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Guille Söhrens, director de La Isla de los Pingüinos: «La gente está enojada porque tiene miedo a enfermarse, a envejecer y a endeudarse»7 min read

13 noviembre, 2019 5 min read

Guille Söhrens, director de La Isla de los Pingüinos: «La gente está enojada porque tiene miedo a enfermarse, a envejecer y a endeudarse»7 min read

Cuánto me demoro? 5 minutes

Guille Söhrens es director de cine. Es el responsable de La Isla de los Pingüinos, el largometraje nacional del 2017 protagonizado por Lucas Espinoza que retrata mediante la ficción, el movimiento secundario del 2006 en clave coming of age.

Nos contactamos con él, porque no es casualidad que la generación del 2006 sea la misma que hoy como padres, marcha en las principales arterias de Chile. La articulación de un movimiento social acéfalo, pero con raíces y semillas bien plantadas hace más de una década es la viva imagen del “ya no más”.

Y ese polvorín de rabia, frustración y descreimiento de la institucionalidad, como tantas otras veces en nuestra historia ha sido encendido por los escolares. Los pendejos a los que siempre les decimos que no saben nada, pero que saben muchas veces más que nosotros.

Así que sobre eso hablamos con Guille. Sobre la cagada que está en Chile. Sobre la traición de la izquierda y la verdadera transición, sobre el legítimo derecho a la desobediencia civil, y sobre porqué chucha nos vamos a intoxicar una y otra vez a las marchas con los gases de la policía.

¿Qué sientes al ver que el estallido social parte con los secundarios? Siguen siendo uno de los actores sociales más relevantes de la actualidad?

Me emociona mucho, porque al igual que el 2006, fueron los estudiantes secundarios quienes prendieron la mecha que generó este gran estallido social.

Y pienso que por lo mismo, muchas personas mayores han despertado su adolescente interior, ese adolescente pingüino que guardamos con nostalgia durante varios años, y que ahora todos comenzamos a revivir. Constantemente son los estudiantes quienes están pegándonos una bofetada en la cara para despertarnos a los adultos y marcando el horizonte hacia el cual deben ir los cambios sociales en Chile.

Es evidente que todo este movimiento social nace de décadas acumuladas de movimientos frustrados, de rabia guardada ¿Qué tan culpable es la centro izquierda de todo esto? ¿Los dejaron gobernar? Se vendieron por un par de lucas? ¿Cómo lees esa época de la “transición”?

La supuesta transición a la democracia siempre fue bastante engañosa. Los civiles que perpetuaron la dictadura permanecieron en cargos de poder -algunos hasta el día de hoy-, Pinochet se mantuvo como general en jefe del ejército, y nadie fue juzgado por sus crímenes hasta varios años después.

Incluso cuando Pinochet fue detenido en Londres, fue la Concertación, actual Nueva Mayoría, el principal gestor de su liberación y posterior impunidad.

Siempre fui de la idea que la transición partió el 2006, con la revolución pingüina el primer movimiento social posterior a la dictadura, sin embargo, y gracias a estos años de rabia acumulada que se vio reflejada en distintos movimientos sociales, pienso que recién hoy, en este preciso momento, estamos viviendo la verdadera transición.

¿Hay un abandono por parte de cierto sector que se aburguesó? Hablo de nuestra generación casi treintona que hoy olvidan que ellos también pelearon por la inequidad, pero que hoy condena a los cabros…

Totalmente, porque primero que todo, no podemos olvidar que durante años, prácticamente todas las semanas, han existido movilizaciones pacíficas en las calles que los gobiernos no han querido escuchar, el paro de profesores a principios de este año es el mejor ejemplo de un movimiento pacífico a gran escala que no fue escuchado ni por el gobierno ni por los medios.

Si el movimiento social ha logrado lo que ha logrado hoy, fue justamente porque no tuvo una génesis pacífica. Si bien, hoy existe una transversalidad muy grande respecto al apoyo popular que tienen las demandas sociales y principalmente las manifestaciones pacíficas, pienso que es muy dañino que se intente invisibilizar y condenar la rabia que existe entre la gente y tan rotundamente los actos de legitima desobediencia civil que ejercen algunos grupos más violentos.

