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GLASS: Lo extraordinario, lo mundano, lo secreto

21 enero, 2019

GLASS: Lo extraordinario, lo mundano, lo secreto

Quizás Glass, al igual que muchas de las pelis de Shyamalan, gane con el paso del tiempo. Quizás, gane porque en última instancia, el director de Unbreakeable y Splitsiempre ha tenido en el orden de sus prioridades, desarrollar personajes, y luego set pieces. Quizás, porque las expectativas de una saga improbable, fueron increíblemente altas superando incluso a su creador.

Quizás gane además, porque habrá -mucha- más agua debajo del puente sobre el género de los supers y nos ayude a entender que esto siempre ha sido de arquetipos. De estructuras inamovibles, y aún así, se innova.

Pero quizás no. Y eso me duele. Pensarlo.

Lo secreto

El retorno al mundo secreto de héroes que el indio creó, siempre ha sido mirado como una rareza. Uno que parte de una película que nos vendieron de drama, porque en aquella época, era vergonzoso pensar en los comics de supers como algo que no fuera simplemente infantil. Pero todo estaba ahí. Ya lo decía Elijah:

“He estudiado la forma de los cómics a fondo y he pasado un tercio de mi vida en camas de hospitales sin nada que hacer más que leer. Creo que los cómics pueden estar relacionados con una forma de transmitir la historia. Los egipcios dibujaban en las paredes, hay países que aún transmiten el conocimiento de formas pictóricas.

Creo que los cómics pueden ser una forma de historia que alguien, donde fuera, sintió o experimentó. Entonces, a esa experiencia y a esa historia las engulló la máquina comercial y fueron embellecidas y actualizadas para la venta”.


Luego en Split quiere ir más allá. El terror de que alguien así exista, la sola idea de que una persona pueda “cambiar su química corporal” y que nazca, como en el origen de cualquier supervillano; de la fatalidad y la demencia, solo puede explicarse por medio de lo naif. Del cómic. Por la abstracción del horror, para poder digerirlo de alguna manera, porque el horror en muchos casos nace del miedo y el sufrimiento y, en un mundo de gente corriente, abrazarlo y aceptarlo es una acción extraordinaria.

Y el análisis que hace Elijah; por más superfluo que pueda ser para muchos, no dista mucho de nuestra realidad pop. Sitios web como este se crean para hablar de las creaciones imaginarias de gente que quiere contar historias. Se hacen series, cine, música, videojuegos, obras críticas y otras contemplativas. Todo, para celebrar al arquetipo del hombre que se vuelve héroe -o tragedia-.

Ríos de tinta han corrido sobre la figura del viaje del héroe que acuñara Joseph Campbell, y aún así tenemos más cosas que decir. Queremos hablar de esto, queremos seguir debatiendo; porque no podemos resignarnos a creer que somos solo carne y sangre. Que somos mediocres en el gran orden de las cosas. Debe haber algo extraordinario. Debe haberlo.

Glass sin embargo, y contra todo pronóstico; se casa con la idea pesimista de un mundo pesimista. Un mundo en donde lo afiebradamente onírico, mágico, especial, no tiene espacio. Y nunca lo tendrá. Y por eso hablamos de él. Porque es algo que nos está vedado. Prohibido.

De acá en adelante, pueden dejar de leer, porque voy a hablar con spoilers, spoilers que no creo que arruinen la experiencia pero habrá muchos que sí lo crean, y está bien. No pienso que Shyamalan construyera efectivamente sobre este relato su máxima del plot twist, que lo hay, sin duda, sino más bien otro tipo de idea, y por eso, prefiero explayarme a pesar de que tenga que contar algunas cosas. ¿Estamos listos? ¿Seguros? Vamos.

Lo extraordinario

¿Existe lo excepcional? Shyamalan siempre cree que sí. Porque la excepción es el núcleo de sus historias. Los personajes de su filmografía creen que saben algo, para luego darse cuenta que no, y que realmente su lugar en el mundo está mediado por la aceptación de un destino. A veces ineludible, otras, por elección, pero nunca al azar.

David Dunn aceptó su destino como vigilante. Lleva más de 15 años trabajando en secreto, y parece que aunque hace hoy, lo que tenía que hacer, sigue viéndose en el, esa aura derrotista, esa depresión que lo acompañaba, ese hombre de clase media aproblemado.

Dunn es un hombre quebrado. Podría ser el hombre más fuerte del mundo, y aún así, está roto. Lamentablemente, y sabiendo que esta ya no es la cinta de Dunn (porque eso es Unbreakable) hay un abandono por su figura. Como si su fatalidad, no mereciera más tiempo en pantalla y se sienten las prisas de un metraje recortado que nos recuerda cada vez que suena su leivmotiv, porque Dunn hace lo que hace.

