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El jardín de las palabras (Kotonoha no Niwa, 2013), de Makoto Shinkai: Más alla de Kimi no Na wa

24 noviembre, 2016

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El jardín de las palabras (Kotonoha no Niwa, 2013), de Makoto Shinkai: Más alla de Kimi no Na wa

Makoto Shinkai, es también conocido como el hombre detrás de Cinco centímetros por segundo (Byōsoku Go Senchimētoru, 2007), antes de comenzar a ser considerado el “El nuevo Miyazaki”.

Shinkai fue el director y editor de este film, producido por CoMix Wave Films. Ganadora del premio a mejor película en el Kobe Theatrical Film Award, y compartió el premio Satoshi Kon Award for Achievement in Animation junto al tercer arco de Berserk: Golden Age en el Fantasia International Film Festival 2013, además de llevarse el premio de la audiencia en el mismo festival.

Todo esto, y más con tan sólo 46 minutos de duración. ¡Vamos con el tráiler subtitulado!

Aunque la última película de Makoto Shinkai ha dado mucho que hablar este año –me refiero a Kimi no Na wa (2016)- me gustaría hacer una parada en el Jardín de las palabras por muchas razones. Una de ellas es su autor y lo que producen sus obras.

Muchas veces en el sitio, hemos entregado nuestra opinión abiertamente con respecto a las cintas de Marvel o DC, o las películas con temáticas de superhéroes.

La consigna básica es que se han convertido “en más de lo mismo”. El viaje del héroe o monomito de Joseph Campbell contando una y otra vez, trasladando su historia cómodamente a una nueva versión donde de manera increíble sus personajes otra vez no se profundizan, no tienen desarrollo y además del villano, su historia no contempla ningún fin narrativo más allá de mirarse el ombligo, ¿son entretenidas? si ¿son buenas? no.

Tanto en su montaje, musicalización como en su técnica visual, son un producto muy poco arriesgado, pero muy entretenido.

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¿Por qué las menciono? porque Makoto Shinkai básicamente, en Cinco centímetros por segundo, Kimi no Na wa y El jardín de las palabras hace lo mismo.

Cada una de estas películas es una re-versión del tópico de “amor imposible” pero bajo su propia receta.

¿Qué? ¿Qué dijo? ¿Cómo, cuando?

Sí, estás tres películas cuentan la historia de un chico y una chica, que pasan por un lugar o momento donde algo “asombroso/peculiar” ocurre, deben lidiar con ello, en primera instancia no concuerdan o existen circunstancias externas que los alejan, pero luego se compatibilizan, se enamoran o entrelazan una relación muy potente en este proceso de experiencias, pero hay un suceso que finalmente lo impide.

Las 3 historias, básicamente relatan exactamente lo mismo. Pero, como espectadores nos logramos emocionar (a diferencia de las cintas de superhéroes).

Makoto Shinkai logra conectar con la audiencia a pesar de re-versionar una y otra vez la misma historia, incluso en ocasiones nos hace llorar.

“Es que las otras películas son para entretener y este es drama, es más fácil”. Si estás pensando eso, chupala meando querido lector.

El tipo logra que se te mueva cada fibra de tu cuerpo y eso no se debe al género de la película, es porque maneja códigos, sabe utilizarlos, respeta al espectador y también toma riesgos. Y esto hace que sus películas tengan una “frescura”, como si se tratará de un producto nuevo.

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Y en base a esa misma premisa, no quiero clasificar al director nipon de “mente maestra” o lo trato de subir a un podio cercano al de los dioses del Olimpo. El tópico del “amor imposible” ha sido utilizado anteriormente, pregúntale a tu mamá por Los Puentes de Madison (1995).

El tipo no ha creado nada nuevo.

El jardín de las palabras se trata de dos personas hablando en un asiento bajo la lluvia ¿Aburrido, no? Más bien arriesgado.

