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I lost my body: La mejor película animada del 2019 es más triste que la chucha (y eso está bien)4 min read

7 febrero, 2020 3 min read

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I lost my body: La mejor película animada del 2019 es más triste que la chucha (y eso está bien)4 min read

Cuánto me demoro? 3 minutes

Tengo que reconocer que cuando se dio a conocer la lista de nominados al Oscar a Mejor Película Animada sentí un pequeño placer culpable al notar la ausencia de Frozen 2. No porque la odie (ni siquiera he visto la primera), sino porque igual da gusto ver que de vez en cuando compañías siniestras como Disney tropiezan en su camino al control absoluto de la industria cinematográfica. Es un tropiezo insignificante que no retrasará su futuro dominio total, pero es como un blooper. Da gusto verlo.

Pero más placentero, también por inesperado, fue ver que I lost my body había logrado meterse en esta lista. Inesperado porque usualmente la categoría de Mejor Película Animada está destinada para productos dirigidos a público infantil, y placentero porque puta que es bacán cuando una obra obtiene el reconocimiento que merece en su tiempo y no tiene que esperar a que su autor esté muerto para que la cataloguen como una obra de culto.

Dicho esto, I lost my body sigue siendo una película más o menos desconocida. A pesar de ser de Netflix y que su trailer saltara cada vez que iniciaba sesión durante semana y media, no se encuentra mucha discusión en internet al respecto. Quizás sea porque es una cinta francesa y ver una animación para adultos ya requiere de una disposición o estado de ánimo determinado como para que más encima esté en un idioma del que no entiendes ni una hueá y que se encuentra demasiado estereotipado. O quizás sea porque verla te sienta como un combo en el hocico.

La trama es extraña, pero sencilla: una mano amputada despierta en un hospital y emprende un viaje por París para encontrar a su cuerpo perdido, un adolescente llamado Naoufel. En el camino iremos conociendo el pasado del protagonista mediante flashbacks, en los que seremos testigos de la vida de mierda que le tocó vivir, sus traumas de infancia y los complejos que le impiden salir adelante.

La palabra que cae de cajón para describir esta película es deprimente, pero quizás es más apropiado el concepto de melancolía, un sentimiento parecido pero que denota un hastío existencial más que circunstancial. O sea, para decirlo simple, que I lost my body no te deja triste porque al protagonista le pasen cosas malas, sino porque todos los elementos de la cinta se conjugan para gritarte que el universo es un lugar injusto y que la única manera de alcanzar algo parecido a la felicidad es abrazando el caos y la aleatoriedad.

Y cuando digo todos los elementos, me refiero a TODOS: desde sus personajes que transitan en un espectro que va de lo deprimido a lo indiferente ante el mundo, hasta su banda sonora que te hace recordar esas lejanas noches de adolescencia en la que te pasabas reblogeando hueás tristes en tumblr hasta que se hacía de día. Para qué hablar de esos flashbacks en blanco y negro sobre la infancia del protagonista, que te provocan una nostalgia que por momentos te hace dudar si no estás viendo un remake de El árbol de la vida.

Un elemento que generalmente a todos les vale madres pero que acá se nota caleta es la edición de sonido, que elimina o disminuye el ruido ambiente en escenas en las que los personajes están en la calle o en el metro para hacernos sentir que, incluso en momentos en que estamos rodeados de gente, seguimos estando más solos que la chucha.

Pero también hay cosas bonitas en la película. Una de ellas es su animación y su fotografía, tan cuidadas como minimalistas. Mientras que cintas como Toy Story y Spiderverse se vanaglorian de su complejidad técnica, I lost my body nos demuestra que a veces menos es más. Esto, para ser justos, porque la historia no gira en torno a peleas de superhéroes que viajan de un universo a otro, sino en torno a la soledad y la sensación de insignificancia.

Para que quede claro: I lost my body no es un melodrama en el que pasan puras desgracias, sino el reflejo de una generación que siente que no tiene poder real de decisión frente a las circunstancias de la vida. Y por eso pega más fuerte que cualquier Precious o War Horse, porque las problemáticas que trata no se pueden resolver a combos ni con una conversación racional, solo con el tiempo.

Visualmente es como ver un cómic en movimiento. Musicalmente es como si Max Richter y Hans Zimmer produjeran uno de esos streamings de música lofi que aparecen de repente en Youtube. Anímicamente es como sentarse en el tejado de un edificio abandonado mirando una ciudad dormida. Se siente como si te pegaran en la cara, pero después te hicieran cariño en el pelo. En resumen, una película totalmente francesa.

Comenta o muere

Remedo de periodista. Fanático del terror en todas sus formas y lector furioso. Tendiente al pánico por la acumulación de libros apilados en el velador y películas sin ver en el disco duro.