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Avengers: Infinity War romper las reglas, siguiendo las reglas

16 agosto, 2018

Avengers: Infinity War romper las reglas, siguiendo las reglas

El principio dramático del “arma de Chéjov” dice que en la narrativa, los elementos deben ser indispensables, o simplemente no lo son:

“Elimina todo lo que no tenga relevancia en la historia. Si dijiste en el primer capítulo que había un rifle colgado en la pared, en el segundo o tercero este debe ser descolgado inevitablemente. Si no va a ser disparado, no debería haber sido puesto ahí.”

No es raro pensar en eso, cuando Marvel ha hecho durante 10 años, solo una cosa: Allanar terreno para Infinity War. Una película que no es perfecta. No destaca por su fotografía, plagada de escenarios de croma, ni por sus diálogos especialmente profundos o por su complejidad dramática. Es lo que es. Es un blockbuster. Ni siquiera uno muy-muy bueno. Pero si es un montón de otras cosas.

Esta es una reseña con spoilers, muchos spoilers, o quizás no, no sé qué es lo que ustedes entienden por spoilers, pero si sé una cosa. Infinity War es lo más parecido a una cómic narrativamente. Y eso está bien.

En el comienzo, no había nada

Y no es broma. En 2007, en la CCSD se presentaba por primera vez un avance de Iron Man. Lo recuerdo perfectamente. Fue también, cuando se presentó un teaser de Dark Knight. Era breve. Iron Man volaba y se enfrentaba a unos aviones de combate. Sonaban los acordes del clásico de Black Sabbath. Todo el mundo gritaba.

Lo que no todos recuerdan quizá, es el hecho de que en ese tiempo, Marvel — a secas, sin Walt- estaba recién salido de su peligro de quiebra. Y la jugada de fundar Marvel Studios, era con mucho de apostar a ciegas. El mismo Bridges (quien interpretaba aObadiah Stane) lo decía.

“¡No tenían guión, man! Tenían un esquema “(…) ”Llegábamos a grandes escenas todos los días y no sabíamos qué íbamos a decir”.

Iron Man se hizo prácticamente sobre la marcha. Pudo ser un desastre, pero Robert Downey Jr, en su infinita destreza dio forma junto a Favreau el puntapié inicial y les resultó. Les resultó mucho. Y la famosa escena post crédito con Nick Fury, hablando de la iniciativa Avengers preparó lo que tenemos hoy en salas. Porque Infinity War es un logro del mercado.

Es una nueva manera de entender el entretenimiento que acertó en tono y estilo; y aunque es un logro apoyado por una de las corporaciones de entretenimiento más grande del mundo, no deja de ser curioso pensar que quizás estámos atestiguando el cenít de un fenómeno cultural que va a marcar por lo bajo, la próxima década del entretenimiento.

No es menor, son 10 años de referencias cruzadas, de personajes hoy masivos y antaño desconocidos que se dan cita en una película de poco más de dos horas y media, y en la que todo anda aceitado, sobre ruedas, y rapidito. Porque todo ha sido escrito para llegar a este punto.

Avengers es el triunfo de una idea loca, porque apostaron por llevar la dinámica serializada del cómic y el pulp, al cine.  Al igual que hoy el streaming de música nos devolvió paradójicamente a los 50, con el valor del single por sobre el álbum, Marvel, de cierta forma nos devolvió al cine de matiné de los 30 en el que la gente iba a ver series al cine (y las noticias) de forma regular, en una historia que nunca acaba.

Infinity War es al igual que su material fuente con multiples comics que arman el camino, la culminación de un procesos que estuvo lleno de películas buenas, mediocres, malas, aciertos, desaciertos, sorpresas y cosas tradicionales. Y hoy, lo de los hermanos Russo es la materialización de esa idea. Con todo lo que esto conlleva.

Arquitectos del género

Uno de los grandes aciertos de Infinity War es tener a los hermanos Russo detrás de la pantalla. Anthony Russo y Joseph VRusso son los hombres detrás de dos de las series más bacánes del mundo: Arrested Development Community.

La expertise de los hermanos Russo sobre el cómo entienden las reglas narrativas del género, es evidente. Es cosa de darse la vuelta un rato por alguna de las series mencionadas para darse cuenta de que sobre ellas, hay un montón de trabajo de exploración de otros géneros, aplicados a sus shows.

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Los Russo, ocuparon como campo de pruebas, la comedia, uno de los géneros más complejos de trabajar para dar rienda suelta a sus obsesiones, gustos y experimentos que los llevarían a tener una experiencia sólida para manejar esos códigos narrativos.

Un conocimiento palpable en la sólida propuesta que fue por ejemplo Winter Soldier, y Civil War que aunque defenestrada por los fanáticos weás que siempre quieren ver lo mismo como un calco, desarolla ejes súper importantes que incluso, a nivel narrativo hoy tienen mucho más peso de lo que podríamos creer en el UCM.

“Lo que tratamos de hacer con Civil War, es tratar de representar ambos lados del problema y asegurarnos de que tanto Cap como Tony tuvieran razones muy emocionales para hacer lo que estaban haciendo así como buenas razones para hacer lo que estaban haciendo”.

Porque eso es importante. Los hermanos entendieron que Marvel, es la casa de los supers con problemas. Sus problemas no son tanto sobre vigilancia y control estatal, o filosofía sobre la moral de ser un héroe.

Son problemas emocionales, nacidos de la dualidad de ser un héroe y ser un paria (Spiderman), ser un héroe, y ser un alcohólico (Iron Man) ser un héroe y ser un hombre con valores morales anticuados (Cap). Etc.

