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Bright: Cuando la crítica hila demasiado fino

4 enero, 2018

Bright: Cuando la crítica hila demasiado fino

He leído un montón de mierda sobre Bright. Un montón. Desde gente que la tacha de vacía (muy poco de eso) a desperdiciada (bastante de eso), algunos más radicales que dicen que es asquerosa a otros que señalan que simplemente no funciona y yo digo, COLOR. Mucho color.

Entender Bright como una simple buddy cops movie con elementos fantásticos como enganche, la verdad amigo, no es muy complicado.

El asunto está en que muchas veces, esperas demasiado de premisas que si bien pueden dar un montón, el tono superfluo es el que le basta al director para transmitir su mensaje. Porque cabros, no todo tiene que tener un lore, un universo expandido, ni una explicación sobre X cosa.

A veces, las cosas son simples. Y eso está bien.

Bright parte de una premisa loca e interesante. Vivimos en un mundo en donde Los Angeles convive con una serie de elementos que amalgaman una ciudad corrupta, llena de pandillas y delincuencia, junto a seres mágicos como orcos, duendes, dragones, hadas, y otros. Como dije, la idea es simple y atractiva.

Estos elementos mágicos son en el fondo, una metáfora rudimentaria sobre las clases sociales, la desigualdad, el apartheid y cómo estos fenómenos sociales se siguen reproduciendo.

En Bright, los orcos, son marginados, son un ghetto, los elfos, son los cuicos, los pijos, los humanos siguen siendo humanos, y etc.

La pareja de policías principales interpretados por Will Smith (como muchas veces, haciendo de sí mismo) y Joel Edgerton (Jakobi,un orco rechazado por los suyos al ser policía, y un policía rechazado por los suyos por ser un orco) son una una metaparodia de la pareja de policías que no funcionan y que deben aprender a trabajar juntos para sobrevivir un noche llena de violencia por parte de múltiples grupos que quieren quedarse con un artefacto mágico que podría cambiar la sociedad para siempre.

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Eso es todo. No hay más. Tampoco tiene porqué haberlo. La cinta tiene una estructura clásica en donde los personajes que al principio no se soportan (o mejor dicho, uno no soporta porque el otro es en extremo naive), terminan trabajando juntos y viene decorada por la seña de identidad visual de David Ayer,  llena de gangsta urbano, rap, delincuencia callejera, y -tosca- denuncia social.

Un director que tras su nefasto paso por Suicide Squad (película que siempre le penará) termina acá encontrando algo de redención en lo que respecta a trabajar en una cinta de mero entretenimiento. Y ese es un punto que quizá la crítica todavía no termina de entender del todo. Hay cintas y cintas.  Y sí, quizá le podríamos pedir a Ayer que nos diera un apartado mucho más trabajado en el desarrollo de personajes, ser más ambicioso con el mundo que proponen, no por nada el tipo fue guionista de Training Day, pero, ¿en verdad queremos darle una épica dramática a un cinta policial callejera en la que hay elfos?

Bright está lejos, muy, muy, muy lejos de ser una cinta profunda, compleja, y es cierto que desperdicia en muchas ocasiones la oportunidad de ser una sátira inteligente sobre la justicia, la ley y el apartheid, pero a veces, los mensajes simples son mucho más digeribles, y optar por ese camino, no es un pecado.

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Un pecado habría sido volver a trabajar en la lógica de producción de Suicide Squad, y por lo visto, acá el hombre toca sus teclas favoritas, en un envase pop y despreocupado. Una cinta liviana, sin mayores pretensiones, que a tenor de lo visto por las reacciones de la gente, ha gustado un montón, sin nadie enarbolando ni una bandera de obra maestra, sino más bien, valorando la propuesta por lo que es. Una cinta para entretenerse. No seamos más papistas que el papa.

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Periodista. Fundador de Plan9. Weón fome.