La gente está enojada porque tiene miedo a enfermarse, a envejecer y a endeudarse. Hay personas tan marginadas que ni siquiera se sienten parte de Chile, que todo lo que ven en la televisión es lo que “le pasa a los otros”. Obvio que la gente tiene rabia y les van a dar ganas de quemar todo.

No podemos hacer que nada pasa con esto, ya que eso es quitarle importancia y urgencia a todos estos problemas que día a día azotan al pueblo.

Socialmente tenemos que comenzar a valorar el hecho de que la rabia es un motor muy importante que tenemos como humanos, ya que es lo que nos hace luchar contra las injusticias. Es la rabia lo que nos hace cuestionar los privilegios de quienes concentran el poder en Chile. Es la rabia la que nos hace desconfiar de la información que nos entregan los medios hegemónicos, y es la rabia la que nos hace levantarnos cada día para ir a Plaza Italia a intoxicarnos con gas lacrimógeno.

La Isla de los Pinguinos es el reflejo de un momento histórico que, de alguna manera, termina en esto (no es el único ni el primero, pero si un catalizador potente) ¿Qué es lo que cambió ahora? ¿Por qué estamos más unidos y alineados? ¿Qué ves en esto hoy?

En ese momento fue muy importante el hecho de que justamente quienes impulsaron aquella rebelión, eran jóvenes de 16 años que no alcanzaron a vivir ni un solo día en dictadura. No tenían miedo de salir a la calle o de acercarse a la militancia.

Hoy esos mismos jóvenes, que son también los que vivieron el 2011, ya tienen una vida laboral y familiar. Al mismo tiempo, están jubilando los primeros trabajadores que se enfrentaron al sistema nuevo instaurado en los 80’, y finalmente, el sistema capitalista basado en la explotación de los recursos naturales y concentración de las riquezas, se está hundiendo en Chile y en todo el mundo.

Pienso que naturalmente esto era algo que iba a estallar ahora, sobretodo en un gobierno que decidió deliberadamente acercarse cada vez más a la ultra derecha y que no supo leer a la sociedad más allá de vernos como números en un gráfico.

La gente durante mucho tiempo sintió que hay íconos culturales que estaban fuertemente arraigados en la izquierda dura y que les provocaba cierto espanto, pero actualmente -siento- que no nos da vergüenza decir que admiramos a Gladys Marín, o en las casas suena ahora en las noches Victor Jara por las ventanas de los departamentos y en las calles hay cultura de protesta.

¿Qué te parece la reinvindicación de esas narrativas?  ¿Se cae un poco el mito del chileno facho?

Por un lado pienso que tiene que ver con perder el miedo, lo cual finalmente creo que se está logrando contagiar a las generaciones que sufrieron las atrocidades de la dictadura cívico-militar. No es solo perder el miedo a salir a la calle, sino que también a hablar, a reencontrarse con ese adolescente que se perdió en esos años oscuros y que hoy pueden volver a reflotar.

Por otro lado, creo que siempre existió ese facho bueno para guitarrear a Víctor Jara o a la Violeta, y que creo que ahora, cuando hay más claridad respecto a cuál es el lado de la historia
correcto en el cual hay que estar, están saliendo a la luz.

En una entrevista previa comentas que nuestra generación, los millenials, son los que iniciaron – de alguna manera- todo. Niños que sin tener muy claro nada en la vida, se pararon frente a un sistema que los condenaba o, mejor dicho, condenó a endeudarse para estudiar y ganar una miseria de plata. Son los mismos que el 2011 volvieron a pelear lo mismo, y ahora, poco más de una década después sufren un poco el desencanto de haber peleado y haber perdido. ¿Es una revancha?  ¿Hay un correlato generacional?

Leí por ahí que lo que estamos viviendo hoy tiene sabor a la temporada final de una serie, que creo que empezó ese 2006 con la revolución pingüina y la muerte de Pinochet. Espero que sea así, una buena revancha para un movimiento que tuvo muchas frustraciones en el camino pero que hoy podría llegar a un final feliz. Un final feliz con una nueva constitución, con un juicio a todos los responsables de violar derechos humanos, y finalmente con John Snow coronándose como rey de los siete reinos.

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Periodista. Fundador de Plan9. Weón fome.