Los Russo han entendido por sobre todas las cosas, que, en este caso, Infinity War debe ser el fin del viaje emocional principalmente del hombre que inició este universo, Tony Stark.

Pero para aquello, se mantienen apegados a las reglas del juego. Hay una estructura inalterable que funciona como reloj. Hay escenas en donde pasan “cosas” cada 10 minutos, intercambiadas por diálogos entre los personajes que van haciendo que la historia avance. Hay chistes. Hay oneliners. Hay catchphrases. Pero aún así, logran formar una historia coral, consistente, y que desarrolla el arco de los protagonistas de forma eficiente, dejándonos con un buen gusto de boca tras la prima mitad de esta historia.

En el fondo, los Russo ocupan todos los elementos narrativos a su disposición para poder contar la misma historia que sabíamos que íbamos a ver, y aún así, jugársela para sorprender con decisiones bastante inesperadas.

Ser un cómic, sin ser un cómic

“Hubo una idea. Reunir a un grupo de personas extraordinarias. Para ver si podíamos convertirnos en algo superior. Para que cuando nos necesitaran… pudiéramos librar las batallas. Que ellos nunca pudieron.”

Recita Samuel Jackson en la primera Avengers. Una frase que define y justifica a un grupo de supers. Uno que porfin tiene sentido en la pantalla grande sin ser abiertamente naif.

Sin duda alguna hay muchas películas que han intentado emular la lógica del cómic. Y varias lo han logrado. Principalmente eso sí, en lo estético. En la forma. 300, Scott Pilgrim, Sin City, The Spirit (aún siendo como el nepe), Darkman, The Hulk son ejemplos claros de que el comic visualmente se puede adaptar.

Pero Infinity War no quiere ir para allá. Quiere apostar por otra lógica. En el fondo, la última entrega de los Vengadores tiene más relación con cosas como Rocketeer, o Split/Unbrekeable que con obras que buscan emular lo estético.

Quieren ser un cómic., o más bien, la primera película basada en un cómic evento. Su lógica es la misma. No nos detenemos a preguntarnos quién o qué hace cada personaje. Los conocemos. Sabemos quienes son y sabemos qué quieren. Y si no lo sabes, al igual que en las historietas, pues, anda y leélas. Tuviste 10 años para ponerte al día.

En Infinity War las cosas avanzan porque todo está hecho para que avance hacia donde tiene que llegar. Y la mejor manera de contarlas es ir haciendo tandems de equipos, para luego llegar a un punto álgido de dos bandos.

Claro, Thanos “gana” y pasa lo que tiene pasar. Es obvio. El suspense es una herramienta de marketing muy poderosa, pero no solo eso emula. Infinity War cierra el arco de Iron Man de la manera más satisfactoria posible. De un socarrón vendedor de armas que le dice al mundo “Yo soy Iron Man”al hombre que sobrevive a un genocidio intergaláctico.

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Una confluencia natural que atraviesa seis cintas y que nos muesta al personaje de Robert Downey Jr. pasar de ser el jugador solitario, egoísta y autocomplaciente (y que en algún momento de Avengers diga: “Cumplir órdenes no es mi estilo”) a una persona traumada que intenta proteger a toda costa sus cercanos. Una persona que vive con el miedo palpitante a perderlo todo.

Tony Stark es un personaje que constantemente está pidiendo disculpas. Quiere arreglar las cosas (la lógica del mecánico) aunque su personalidad no le permita hacerlo sin rozar la autocomplacencia.

En la primera, pide disculpas por hacer armas, en la dos, por el legado de su padre, en la tres, por la culpabilidad de los sucesos de New York, en Ultron, quiso arreglar las cosas y terminó creando un robot homicida lunático, y así. Stark, termina siendo un hombre cuya culpa lo motiva a ser un héroe.

Y si en Civil War, se pone de la vereda que quiere regular todo (por un sentido de la resposabilidad y la culpa tremenda) en Infinity War es víctima de su temor más grande. Quedarse solo. Y eso pasa.

Si eso no es desarrollar un background, no sé qué es. En el fondo, y como mencioné bajo la idea del arma de Chéjov. Infinity War, es el desglose de cada uno de los elementos dispuestos durante todo este tiempo en el UCM demostrando que la planificación de Feige como arquitecto de este mundo, ha dado sus frutos.

El regalo perdido

Detesto ese concepto de “el niño interior”. De hecho, creo que le hace daño en general a la sociedad esta generación de adultos apendejados que creen que porque un personaje no es igual que sus comics, queman las naves. Pero si Infinity War logra algo, es evocar ese sentimiento de cabro chico. En un buen sentido. Esa sensación de leer los comics encerrado dentro de un armario, con una linterna en la noche, y querer saber que va a pasar.

Hoy el panórama es completamente diferente pero el fin es el mismo. Hay niños que nacieron con el Capitán Ámerica instalado como un ícono multicultural y durante una década y más de 19 películas, series en streamings y muchos otros subproductos, Marvel se ha posicionado como una de las marcas más valiosas de todos los tiempos. Pero todo lo que puedan hacer de ahora en adelante, a mi juicio, da un poco lo mismo.

Porque lo importante, es el hecho de que concretaron la promesa nacida hace 10 años atrás. Y al igual que en un cómic, quizá, no todo es perfecto, pero el viaje definitivamente valió la pena, por lo menos hasta que podamos leer el próximo número, porque con Infinity War hoy seguimos igual de emocionados que cuando Fury entra a la habitación y le dice a Stark:

“Vengo a hablarte de la iniciativa Avengers”


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Periodista. Fundador de Plan9. Weón fome.