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Death Note: Alteridad Cultural

27 agosto, 2017

Death Note: Alteridad Cultural

Voy a partir diciendo que jamás me ha gustado Death Note. Encuentro que es una historia efectista, enfocada en un público juvenil impresionable.

Ojo que no la odio, pero no le prendo velitas tampoco. Por eso puede que mi opinión no sea muy popular, pero qué más da.

Death Note (animé/manga) es básicamente un thriller. Un thriller juvenil con elementos sobrenaturales que aborda el típico juego del gato y el ratón. Una historia que en verdad, no es algo que no hayamos visto antes con mucho menos relleno en cientos de obras tanto occidentales, como orientales.

Pero entiendo el público cautivo que tiene. Entiendo también la fascinación que puede desarrollar en algunos la idea del poder absoluto, los juegos mentales y el diseño de personajes darky. Es por eso que entiendo también; el grito en el cielo que ponen los fans con la adaptación de Netflix, que, en tenor de lo visto, se ve limitada en un montón de aspectos debido a formato, estilo y principalmente, la forma en que aborda el tratamiento de su historia.

Pero como diría Felipito, vamos por partes

La historia de la versión de Netflix es algo accidentada. En un inicio Death Note era una producción de Warner. Y aunque Adam Wingard siempre fue el elegido para llevar a puerto esta historia, en la casa de Bugs en algún minuto existió una reestructuración durante 2016 (en parte precedida por los malos resultados a nivel de críticas de BVS) que motivó a enfocar el grueso de sus producciones en tres franquicias: Lego, DC y Harry Potter.

Eso significaba generar menos estrenos de tamaño “medio” y centrarse en los blockbusters. Al quitarle el foco a este tipo de producciones, el proyecto de Death Note quedó parado durante cierto tiempo y en algún minuto, muerto.

Ahora bien, la producción se encontraba tan adelantada que Wingard obtuvo permiso para venderlo a otra casa productora con todo incluido. Y el director, ni tonto ni perezoso, se reunió con una serie de interesados, siendo la señal de streaming los adjudicadores de la franquicia. Gracias a ellos, el proyecto pudo continuar, pero en sus bases, el tratamiento, el tono y el estilo, ya habían sido definidos por Warner Brothers.

Al igual que cosas como Espectral, Netflix se limitó a colocar las lucas que faltaban, por lo que es realmente difícil que ellos hayan sido los causantes del resultado final. Con este matiz en mente, vamos a partir diciendo que Death Note es quizás, una deficiente adaptación, pero no una mala película.

Demasiada prisa

El principal problema de la cinta no proviene de sus cambios como adaptación, que son válidos para trasladar una obra profundamente enraizada en la cultura oriental, -pero que curiosamente bebe en demasía del thriller occidental.

El problema proviene precisamente, de la incapacidad de poder abrazar completamente alguna de las aristas que intenta desarrollar, sin éxito. En corto: Abarca mucho, aprieta poco.

El plot de Death Note es simple. Light Turner (Natt Wolf) es un cabro que encuentra la Death Note, una libreta en la que si escribes el nombre de una persona, mata a dicho sujeto siempre y cuando conozcas su cara y su nombre. La libreta, proviene de Ryuk (Willem Dafoe), un dios de la muerte, que la deja en la tierra porque tiene ganas de joder los huevos un rato, y con ella en su mano, Light comienza a hacer justicia por mano propia bajo el pseudónimo de Kira, hasta que se ve envuelto en una cacería entre él y las fuerzas de la justicia comandadas por el misterioso (Keith Stanfield).

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Listo. Eso es todo. A grandes rasgos, es la misma historia del animé. Una historia adaptada del animé. Y ahí reside la clave de esta adaptación.

Es una versión pasada por el filtro de Wingard. Realizador que siempre me ha parecido la mar de interesante y cuya identidad visual está ahí. Palpable. Planos torcidos, colores de neon, banda sonoro ochentera y que de cierta forma, le brindan a Death Note, un acercamiento mucho más acertado que el tono literal de las nefastas adaptaciones japonesas al momento de convertirla en una historia live action.

