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#PornoenPlan9: El cine porno como antítesis del cine tradicional

14 marzo, 2017

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#PornoenPlan9: El cine porno como antítesis del cine tradicional

Ay la pornografía <3 Además de ser una masturbatoria energía que mueve cientos de millones al año, en la actualidad, el porno se ha vuelto un referente de la cultura pop y eso es innegable.

Cada vez que Pornhub saca una estadística, hacemos clic sin pensarlo dos veces para saciar nuestro morbo y ver si nuestro país se encuentra en los primeros lugares y hemos demostrado tener un título supremo de onanismo.

Si de saciar se trata, el porno responde a una necesidad inherente en nuestra naturaleza. Nos encanta el sexo, y últimamente como raza humana, disfrutamos bastante “haciéndolo solos” sino pregúntenle a Japan.

“Adult VR Fest 01” el primer festival de porno virtual que fue cancelado por exceso de público.

La pornografía cumple con hacer realidad una fantasía sexual y las cifras de su consumo sólo van en aumento. Es por eso que me gustaría invitarlos a ser parte de un pseudo-análisis que responde a “Qué es lo que estamos viendo cuando miramos porno”. Una perspectiva audiovisual a la que me encantaría que respondieran, discutieran con nosotros y sobretodo hablarán de ella.

Parte de cubrir esta temática en el sitio es derribar ese estúpido tabú social donde hablar de temas sexuales no se debe hacer por la moral y las buenas costumbres.

Por qué encuentro no racional que haya gente allá afuera que respire y crea que las mujeres no ven porno o  no se masturban.

Quizás nunca hablamos de Game of Thrones en el sitio por qué encontramos la versión equivocada.

El cine porno como antítesis del cine tradicional

Todo comenzó una calurosa noche de verano en algún lugar de 1970. Elijo esta fecha por qué aquí se inició todo, el porno en su manera clásica de gestarse es la que abordaré en la mayoría del análisis y es debido a su estructura narrativa. Se podría decir que desde lo audiovisual este tipo de películas, conscientes o no de ello, son una antítesis del cine.

Una chica necesitaba un cambio de aceite, pedía pizza o necesitaba que le limpiaran las tuberías. Hasta ahí vamos bien. Tenemos la confección de un mundo que se basa en el nuestro, con leyes sociales, culturales y físicas que conocemos y se nos hacen familiares, por ende, tenemos un contexto pero existe una urgencia dramática que se antepone incluso al protagonista.

En la mayoría de las películas, necesitamos conocer a nuestro personaje principal, enganchar con él, su mundo, sus problemas, como vive su vida diaria antes del primer plot que iniciará la aventura.

Aquí no, siempre se nos presenta un problema incluso antes de saber el nombre de la chica.

Entonces llega el encargado de solucionar el problema x y aquí es donde todo se complica, por qué esa urgencia, ese problema, se resuelve instantáneamente.

El hombre entrega la pizza y se acabo la historia. No hay un gran desarrollo ni menos un gran climax (narrativo, sipo) que termine la historia.

En cambio, se inserta un “cuarto acto” que responde a un plot twist extra donde la chica no tiene dinero para pagar y le ofrece otra manera de hacerlo  1313. El chico acepta y todos sabemos que terminará en resultados sexuales.

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Ni por luces podemos decir que exista un guion que avale lo que acabo de describir ¿En serio le estás pidiendo trama a una película porno? no, para nada. Y es ahí donde funciona mi teoría de la antítesis.

Como espectadores sabemos que todo lo que nos plantearon antes de la escena de sexo es “irreal”, una burla o parodia al cine clásico, no fue concebido para serlo, no estamos viendo “arte” e incluso es producto de carcajadas en muchas ocasiones.

Pero el postulado del cine es todo lo contrario. Qué como espectador desde inicio hasta el final de una historia, no nos demos cuenta que lo que se proyecta es producto de una ficción y creamos que realmente esa maqueta rebozada de cgi puede ser una nave y viajar a la velocidad de la luz en un par de segundos, sin dudar de ello.