Y dios mío por la puta, que bonito el tema:

Por otro lado, Kevin Wendell Crumb ahora es una personalidad enterrada por La Horda, un sujeto que ansía llevar justicia contra los impuros, la gente que no ha conocido el dolor como una forma de castigarlos por lo que el ha sufrido.

Partiendo con un plano de él, reflejado en un vidrio roto, hay un trabajo magnifico, teatral y caricturesco en lo de McAvoy. Quienes dicen que en Split parte de sus personalidades fueron pintadas con brocha gorda, pueden descansar tranquilos. Acá hay un trabajo inigualable del escocés.

No solo aparecen todas sus personalidades, sino que muchas de ellas, evolucionan, cambian: Sienten temor, dudan, se cambian de bando, y de manera absolutamente convincente.

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Hay un pasaje en particular en donde Patricia, una de las más icónicas personalidades, duda realmente del poder de la bestia, y solo con eso, ya vale la pena la entrada al cine.

Sin embargo, hay cierta dicotomía en el hecho de que los personajes con un aura mucho más sobrenatural como Dunn o Krumb, acaben relegados a un segundo plano, con acciones que le quitan esa mística, precisamente en la cinta que celebra su identidad como personajes de cómic.

Glass es imperfecta, como sus héroes, y por eso quizás gane con el tiempo. Y quizás, gane también mucho más, el tratamiento del hombre que lleva la cinta en su espalda: Mr Glass, quién está catatónico los dos primeros tercios del filme, nos recuerda porqué es quién es. Samuel Jackson sortea sin dificultades el ponerse el traje de Mr Glass 20 años después.

Con soliloquios, como buen mastermind explicando a la audiencia la estructura de un cómic, engañando a plena vista, y, a pesar de tener que trabajar con un guion en el que muchas veces las cosas pasan porque sí, jamás dudamos de que el sea el motor de la historia: Una mente excepcional.

Lo mundano

Ambientada en un hospital psiquiátrico, los personajes de este cierre no encontrarían en este universo un mejor lugar para desenvolver su historia. Glass, tiene un cierre adecuado, pero no excepcional. No como sus personajes. No como lo que plantea, y es en donde esta misma idea, da la sensación que nunca despega.

Es, de cierta forma, coherente con su naturaleza. Un mundo en donde debería haber un clímax estruendoso, solo termina siendo una cinta de orígenes, acallada, silenciada, traicionada por su propia naturaleza.

Su construcción a medio caballo entre ser un poco de las dos anteriores, y algo nuevo, le juega una mala pasada, pero también es entendible desde el mensaje final que quiere entregarnos Shyamalan: El mundo tiene un orden que no debe ser alterado.

Las luces y juegos de artificio, son parte del universo que quieres creer en el que estás, pero no es así. En Glass, su final lleno de muerte y sin sentido; filmado con muchos peros, muchas prisas, y, sorprendentemente, muchos tiempos muertos, da la sensación de un anticlímax.

Dunn, muere de una manera irónica, pero también creo que es una muerte triste, indigna, malvada. No solo porque esa muerte signifique en estricto rigor la anulación del sueño de Elijah (un mundo con héroes), sino también porque lo hace como si fuera un personaje cualquiera, y no el hombre que inició todo.

Y aunque está en la línea de los demás personajes (Kevin, muriendo como un hombre ordinario de un balazo, o Elijah, como una persona con una enfermedad) Glass destruye de manera deprimente lo que se empeñó en hacernos creer. Y eso me duele. Y me enoja. Y me hace rechazar el acto, aunque sepa que quizás, sea de cierta manera a lo que siempre se apostó.

Lo importante nunca fue lo sobrenatural, sino siempre, el destino de aquellas personas extraordinarias; sucumbir frente a lo ordinario, la presión de la máquina, del sistema de la que habla el personaje de Sarah Paulson.

La fuerza de lo mediocre aplasta a los dioses que presenta Shyamalan , sin embargo, y tal como en un cómic, a veces solo basta con un sidekick (o tres) que enciendan la chispa para darle al mundo una nueva oportunidad de soñar. El mundo jamás dejará de ser un lugar lleno de amargura, pero podemos encontrar cierto consuelo en la esperanza.

En Glass, quizás es cierto que hay muchas aristas sin cuadrar, errores o nimiedades de guion, así como tiempos muertos que quizás no lleguen a buen puerto, pero cierra un arco final hablando de lo que realmente es importante: eres tú quién puede cambiar la vida de las personas.

Al final Glass es eso, el cierre de una trilogía improbable que está decidida a cerrar en comunión con su naturaleza.

Una historia armada con muchos trozos que no embonan del todo bien. Como un collage horrible, grotesco, burdo, hermoso, poético, terrible e irregular. Como sus personajes. Como la idea que quiera transmitir. Bello y terrible a su manera. Héroes y villanos. Milagros y aberraciones. Un gran vidrio roto.


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Periodista. Fundador de Plan9. Weón fome.