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El Gavilán de Violeta Parra por Joaquín Moure y Miles Wragg

7 septiembre, 2017

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El Gavilán de Violeta Parra por Joaquín Moure y Miles Wragg

Hace mucho que voy seguido al Centro Arte Alameda, porque para mí es uno de los mejores espacios de Santiago, donde la cultura se desarrolla de manera diversa y honesta.

Así los azares de la vida me juntaron en este espacio con Joaquín Moure, graffitero que fue mi compañero en el Colegio Altamira hace algunos años.

En uno de esos encuentros me comentó la oportunidad de pintar la imagen de Violeta Parra en una de las paredes del lugar; me emocioné más que la cresta.

Con la promesa de apoyarlo, fuimos a verlo con Don Marcelo Roldán, que se dedicó a sacar las fotitos el día anterior a la presentación de la obra en conjunto con Miles Wragg: El Gavilán de Violeta Parra.

¿Cómo y cuándo surgió este proyecto?

Joaquín:

Nació hace un año gracias a Roser Fort, directora del centro. Ella estaba buscando un graffitero para conmemorar a Violeta Parra, entonces vine por eso y terminé haciendo esto. Así nació el Gavilán, como la canción.

Miles:

Yo llegué por Joaquín, y el resto es historia.

Joaquín:

Teníamos ganas de hacer una colaboración. Yo conocí a Miles Wragg carreteando con otro amigo gringo de Texas. Miles es de Inglaterra. Estábamos buscando una pared y así que sumé a Miles.

¿Cómo fue trabajar en conjunto?

Joaquín:

La manera en cómo nos mezclamos no la pensamos, solo decidimos colaborar. Él habla inglés yo español. Él pinta con pincel, yo con aerosol, entonces dijimos que íbamos a fluir no más. Yo le conté que iba a pintar un gavilán, me fijé que su arte tiene muchos círculos, entonces él de la nada empezó a crear la vida del gavilán en el círculo del fondo.

Nunca tuvimos boceto, solo le mostré al gavilán y partimos, fluyendo y dándole vida.

Miles:

Mi trabajo es automático, autómata, yo no lo planeo. Joaquín quería hacer un pájaro y yo pinté el resto. Mi pensamiento es libre y el color es cualquier color, porque cualquier color es el mejor.

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La vida del Gavilán

Joaquín:

Inicia en el huevo y termina en la muerte, pero entremedio se mezcla con la relación, con la pareja, con el animal que también se refleja en el humano. Esto sin que Miles supiera de Violeta y la historia del Gavilán.

¿Están conformes con el resultado?

Joaquín:

Nunca pensé que iba a terminar así, tan bien mezclados los dos estilos que son tan diferentes. Yo veía la foto de cómo podía ser, más o menos, de lo que podía hacer Miles, pero no sabía que íbamos a encajar tan bien, así que muy orgulloso por nosotros.

¿Y qué pasa con la otra pared?

Joaquín:

Para esa pared me llamaron hace un año y yo antes de hacerla, terminé pintando el gavilán. Si todo sale bien, empiezo a pintar desde ya a Violeta. Usaré el mismo estilo de spray y en algunas partes deseo mezclarme con Miles. Así las dos paredes tendrán relación total.

¿Cómo llegaron a ser graffiteros?

Miles:

Solo he pintado mucho desde que era un niño. Y ahora estoy acá pintando en Chile. Nos sorprendemos a nosotros mismos, creamos una expresión de energía pura. Somos los mejores del mundo y nadie se puede comparar con nosotros.

Me gustaría quedarme pero no lo haré. Estoy por 1 año y una de mis mayores metas era pintar un mural, ya lo hice así que ahora me puedo ir a mi país. No necesito explicarme más.

Joaquín:

Todo partió desde los 10 u 11 años. Yo veía en la TV y en las calles los graffitis, cómo los chicos rayaban en un tiempo muy breve obras que admiraba.

Yo entiendo el graffiti como una propuesta artística, no es solo palabras. Mi primera inspiración fue Banksy, entonces para allá iba. Además mi colegio se llamaba Altamira, como las cuevas donde se descubrieron los primeros graffitis rupestres en España, y locamente ahí tuve un espacio para desarrollarme.

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En el último año me metí a un taller de arte y muralismo. Tenía que hacer una propuesta y me obligaron trabajar con Facundo Castellano, ahora graffitero y diseñador argentino que hasta el día de hoy somos amigos.

Nuestra propuesta ganó y nos mandaron a pintar un mural sin ninguna instrucción. Aprendimos sobre la marcha. Cuando caché que Facundo no mordía y podía ser buena persona, le dije que agarráramos unos aerosoles y vayamos a pintar a un lugar escondido para ver si teníamos dedos para el piano. Después de varios intentos en edificios abandonados, sacamos algo que nos gustó para mostrar en la calle y nos lanzamos a Santiago.

Los invitamos a que conozcan este mural, que rescata la obra de Violeta. Quedó muy bonito.

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