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Balada para un vaquero espacial: 21 años de Cowboy Bebop

3 abril, 2019

Balada para un vaquero espacial: 21 años de Cowboy Bebop

En 1977 se estrenó Star Wars. Shin’ichirō Watanabe tenía 12 años cuando eso sucedió. Uno pensaría que lo marcaría a fuego, despúes de todo es responsable de unas de las reimaginaciones espaciales orientales, más populares, de, bueno, occidente.

Pero no, la verdad es que Watanabe no obtuvo influencia alguna de la trilogía original de Star Wars (que a su vez, bebía indiscriminadamente del cine de Akira Kurosawa) en un inicio. Si no más bien, paradójicamente de sus precuelas. Las infames precuelas.

«Hubo un murmullo muy real en las calles con respecto al renacimiento de Star Wars que hizo que todos estuviéramos emocionados.

Esto despertó el interés de la división de juguetes de Bandai en producir algo con naves espaciales como elemento central: pensaban que tanto la serie como el merchandising se venderían bien. Por este motivo la oferta de mi proyecto ‘Bebop’ fue aceptada»


De todas maneras, es sabido que aunque Bandai (uno de los auspiciadores) había dicho «Mientras haya una nave en ella, haz lo que quieras»  lo presentado, no fue del agrado de la juguetera.

Eso sí, la subfilial, Bandai Visual, decidió retomarlo sin ninguna imposición. Así que a veces, de los juguetes salen cosas buenas.

Si no lo hubieran hecho, podríais haberme visto trabajando de cajero en el supermercado.

Y bien que hicieron. Bebop debe ser por lejos, una de las obras más populares dentro de lo que a estas alturas, es animé clásico para los que rondamos la treintena. Y además, punta de lanza en la cruzada ya conquistada de considerar el animé como una forma válida de relato maduro.

El hecho de que ya cumpla 21 años y siga igual de vigente, es solo una de las pruebas fehacientes de que hoy, como sociedad cambiamos. Si me preguntan, la transición en Chile se completó, cuando todo un rango etáreo y generacional es capaz de entender una referencia como See you space cowboy…

Vaqueros, cine negro y el espacio

Bebop fue el primer trabajo como director de Watanabe. Por lo menos de autor. Si bien venía de trabajar en 1995 en la bien recibida Macross Plus, en la que codirigió junto a Shoji Kawamori, creador de ese universo en particular y guía del proyecto, junto además a la ya consagrada, Yoko Kanno. No fue hasta Bebop que su voz realmente se hizo notar.

Y es que en Macross, contamos ya con señas de identidad que van desde el arte y el trazo, hasta la concepción occidental de mucho de su estética. Pero no fue hasta que llegamos a Spike y compañía, en donde podemos apreciar las obsesiones particulares de Watanabe.

Un mundo creado sin pensar precisamente en occidente como público objetivo, pero sí, como material base para su obra. Algo palpable en su continuación espiritual/temática que es Samurai Champloo. Watanabe, ama occidente, y se nota. Ama mezclar mundos, estéticas, acervos culturales.

No es casualidad que el mundo creado por Watanabe esté tan marcado por el aura de vaqueros y detectives. Si la humanidad evoluciona hacia las estrellas, los procesos industrializados nos dicen que el crecimiento nunca será de manera homogénea. Y no es la conquista del espacio, un símil de la conquista del oeste?

Al mismo tiempo, no son los bounty hunters, y los detectives privados la evolución natural del cowboy? Gente sin ley, o marginal a ella, que entra en acción cuando la primera es insuficiente.

De hecho, el cine negro y el cowboy convivieron en perfecta armonía durante la década del 30 en USA. Esto guardaba una estrecha relación el sector en donde vivía su público.

Warner tenía muchos cines suburbanos y se especializó en películas de gangsters. Fox tenía cines de cortes rurales, y puso foco en westerns, por lo que el fin de una era y el comienzo de otra hegemónicamente cultural (el cine negro y el western) es algo que alcanzó a tener una simbiosos media extraña en algún minuto.

Y Watanabe toma lo mejor de ambos, y lo ocupa como zeitgeist para su obra que convive en estas estructura sociales rotas, con promesas de un futuro que nunca llega. Se acuerdan de los viejitos que discuten quién ayudó a colonizar Marte?

