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I, Tonya: Traje desastre

23 enero, 2018

I, Tonya: Traje desastre

Era el año 1994 y la patinadora  Nancy Kerrigan, esperanza de la delegación de patinaje artístico sobre hielo para los juegos olímpicos de invierno de USA,  lloraba en medio del Cobo Arena en Detroit  por su pierna lesionada luego de ser golpeada por un desconocido con un bastón metálico.

Los culpables eran Derrick Smith y su sobrino Shane Stant . Un par de idiotas que, se descubriría más tarde, habían sido contratados por Shawn Eckardt Jeff Gillooly.  Todo, para lograr que la infame patinadora y competencia de Kerrigan, Tonya Harding (esposa de Gillooly) fuera la elegida para representar a USA en los juegos olímpicos.

Esa es la historia base de I, Tonya. Una biopic-drama-comedia (?) negra, muy negra, que aborda la vida de Harding, la deportista que pasó de ser una de las promesas jóvenes del patinaje artístico, a una vergüenza nacional en Norteamérica durante la primera mitad de la década de los noventa.

Protagonizada por Margott Robbie, que acá además es productora, la cinta dirigida por Craig Gillespie cuenta la vida de la deportista y las razones que llevaría a cometer el crimen por el que terminaría pagando toda su vida (Harding quedó inhabilitada de por vida para patinar).

Divertida, de ritmo rápido y con variados momentos dados a romper la cuarta pared; I, Tonya, parece decidida a ser un vehículo para el lucimiento de Robbie. Una cinta que jamás abandona su pretensión de drama, y matiza la personalidad confrontacional de la patinadora; con una exploración de su pasado que busca que generemos empatía contra alguien que fue considerada en su minuto, representante para los medios, de lo peor de la white trash estadounidense, todo envuelto junto a grandes dosis de comedia negra

I, Tonya, transita entonces en este discurso que buscar generar contrastes entre una mujer que fue la primera patinadora en lograr el triple axel (uno de los movimientos más complejos de su disciplina) proviniendo de la working class, siendo una chica poco femenina, violentada y violenta, y su relación con su madre, su pareja,  sus ambiciones y defectos que muestran a alguien que solo quería ser reconocida.

I, Tonya
Margo Robbie and Lisa Kaye Kinsler

Un papel ideal para Margott Robbie, mujer que ha decidido dar el paso adelante para consolidar una carrera como actriz y no más como sex symbol, ni mucho menos como interés amoroso. Apuntalando una performance histriónica en la que la dirección de Gillespie favorece mucho a la actriz.

El hombre tras Lars y la chica real, levanta una cinta que recoge una estética sucia, noventera (muy de moda por estos días) con constante referencias al estilo de Handycam VHS y la porciona con momentos alternados de drama y comedia en un registro que no es muy difícil para Robbie, pero que realmente se siente demasiado calculado para que no se le noten las costuras de su falta de desarrollo dramático.

Ojo, que no estoy diciendo que Robbie no tenga ni carisma, ni pueda ser (o sea) una buena actriz, el problema está en que cuando aparecen en pantalla secundarios como Allison Janney (quién interpreta a la madre de Tonya) o Bobby Cannavale (un secundario casi terciario) se comen la película.  Lamentablemente frente eso, Robbie ve su propio rol protagónico muy aminorizado.

Con quién si puede estar a la par, es justamente con su pareja en la ficción, Sebastian Stan. El norteamericano interpreta a Gillooly, y la relación que genera con la Harding de Robbie se ve muy bien trabajada en escena, logrando despuntar en todos sus momentos, pero ciertos aspectos de guion me hacen sentir personalmente, que su relación de amor y odio se banalice a tal punto que en verdad pasa a ser casi más un gag constante que una arista definitoria en la vida de la deportista

Con todo, I, Tonya es un primer gran paso para la actriz que astuta como ha demostrado ser, genera ella misma sus propias oportunidades en el cine. Hay que mencionar que el guion de la cinta (por Steve Rogers, hombre que ha trabajado en cosas PS: I love you) fue adquirido por ella tras aparecer en la Blacklist de 2016.

Así la australiana ha logrado cimentar con tan solo 27 años una carrera que  ya logró una nominación a los Óscar (y uno acá, comiendo Maruchan) eligiendo con pinzas, roles que le permitan validarse frente a la industria como algo más que la rubia de moda que tanto jode carreras interesantes.

Y en ese sentido, la vida de un personaje tan polémico como la patinadora, sin duda es una carta potente de cara a esta ceremonia de premios que además, tiene interés de jugar a favor de ciertas causas (sabemos que las premiaciones son en un gran porcentaje, mucho lobby).

I, Tonya es el retrato de una mujer quebrada y que quiebra, representante de un sector de la población norteamericana a la que se le privó (y priva) de sus sueños solo por venir de donde viene, pero que con su personalidad tempestuosa logró hacerse, para bien o para mal, un espacio en la historia.

Una película fríamente calculada, hecha para una actriz que al igual que su rol, es ambiciosa, y parece hecha como un traje de sastre, cosido sobre la historia de una mujer que literalmente, trajo desastre.

Periodista. Fundador de Plan9. Weón fome.
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