Porque sí, los live action japos son rídiculos como live actions.

Hay decisiones acertadas. Por ejemplo, la poca presencia de Ryuk, quién a grandes rasgos es un gimmick que funciona como detonante de las acciones, deja a su presencia con la cuota justa de misterio que requiere sin sobre explotar al personaje. O el aterrizar a Mia como una cheerleader, mucho más probable que una estrella pop fascinada con un asesino justiciero o incluso a L, que logra tener varios de los elementos –visuales- que lo hacen reconocibles sin caer en la caricatura idiota.

Pero eso no quiere decir que Wingard no cometa errores. El guion firmado por Charley Parlapanides; Vlas Parlapanides y Jeremy Slater peca de condensar demasiado desarrollo de personajes en tan solo 90 minutos creando una serie de eventos que solo rascan por la superficie parte de lo que supongo que atrae a los fans de la serie.

Adam Wingard desarrolla buenos personajes cuando las historias están acotadas. Pero en Death Note son tantas las variables, tantos los temas que hay que tocar, que la construcción de personajes se diluye entre tanta narrativa apresurada.

Todo el juego psicológico entre L y Light se ve demasiado resumido, sin tener tiempo de poder ahondar en las motivaciones. Qué decir de las implicaciones que tiene la presencia de Mía como un personaje que ahora no es una idol y al mismo tiempo groupi, sino que ahora una compañera que recibe adoración por parte de Light.

Todas estas ideas como la corrupción del poder, el fervor social de alguien que hace justicia, el sexo como manipulación, los juegos mentales como partida de ajedrez quedan reducidas a la mínima expresión. Claramente Death Note ganaría muchos puntos si fuera una miniserie de pocos episodios que permitiera ahondar en todos estos personajes. Pero no lo es. Y eso la vuelve mala.Por otro parte, y leyendo las airadas reacciones de los fans, hay algo que parece no entender el espectador promedio. Los códigos culturales de cada nación son elementos que hacen que traslaciones de productos de un lado a otros sea más complejos de lo que parecen a primera vista.

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Por ejemplo tenemos a Ghost In The Shell como una adaptación que juega a la simplificación argumental pero al calco visual, y por otro lado, a cosas como The Departed que extrae la idea central de Infernal Affairs, pero que la lleva a un entorno nuevo. Ambos ejemplos de caminos a seguir al momento de adaptar y que la obra de Wingard no decide cual tomar.

Hay momentos en que toma el concepto del animé a nuevos derroteros, pero hay otros en que se empecina en adaptar la esencia exagerada y naif de oriente sin dar en el clavo (pienso en la escena de la primera aparición de Ruyk).

Nunca olvidemos que en Death Note, así como en cualquier obra el seguidor del animé ve en Light o en L alguien con quién identificarse. Un reflejo de su pensar. Y así como Light es la fantasía del estudiante promedio asiático, brillante, respetado, determinado, esta versión lo reconvierte en el estudiante promedio que sufre bullyng que al fin logra alzarse con la chica y el poder de vengarse de todos aquellos que lo maltrataron. El fin es el mismo, solo que cambian las ambiciones culturales.

Death Note definitivamente no es la obra que los fans estaba esperando, pero es un interesante (NO BUENO, PA QUE QUEDE CLARO, DIJE INTERESANTE) ejercicio de estilo que trata de amalgamar elementos culturales tan disimiles.

Aúna con cierto éxito la plástica del Japón de neon, el ambiente escolar norteamericano y personalidades excéntricas, en una historia mutilada por su formato y por la indecisión si de abrazar por completo su naturaleza asiática o los convencionalismos occidentales.

Así que dejando el fan de lado, hay que reconocer que solo el hecho de haber logrado producir esta historia, ya es un mérito en sí mismo y claramente un aprendizaje a futuro; por lo menos hasta que demos con alguien capaz de fusionar las dos culturas sin dispararse el pie en el intento.


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Periodista. Fundador de Plan9. Weón fome.