Y al saberlo, al darnos cuenta de esta “mentira” desde un inició se aniquila la tan llamada “magia del cine”. Pero ahí estamos, viendo porno.

Los guionistas de la industria pornográfica no pueden ser tan estúpidos (o quizás si), sin desmerecer al género femenino, las cintas de esta índole responden a una fantasía masculina #noshitsherlock.

Tienes un trabajo de mierda como repartir pizzas, una chica bonita te abre la puerta y sueñas, deliras con la idea de que te invite a acostarse contigo (los hombres somos criaturas básicas chiquillas, no le den muchas vueltas). El porno responde a la liberación de está fantasía y juega llevándola hacia un plano tangible o más bien, lo que te dura una paja.

Es ahí cuando el patrón de esta antítesis se maximiza. Cuando nos sentamos en el sillón, y le damos a Netflix para ver Daredevil o vamos al cine a ver como John Wick acribilla a cientos de personas, nos paramos de la butaca generalmente con ganas de disparar y repartir karate ka-pow a todo lo que se mueva y así es como funca la manera clásica de hacer cine.

Que te proyectes en un individuo y quieras ser como él.

De la misma manera, en que en el porno quieres ser tú quien se folla a la actriz de turno.

Pero la proyección en las películas de sexo, aún cuando es parecida, funciona completamente al revés.

Siguiendo con el ejemplo, en la película de John Wick, me muestran al personaje, el tipo perdió a su perro, le robaron el auto, empatizo con él por piedad y parece una persona normal, casi igual que yo, le da desayuno con cereales al cachorro ¿quién no lo ha hecho? pero descubro que en realidad es el más brigido de los asesinos de la comarca y cada uno de sus disparos y movimientos son alucinantes.

Entonces la película me empapa con esta nuevo John Wick y construimos una una imagen idílica de “hombre asesino” que sólo va en aumento durante 2 horas para que cuando termine el film podamos decir: “este es el wn más pulento del universo y yo quiero ser como él”.

Este GIF no tiene otra función que recordar lo pulento que es Wick

En el porno, sucede todo lo contrario. Hay una paradoja, la imagen del hombre se esconde, es un adorno en el que su representación es reducida a un falo gigante que toma distintas posiciones.

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No queremos conectarnos con el hombre, no queremos ver al hombre, es la mujer la que llama nuestra atención y la que cumplirá esa fantasía que andamos buscando. Entonces son de ella los gemidos que queremos escuchar, sus movimientos los que queremos ver y seguir.

Ella es nuestro Daredevil o John Wick. Por lo tanto, es en ella en quien nos proyectamos, no en el hombre que debería ser nuestro “modelo a seguir” como cuando vemos a James Bond en pantalla y es sinónimo de un gran sex appeal “él podría estar con cualquier mujer del planeta, yo quiero ser así”.

Pero como dije, paradojicamente, estamos ahí aborreciendo la entidad masculina cuando se trata del porno.

Y si, aunque desde la década delos 70’s en adelante si hubo “porno con trama” e incluso exploró desde la ciencia ficción hasta los espías, es el denominado soft porn, donde no podía mostrarse un pene en pantalla y si salía una vagina, se veía sólo su pelo púbico.

Porqué eran películas que iban a salir en la tv y no podían arriesgarse a sexualizar a la audiencia mostrando los cochinos y pecadores órganos sexuales, cómo se te ocurre, eso se tenía que tapar con hojas de parra.

 

En la próxima nota, abordaré la autocensura en la industria pornográfica y analizaré otros matices como el “nuevo” género aka Porno Gonzo que cambio nuestro matices y manera de ver este tipo de películas.

Espero su feedback, gracias por leernos y compartan la nota cuando no los miren sus padres.

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