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Climax (2018): El abismo de Gaspar Noé, mira de vuelta

6 mayo, 2019

Climax (2018): El abismo de Gaspar Noé, mira de vuelta

Disclaimer: Violencia física y sexual.

El diccionario de Oxford define un enfant terrible como una persona ‘joven’ exitosa con un comportamiento e ideas inusuales que conmocionan o avergüenzan a otra gente. Con excepción de joven, porque ahora ya no, el trabajo de Gaspar Noé es representado con aquella idea.

La quinta película del director argentino-francés no se queda atrás del resto, pero sí plantea una evolución notable con relación al resto de sus trabajos en una especie de amalgama que pone un pie en su pasado, y vislumbra ciertos intereses de su futuro.

Climax cuenta la historia de un grupo de bailarines franceses luego de tres días reunidos ensayando en un internado vacío para ir de gira a Estados Unidos. Dividida en cuatro secuencias, la primera de ellas muestra desde una toma cenital a una mujer ensangrentada caminando entre la nieve hasta caer.

Mientras que la segunda es una presentación de todos los personajes dentro de la cinta, a través de pequeñas entrevistas en que cuentan sus pasiones, motivaciones por el baile y detalles personales.

Todo bien. En aquella secuencia, hay cintas de VHS a los costados; haciendo una especie de advertencia al espectador. Suspiria, Saló, Possession son algunos de los nombres que figuran.

En una sola toma, Noé muestra una intrincada coreografía realizada por todo el grupo, utilizando planos generales y ángulos que van variados a medida que los movimientos los ameritan. No hay cortes, deja que los mismos bailarines representen el trance de la música que retrata la época dorada del electro francés.

Al finalizar, todos los participantes comienzan a tomar sangría que luego de conocer un poco más de sus motivaciones comienzan a sospechar alguien le agregó LSD. Aquí comienza el cuarto acto: Noé haciendo lo que mejor hace Noé.

Terreno conocido

En poco más de media hora, la paranoia se apodera de todos los bailarines. Las luces pasan a ser rojas y verdes, las piezas se llenan de cuerpos y el abismo comienza a aparecer.

En Enter The Void (2010) Noé llevó al máximo el movimiento de la cámara, haciéndola a ratos intolerable sin sentir cierto vértigo. Mientras que en Irréversible (2002) ya se veía un estilo definido que más allá de la narrativa intentaba ser una experiencia, en Climax su experiencia como director toma el protagonismo.

La pesadilla que toma vida en una visión metafórico de un infierno de Dante se sobre pone al trance de sintetizadores y bajos. Si bien, Noé se ha caracterizado por tener una aproximación estética más que sustanciosa en sus trabajos, la experiencia de ver Climax la llevó adelante de manera excepcional.

No es una película para ver el fin de semana, tampoco con amigos: Es una experiencia personal sobre la paranoia. La cámara se vuelve un personaje más que se arrastra por el piso sin saber a dónde enfocar entre tanto cuerpo; no hay nada de impersonalización en las imágenes hasta la última escena en que toma la licencia de representar lo sucedido a través de terceros.

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Poco entender, más sentir

En toda película de Noé hay escenas que toman la atención del público. Es necesario mencionarlas debido a que el director tiene una pasión similar a la de Lars Von Trier por el contenido choqueante que golpe a las audiencias. Climax no está exenta de ellas, más bien, las dos últimas secuencias están plagadas de ellas.

Al igual que las piezas de Francis Bacon o las películas de Harmony Korine, hay que tener cierta predisposición antes de enfrentarse a ellas.

No hay mucho que entender en Climax, es para sentirla. Las dos grandes tomas se vuelven una representación del abismo, como Nietzsche lo planteó, que mira de vuelta.

Con Noé tampoco hay redención, menos héroes y personajes entrañables, solo un abismo lleno de desesperación que a ratos, tiene música electrónica y es precioso. En otros, se quiere sacar la piel de la cara e intentar violar a un hombre.

Cierto trasfondo existe: La identidad francesa, el sexismo institucionalizado, la desesperación en una carrera compleja. Son innecesarios. Noé, sobre todo en Climax no pretende dar con una cinta que busque alinear un nuevo sistema moral.

No hay que entenderla a un nivel intelectual ni personal, deja que fluya en un plano corporal, al que muy pocos directores aparte de Cronenberg pueden decir que lo han logrado. Es él, en fondo, pero más en forma. Es Noé haciendo lo que sabe hacer. Es Noé siendo el enfant terrible.

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