Pero también se han realizado películas que han resultado un rotundo éxito bajo el manto de ese tipo de trama en el que aparecen tan solo dos personajes, Antes del Atardecer (2014) de Richard Linklater (pregúntale a tus tíos alcoholicos o a tus padres separados por ella), es una buena prueba de ello, fue tanto su éxito que el director saco una trilogía donde al igual que Makoto Shinkai, se repetía una y otra vez la misma historia.

Ahí es donde recae el gran logro del nipon. No aburre, entretiene y cuenta buenas historias que podemos recordar y recomendar.

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¿Por qué? El cabro nos entrega algo que las películas de blockbusters genéricas no, un punto de vista.

Te gusten o no, las películas de Tarantino, no hay nadie más Tarantino que él. Te gusten o no, las películas de Miyazaki, sólo Miyazaki puede escribir historias como él. ¿Se entiende? Es lo mismo con Makoto Shinkai y sus películas, tanto en su narrativa como en el montaje, el aspecto visual o musical, llevan su sello y pueden ser historias rosas que desborden drama a destajos pero son SUS historias rosas.

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Pucha, igual yo les venía a hablar de la película El jardín de las palabras noma'<3

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 Lo Visual/Sonoro:

Lo más destacado de esta película es el cuidado a la hora de tratar su imagen, volviendo a los colores dentro de ella más una experiencia que una herramienta.

La felicidad, por ejemplo, se plasma a través del uso de los colores primarios, haciéndolos lucir muy intensos; el verde, rojos y azules suelen estar marcados en los pasajes emocionalmente positivos que tiene la historia, haciéndolos protagonistas también de ella.

Con los sentimientos de tristeza también ocurre, la pena se expresa ante grises, azules apagados e incluso los negros que aportan una sensación de angustia en sus personajes.

De alguna forma, Shinkai quiere que entendamos que el color tiene un lenguaje también y que la historia se comunica usándolo. Si estos se suman a los diálogos, nutren la narrativa y al espectador le enseña o acostumbra a que todo no se debe expresar a través de las palabras, y que también hay muchas cosas que se pueden comunicar en las imágenes que vemos en pantalla.

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Ay pero que lendo.

El equipo sonoro más allá de hacer bien su pega, tiene un especial cuidado en los detalles, durante toda la película somos invadidos por un sonido ambiente que nos habla y nos ayuda a entender el lugar dónde estamos y que va a suceder entre los personajes.

Sonidos como la lluvia cayendo, o el de la misma agua cuando esto no ocurre, también en de las hojas que acarician el agua del estanque. Van mucho más allá que simples efectos sonoros y nos tratan de otorgar diferentes tipos de estados.

En su música, a cargo de Yo Yamada (Evangelion 3.0), es donde recae el recurso más simplista de la película. No por eso malo. Pero debo mencionar que la música solo cobra volumen cuando debe acompañar los momentos más emotivos de la trama, especialmente en el último acto de la historia. Funciona completamente. Pero es un uso que suelen tener todas las películas de aquí hasta Japón.

Su historia & personajes:

Dos personajes. Takao Akizuki y Yukari Yukino. Son el cuerpo y esqueleto de esta historia. 

La historia se divide entre ambos protagonistas y logra mantener el interés por los dos. De cuando en cuando el peso de la historia se ve inclinado por algunos secundarios, pero siempre sujetos a dar pasos en la trama y el tiempo suficiente como para no distraernos demasiado, la película completa gira en torno a Takao y Yukari. Y es asombroso que logre mantenerse de ese modo durante todo el metraje y ser interesante.

Es una historia completamente verosímil. Hasta su final tiene una posición bastante realista desechando un final idealizado o perfecto, la vida es dura, también injusta. Pero su gran logro, es que Makoto Shinkai no nos empapa la situación con una tristeza desbordante, la toma desde la perspectiva de que es sólo algo que puede ocurrir o que en ocasiones (lamentablemente o no) pasa y debemos continuar. Deal with it.

Véanla. Dije todo lo que tenía que decir, y no me arrepiento de nada.

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