto a Peter Pan. Inclusive al batallar junto a un carismático Jack de El extraño mundo de Jack, o al jugar distintos mini juegos en el Bosque de los Cien Acres de Winnie the Pooh.

En pocas palabras, es ver como estas narrativas casi infantiles toman cierta madurez para esta historia, sin perder su esencia: lo sencillo.

El héroe que quisimos ser

Como todo primer título, Kingdom Hearts sobresale por eso, por ser el inicio de la magia. Por ser una entrega fresca y vanguardista dentro del catálogo de juegos de la consola que le dio vida. Y por lo mismo sigue sobreviviendo en forma de masterización gráfica o en uno que otro emulador de PS2.

Pero también destaca por el prototipo de héroe que logró plasmar. Pues, como si fuese una tragedia griega, sabemos que Sora tiene la valentía suficiente para vencer los obstáculos que aparecerán en su aventura, ya que su fuerza es interina, viene de lo profundo de su corazón. Y para quien sus seres queridos siempre valen más para él que su propia vida, el precio siempre es alto.

Y es la imagen del héroe convencional de los videojuegos la que se ve fracturada, acá el protagonista es un chico con corazón de oro que asegura que su mejor arma es la amistad. Es un personaje ingenuo, carismático, enérgico, pero a momentos endeble ante la profunda oscuridad. Sin embargo, es la débil pero poderosa amistad la que guiará con un ápice de luz al héroe por su camino. Es la fuente de energía que fortalecerá y levantará a Sora en cada una de sus batallas.

Y es ese el héroe que, en el fondo, quisimos ser, un personaje con debilidades que lucharía ante todo para salvar a quienes ama.

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Estudiante de Periodismo ☺. Amante del anime, comida, películas y más weas ♥. Juego PS4 como un zángano culiao a veces.