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Canto para una Semilla: Vida, pasión y muerte de Violeta Parra

3 octubre, 2017

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Canto para una Semilla: Vida, pasión y muerte de Violeta Parra

En el centenario de Violeta Parra les traemos un disco cargado de puro talento. Uno que no es cantado por ella, sino por el grupo Inti Illimani y la hija de Violeta, Isabel Parra.

Es un disco super olvidado, entre otras cosas quizás porque fue editado en 1972 por el sello DICAP (Discoteca del Cantar Popular), de propiedad de las Juventudes Comunistas de Chile. Obviamente, al año siguiente se pudrió todo.

Llegó el Golpe de Estado de 1973 y los militares allanaron la sede de DICAP, destruyendo los másters y los originales de los discos.

Muchos de quienes tenían una copia debieron destruirla o les fue decomisada. Hoy, el disco no está disponible para su compra física ni digital, y sólo hay algunas huellas en internet junto a los pocos afortunados que guardan una copia.

La creación

El Canto Para Una Semilla no es más que la fusión del talento setentero chileno. Muy izquierdoso, hay que decirlo, pero con talento de sobra.

Los versos son de la mismísima Violeta Parra, quien había empezado a escribir su autobiografía en décimas, a petición de su hermano antipoeta Nicanor Parra. El libro eso sí no fue del todo terminado por ella, pero se publicó en 1970 a tres años de su suicidio.

El director de orquesta Luis Advis, creador de la Cantata Santa María de Iquique, decidió tomar esos versos y hacer otra cantata, igual de pulenta. Escogió a los Inti Illimani para la música, y llamó a Isabel Parra para hacer la voz femenina. En los relatos estuvo la destacada actriz de teatro y cine Carmen Bunster, de quien no sabemos mucho porque en 1973 se fue exiliada (adivinen por qué) y murió en 2012 en Costa Rica.

Luis Advis armó un relato contanto varias etapas de la vida de la Violeta, su infancia, sus amores, y sus preocupaciones sociales. Un disco digno de revisarse.

Empecemos

El disco comienza con el relato de Carmen Bunster, narrando en el rol de la Viola el amplio abanico de facetas de su vida que exploraremos.

Luego, la música. Los Parientes nos cuenta de la familia de Violeta. Sus abuelos, uno músico de campo, otro capataz de un fundo. Sus abuelas, mujeres campesinas y ligadas al canto popular. También sus padres, un profesor de música y una cantora de campo. Cómo no iba a salir inquieta por los sonidos si viene de esa cuna.

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La siguiente pieza habla de La Infancia, época dorada de todo el mundo. El relato nos muestra que de niña era bien chúcara la Violeta Parra. “Como nací pata’e perro / ni el diablo me echaba el guante. / Si con la escuela inconstante, / constante para ir al cerro”. Era de esperarse.

De ahí, El Amor. El duro paso  la cantautora por el amor. El relato termina explicando la visión de la Viola.

Entré al clavel del amor / cegada por sus colores, / me ataron los resplandores / de tan preferida flor. / Ufano de mi pasión / dejó sangrando una herida / que lloro muy conmovida / en el huerto del olvido. / Clavel no ha correspondido, / qué lágrimas tan perdidas. 

La Violeta sufrió caleta por amor, pero hizo mucho más que eso. Hay gente que la quiere descafeinar un poco, mostrándola como una campesina que amaba mucho y cantaba tonadas bonitas. Pero no se puede omitir el contenido social de su obra, contando las penurias de los chilenos pobres de la época (que eran hartos más, hartos más pobres y mucho peor tratados que hoy en día).

El Canto Para Una Semilla no evita el tema (y cómo no, si se grabó en el sello de la Jota). El relato que sigue a El Amor comienza con la Violeta retándose a sí misma: “Aquí tiene mi pañuelo, / señora, seque su llanto”, se dice, recordándose que hay cosas más graves e irreversibles en la vida. Ironía.

Este relato es seguido por tres piezas que recalcan la visión de la sociedad que ella tenía: El Compromiso, La Denuncia y La Esperanza. Son canciones donde, además, a modo de estribillo se repiten los mismos versos:

No puede ni el más flamante / pasar en indiferencia / si brilla en nuestra conciencia / amor por los semejantes.

Amor. Sí, amor. Luis Advis nos quiere hacer ver la real motivación detrás de tanta rabia, de tanta urgencia, de tanto encabronamiento con los cuicos y poderosos. Violeta Parra siempre sintió amor por sus semejantes, por cristiano que suene el asunto.

Pa’ uno como millenial (?) es difícil entenderlo, pero si pensamos en el país que relatan los artistas de la época veremos a un Chile tan pobre que ni lo imaginamos. Acuérdense de los “Piececitos de Niño” de la Gabriela Mistral.

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Violeta Parra canta en La Esperanza su ilusión porque todo esto cambie. Muy a su estilo, una mujer de izquierda en la guerra fría, pero lo hace. La canción es potente, la canta José Seves del Inti Illimani.

El disco justo inmediatamente nos habla de la muerte de Violeta Parra. La trata con cuidado, tomando en cuenta lo reciente que era y que su propia hija participa cantando.

Es un viaje, quizás su visión estando sola en su carpa de La Reina con la pistola aún en sus manos, su frente ensangrentada, caminando lentamente hacia lo que sea que haya después de este mundo.

La obra termina con un recitado de versos de Gracias a la Vida sin mencionar al hombre que ella ama, mostrándonos su versión de la vida. Luego, la Canción Final recoge versos de la narración de Violeta estando en el V Festival de la Juventud y los Estudiantes en Varsovia, en la Polonia comunista.

Eso sí, los versos invitan a la unidad latinoamericana para que la tortilla se vuelva.

El Canto Para Una Semilla ha sido muy mal tratado, por eso lo traemos. Como somos paleteados, les dejamos el disco entero, para que Violeta Parra siga viva en nuestros corazones <3

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