El Infinito

El Jazz de Julio Cortázar

23 marzo, 2015

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El Jazz de Julio Cortázar

Pocas veces se ha visto una relación tan fuerte entre dos partes: la música y la literatura.

Julio Cortázar, quizás responde a las dos; con sus palabras hizo música y le dio vida a una teoría del arte bastante original.

Pongámonos serios: hablemos de Jazz. Pero como escribo en  la sección de literatura y no me dirijo a los melómanos, hablemos de Jazz y de libros. O mejor aún, hablemos de dos hombres que personalizan éste vínculo, uno como músico y el otro como fiel admirador. Hablemos de Charlie Parker y Julio Cortázar.

Julio no comienza en Julio, sino en Agosto, en 1914. Nació en Bélgica, pero tenía un gusto por enredar las cosas y terminó su vida con la nacionalidad argentina y francesa. Quien haya leído Rayuela me va a entender. Su mente creativa se negó a realizar una obra clásica como nos enseñan en el colegio; introducción, desarrollo y conclusión. Más bien, revolucionó la estructura, no hay comienzo ni final, cada capítulo es dependiente e independiente del otro. No me pregunten que quise decir con eso. Da lo mismo, es una obra laberíntica. Una obra como la vida misma. Una novela total.

Le vamos a poner un timbre de estrellita en la mano, porque aunque tengo reparos en el estilo, el hombre fue original y fundó escuela. Es, en ese libro, donde encontramos primero a la Maga (una mujer indescifrable, con muchos problemas sicológicos y bastante vulnerable) y una influencia evidente del Jazz, una intelectualización, que antes sólo había notado en el “Lobo estepario” de Herman Hesse.

Para Cortázar la gracia del Jazz radica en:

“La manera en que puede salirse de sí mismo…permitiendo todos los estilos, ofreciendo todas las posibilidades, cada uno buscando su vía. Desde ese punto de vista está probada la riqueza infinita del jazz; la riqueza de la creación espontánea… cada músico crea su obra, es decir que no hay un intermediario, una creación que no está sometida a un discurso lógico y preestablecido sino que nace de las profundidades… “

Eso es Rayuela y eso es el Jazz. Y aquí empezamos a teorizar. Cortázar ve en el Jazz no sólo un tipo de música, sino que una manera de entender la vida y el arte. La misma metodología es aplicable al desarrollo de la creatividad, como si el Jazz fuera una verdad irrefutable, una manera de entender el mundo. Se presenta como paralelo a la literatura en rayuela porque ofrece renovación. Lo que vale no es el hallazgo de valores incuestionables, sino una apertura a nuevos experiencias y visiones. El artista, por lo tanto, se desviste de todas las limitaciones y convenciones dando paso sólo al sello creativo. El Jazz es libertad.

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Charlie Parker y “El perseguidor”

Pero el amor de Cortázar por la música nacida en Nueva Orleans no termina ahí. Continua en El perseguidor, un cuento que pertenece al libro “La armas secretas”. El relato narra la historia de un saxofonista adicto a las drogas. Aunque el nombre del músico es otro, a mí ni a nadie engaña, es Charlie Parker.

El mismo Charlie que nació en una familia humilde en Kansas, pero que se convirtió en uno de lo músicos mas grandes en la historia del Jazz. El mismo que luego de eso, vio truncada su carrera y salud con la ayuda de las jeringas de heroína. Porque en esta vida no basta con ser músico y genio. Hay que ser músico y tener un triste final para convertirse en leyenda. Si no, no vale. Si no, mejor ser como Chinoy y tocar en una peña universitaria en Valparaíso. Allá, más de alguno gritará y llorará de emoción.

El contexto del relato es el París de los años 50. El músico es Johnny Carter  quien se encuentra en un estado lamentable por el abuso de las drogas. Su amigo Bruno lo visita en su precario hogar, donde descubre la tragedia que representa su existencia. Más que un diálogo, el cuento es un compendio de diferentes teorías metafísicas. Para Carter, la música es un medio para encontrar un nivel superior en desmedro de la inteligencia y la razón que le ofrecen celdas y limitaciones.

El hombre, por lo tanto, es un perseguidor. No al estilo de Liam Nesson en Taken, por supuesto. El hombre persigue la forma de expresarse absolutamente. Las letras son bien limitadas en este sentido. Enrique Lihn,  en el poema “Nada tiene que ver el dolor con el dolor” se refiere a esta particularidad:

“Nada tiene que ver el dolor con el dolor, nada tiene que ver la desesperación con la desesperación. Las palabras que usamos para designar esas cosas están viciadas… no hay nombres en la zona muda”.

No sorprende entonces, que tanto Julio Cortázar como su personaje, vean en la música, enfocada en el jazz, un camino, una solución al problema de la comunicación.

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Pero Parker como persona fracasó, no así como músico. Ross Pussel, al hablar del fracaso de Charlie Parker, cita un poema de Dylan Thomas:

La fuerza creadora que nos lleva fuera de los límites del ser, a la vez nos destruye -pero después de esa destrucción llega la re-creación”

Basta de especificaciones. Lean a Cortázar. No lo amen, sólo léanlo. Pongan Jazz y fumen marihuana. Intentemos responder a las cuestiones más esenciales de la vida con música. Creo que hay más verdad en éste arte, que en las universidades y en las catedrales.

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