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El valor de la narración sencilla: A cuerpo de gato de Hiro Arikawa

15 abril, 2019

El valor de la narración sencilla: A cuerpo de gato de Hiro Arikawa

Si en algo habremos de concordar es que la cultura nipona es amante de los felinos. Están en todos lados: en leyendas, mitología, tradiciones, amuletos, dioses, animé, manga y claro, libros.

A cuerpo de Gato de Hiro Arikawa (Crónicas de un gato viajero en su título original, publicado el año 2012) plantea una temática sencilla al lector. El protagonista de la novela es Nana, un gato callejero que tiene la cola en forma de siete y a quien la vida en la calle lo ha vuelto esquivo, altivo, imponente –para otros gatos- y por sobre todo, astuto.

“Claro que los humanos son caprichosos y no se puede depender enteramente de ellos. Pertenece a la sabiduría ancestral de los gatos callejeros tener repartidas aquí y allá varias líneas de avituallamiento”.

La historia comienza cuando una noche, Satoru Miyawaki, un joven de mirada alegre y comprensiva, encuentra a Nana sobre una camioneta cerca de su departamento, y desde ese momento decide llevarle cada noche comida para gatos.

Aquí parte la relación entre felino y humano que se desarrollará durante las 265 páginas del libro, y con la cual Arikawa demuestra cabalmente que no se necesita grandes ni complicadas tramas para lograr emocionar al lector.

El grueso de la historia se desarrolla en un viaje que emprende Satoru y Nana al pasado, en medio de calmos paisajes de Japón, entre el mar, los valles y las flores violetas y amarillas, que la autora con maestría describe para hacernos sentir partícipes de la travesía.

Durante el viaje Nana irá deshojando las capas que constituyen la historia de vida de Satoru; amigos (Kosuke, Yoshimine, Sugi y Chikako), otros animales (Toramaru y Momo), la tía Noriko, y recuerdos que de a poco irán tomando forma y cobrando sentido para Nana, y para nosotros.

Uno de los aspectos más interesantes del libro es precisamente su personaje principal, un gato con una habilidad particular para entender el comportamiento de los humanos. Nana no puede comunicarse verbalmente con Satoru (porque obvio que los gatos no hablan, solo nos habla a nosotros) pero no es necesario. Aquí se encuentra un componente emocional potente de la trama: la relación entre ambos personajes es profunda y recíproca, lo que comenzó con Nana aceptando los cariños de este “extraño” a cambio de comida, se transforma en la representación más dulce del lazo entre una persona y su mascota.

“Una vez en el suelo, le clavé los ojos de frente manteniéndome a una prudencial distancia. Satoru puso cara de niño antes de echarse a llorar. Tal vez en ese momento comprendió la decisión que había tomado.

Eres tonto, Nana – dijo Satoru en un susurro, con el rostro contraído.

¡Muchas gracias por el cumplido! Soy tu único gato, Satoru. Y tú eres mi único compañero”.

Tal vez para quienes no han compartido su vida con un animal, parte de lo expuesto en el libro les parecerá exagerado o meloso, pero para quienes sí han tenido la oportunidad de haber tenido/tener una mascota querida, quizá les saque alguna que otra lágrima al final de sus páginas.

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Hiro Arikawa, escritora que alcanzó mayor popularidad tras adjudicarse el premio Dengeki entregado por la editorial Media Works, logra en esta novela, si bien sencilla y rápida de leer, tocar temas como la relación emocional que se establece con una mascota, la amistad, el amor, el resentimiento, las heridas del pasado y la reconciliación con éstas.

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