Cuando estábamos produciendo Cowboy Bebop nunca pensamos que un anime tendría un impacto tan grande por estos lugares. Así que no vimos películas del oeste para exponerlas en nuestro proyecto. Simplemente hicimos cosas que nos divirtieran y el hecho de que fuera aceptada de tal forma en el oeste fue lo más sorprendente.

Yo crecí viendo cine estadounidense. Así que me hizo feliz que la gente de acá disfrutara mi trabajo porque, como dije, de alguna manera fui criado en sus cosas.

El momento que representó el impacto más fuerte para mí aquí involucró a Ed porque fue un personaje que creé pensando que ninguna persona en la vida real sería como ella. No obstante, cuando fui a Texas había alguien haciendo el cosplay de Ed y fue como si ella hubiera salido del anime. Si Ed viviera en la vida real, seguramente sería como ese cosplayer que vi.

¿No es eso acaso un gran impacto?

La serie contó con un equipo de producción liderado por Watanabe y compuesto por Keiko Nobumoto (guionista), Toshihiro Kawamoto (diseñador de personajes), Kimitoshi Yamane (diseñador mecánico) y la mencionada Yoko Kanno (pianista y compositora) que a lo largo de sus 26 episodios, y una accidentada, censurada y moificada transmisión original en el Japón natal, tuvieron una recepción, moderada.

De hecho, de sus originales 26 episodios, solo se transmitieron 12 pues el contenido no era apto para televisión abierta.

Recortaron muchas escenas y cambiaron muchos diálogos. Me pareció muy mal lo que hicieron, pero por suerte, el canal WOWOW la acabó emitiendo tal y como yo la había pensado. Esa fue la primera emisión completa de la serie.

Y ahí, la cosa cambió.

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Cuando Bebop llegó a occidente, se disparó como fenómeno cultural. Gran responsable es también su BSO. Un producto de calidad superior porque, convengamos que el animé también entra mucho por los oídos, y con un opening así, poco quedaba por hacer para no rendirse a sus pies.

Yoko Kanno armó exclusivamente para la serie, una banda: The Seatbelts.  Y utilizando ritmos heredados de la mejor tradición del bebop que además da nombre a la serie, logró crear un sondo identificable, pegajoso y con una personalidad irrepetible a tal punto, que mucho de lo que realizó Watanabe, se vio influenciado por lo que Kanno creaba para la serie.

Kanno comentaba que «La música fue una de las primeras partes de Cowboy Bebop que comenzaron en producción. Antes de que los personajes y la historia fueran si quiera completados»

Hay una gran diferencia entre las bandas sonoras de producciones de Hollywood y de anime japonés, porque las escenas se construyen de manera diferente y se exploran ideas diferentes. Convertir escenas que durarían breves segundos en macromomentos».

La promesa de un futuro roto

Los personajes en CB, eso sí, deben ser por lejos la mejor arista desarrollada en la obra. La tripulación de la Bebop es entrañable, querible, y con personalidad.

Spike, Jet, Ed, Ein y Faye, son perdedores, y tal como lo dice Starlord en Guardianes de la Galaxia (que nuevamente es otra obra moderna que somatiza para sí, estética retro con el espacio) son perdedores, porque todos han perdido algo. Literal y figurativamente. Un amor, un brazo, un padre, la memoria. En Cowboy son todos huérfanos de sus propias emociones pero no por eso, dejan de huir y se sientan a vivir su propia autocompadecencia.

Escapar del pasado para afrontar el futuro sin nombre es la promesa en es western espacial. Ciudades en las que puedes siempre partir de cero, ser alguien diferente, y olvidar lo que hiciste. En Bebop, todos están rotos y esa amalgama que los une, también es la razón de su disolución.

Al final pareciera que es la historia fatal y profética de gente que jamás esperó tener nada en la vida, y que por un breve momento, pareció conocer algo parecido a una familia.Eso y mucho más es Cowboy Bebop, hoy cumple 21 años. Quizás sea la hora de volver a ellos por un rato.

Nos vemos en el espacio, vaquero…

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Periodista. Fundador de Plan9. Weón fome.