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Aquí no ha pasado nada: Romper la burbuja

15 septiembre, 2017

Aquí no ha pasado nada: Romper la burbuja

Fernández Almendras es una rara avis dentro de nuestra escena cinematográfica actual.

Poseedor de una mirada de nuestros estamentos sociales muy aguda, no teme contrastar las realidades en una amalgama de poesía y contemplación visual, junto a un acercamiento narrativo con códigos propios del cine mainstream tradicional.

Este sincretismo ya estaba presente en Matar a un Hombre. Un thriller criollo que demuestra nuevamente que se puede hacer propia la recursividad del lenguaje audiovisual más efectista, sin perder mirada y mucho más importante, sin perder al espectador.

Es por eso que Aquí no ha pasado nada es una obra ecuánime dentro de su filmografía.

Un paso natural, lógico y que utilizando el recurso mínimo, cuenta una historia que de mínima no tiene nada, reflejando la imposibilidad del sistema de poder luchar contra sus propias características.

Ficcionalizando los hechos acontecidos del caso Larraín. El atropello de Hernán Canales por parte de Martín, despertó en Chile una polémica siempre latente sobre la capacidad de coaccionar que siempre ha tenido la elite, y que terminó resultando en dos juicios sin resultado alguno para el hijo del senador Carlos Larraín, pero con pena de cárcel para dos de sus amigos.

En este caso, Vicente, un joven de clase acomodada que vive en Los Ángeles, regresa a Chile para pasar el verano en la casa de sus padres en Zapallar. En medio de frecuentes (y predecibles) jornadas de alcohol, drogas y sexo, se ve involucrado en el atropello de un pescador local.

Estaba tan borrado que no recuerda su participación pero si recuerda que el hijo de un poderoso político lo hacía, ahora verá como su vida da un giro al momento de verse presionado para echarse la culpa.

Aquí no ha pasado nada entonces, se construye como una especie de catarsis para que no olvidemos que nuevamente se terminó demostrando (una vez más) que  la justicia está al servicio del dinero y el poder. Una historia que por momentos se antoja tan arquetípica, que llega  a ser irreal, aunque sabemos que eso ES así.

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Almendras construye un relato íntimo y retrata a una clase social que al día de hoy sigue viviendo en una burbuja hasta que se enfrenta a la realidad demasiado tarde.

Y lo tiene muy claro. En  alguna ocasión señaló:

“Vivimos en la ciudad más segregada de Latinoamérica, lo que ya es un síntoma. Lo que busca la gente en Chile es poner una gran pared o una muralla infranqueable si ganas veinte mil persos más que el otro. Y si gano muchísmo más, me armo un barrio, pongo globos que espían a la gente pobre de mi comuna. Yo pienso en eso, en el vecino de Lo Barnechea que está asustado por los vecinos del Cerro 18, donde su problema no es el resto del mundo sino su pequeña burbuja”.

Pero la existencia de un trabajo así en la carrera del director no es antojadiza. Parte de la identidad forjada por el director, pasa en una primera instancia por su formación de periodista dentro de la Universidad de Chile, que se nota, como parte de la matriz que forma su obra.

Al igual que en Matar a un Hombre, o Sentados frente al fuego, el director chillanejo trabaja parte de algunos de sus tópicos habituales como la justicia (o mejor dicho, la inexistencia de ella) por medio de personajes ordinarios que ven enfrentados sus sistemas de creencias cuando un suceso tuerce irrevocablemente sus vidas.

Protagonizada por Agustín Silva, Alejandro Goic, Luis Gnecco, Paulina García, Daniel Alcaíno y Augusto Schuster, Aquí no ha pasado nada juega con la lógica del desentendimiento del poder con las consecuencias del ejercicio del mismo.

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Con respecto a los apartados relacionados netamente con las aristas técnicas. Aquí no ha pasado nada es continuista del estilo de Almendras, minimalista, en extremo sencillo y que deja que su guion y uso de la semiótica se haga cargo de las lecturas simbólicas que se pueden desprender de una obra de estas características.

Alejandro decide construir mediante planos más cerrados (a diferencia por ejemplo de Sentados frente al fuego) la intimidad de una clase que sigue reproduciendo lógicas heredadas de sus padres.

Es por medio de su cámara casi espía que logra hacernos sentirnos cómplices de gente víctima y victimaria. Todo un logro para una historia que en otras manos, no habría pasado de ser una historia de malos muy malos, pero que acá es peor, porque acá, al final, literalmente, no ha pasado nada.

Y eso es el mejor reflejo del Chile de Almendra

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Periodista. Fundador de Plan9. Weón fome.