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El Infinito Literatura

Exit Stage Left – The Snagglepuss Chronicles: Reescribiendo a Hanna-Barbera4 min read

16 agosto, 2019 3 min read

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Exit Stage Left – The Snagglepuss Chronicles: Reescribiendo a Hanna-Barbera4 min read

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“El mundo está en llamas, jovencito. Como escritores es apropiado que hagamos lo que podamos para advertir a la gente. Pero al decir la verdad al mundo, no te mientas a ti mismo. Escribe lo que quieras. Di la verdad. Simplemente no imagines que estás cambiando algo. Como dije, la gente solo quiere pasar un buen rato.

-Entonces, ¿cuál es el punto de todo esto? ¿Para qué escribir entonces?

Hijo, en la vida tu no peleas las batallas porque esperes ganar. Las peleas simplemente porque necesitan ser luchadas.”

Lo que hace Mark Russell en los cómics que editó DC de Hanna Barbera es algo mucho más que interesante. Toma carácteres de los cartoons de los 60’s y los sitúa en contextos donde temas como el suicidio, el sentido del arte, el remordimiento y tantos otros son los que ocupan la palestra. Nada más lejano a lo que transmite el espíritu naif de los originales.

Una mezcla entre esa pesadumbre espiritual que es Bojack Horseman situada en la época de las listas negras de McCarthy en USA (como en Trumbo la película de 2015 protagonizada por un tremendo Bryan Cranston). Un menjunje que no tendría por qué resultar, con un protagonista que es de los menos conocidos de la marca (no digamos que el León Melquiades sea alguien demasiado popular en comparación con otros nombres del estudio de animación, incluso algunos recientemente escritos por el mismo Russell como lo son Los Picapiedras), no obstante, lo hace y siendo peligrosamente ambiciosa consigue su cometido.

¿Cuál es el sentido del arte? ¿Ser un espejo de la sociedad? ¿Ser servil o contestario con la corriente predominante? ¿Se puede ser feliz yendo en contra todo el tiempo o te termina quebrando? Por el contrario: ¿llevar una máscara te asegura algo? Por ahí van muchas de las interrogantes de este cómic, que a ratos abruma por su pesimismo, no obstante, no deja de ofrecer muchas perlas entre viñeta y viñeta.

Que Snagglepuss es la versión rosada y felina de Tennessee Williams no cabe duda. Que aparezcan varios personajes del cine de los 60’s tampoco sorprende. Desde Marilyn Monroe a Marlon Brando, o Clint Eastwood, estas crónicas de este león dramaturgo y gay que escapó del sur de Estados Unidos en la búsqueda de sus sueños a la ciudad con la mejor publicidad del mundo hace uso del espacio que la contiene para contar su historia, no obstante, lejos de romantizar cualquier faceta lo suyo es usar el envoltorio de los personajes para desde ellos sembrar emociones.

Personajes obligados a llevar dobles vidas porque una nación que predica sobre la libertad los fuerza a esconderse, eso mientras en nombre de la seguridad y el miedo intentan doblegar al mundo del espectáculo a su voluntad con tal de lograr una victoria espiritual sobre un enemigo que si bien no es imaginario, si lo son quienes sufren las acusaciones. Castigos reales para gente inocente en nombre de una justicia que bebe solamente de la fuente del terror.

El temor a la bomba nuclear permeando en el inconsciente colectivo mientras la vergüenza y descrédito público lucen como una emoción a ser abordada también, con tal vez, las consecuencias más trágicas que he leído en harto tiempo. Y es que el escarnio público como privado es un terror que no conoce de caducidad.

El cinismo tampoco viene en dosis pequeñas, Russell no escatima en recordarnos la línea cronológica donde nos ubica. La revolución cubana, la guerra fría hacen sentir su peso en la historia, y de paso cuelan unas cuantas viñetas para ejemplificar el espíritu de los tiempos.

“Solo sé que una nación debe vencer sus miedos… o convertirse en ellos”

Porque cuando dos gigantes pelean, lejos de figuras maniqueas, son quienes dan forma a estas entelequias quienes sufren las consecuencias.

Porque si pudiese resumir en una sola frase este cómic diría que es uno donde todos quienes lo protagonizan saben el valor de las cosas y aun cuando caminan al filo de una navaja en búsqueda de permanecer firmes en lo que creen (o en lo que esconden) siempre son conscientes que hay que pagar, por muy injusto que sea el precio. Y Russell muy diestro, los hace pagar con todo lo que tienen.


¿Y qué es un dios sino lo más alejado de tu vida que puedas imaginar?

Comenta o muere

Me gustan las canciones tristes.