El Infinito

ALTA FIDELIDAD: Powerslave de Iron Maiden (1984)

31 agosto, 2016

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ALTA FIDELIDAD: Powerslave de Iron Maiden (1984)

Iron Maiden. Vaya, ha pasado mucho tiempo ¿No, viejo amigo? No es una banda de música, es una institución que cruza horizontalmente treinta y seis años de personas, de hombres y mujeres que sintieron ese… algo.

El metalero nace con un órgano extra, uno que le permite sentir placer en composiciones musicales complejas que no se supone que suenen bien. Va más allá de encontrar belleza en lo feo, es más bien sublimar nuestros sentidos en una experiencia más allá de los odios, es música que se escucha con el estómago, la espalda y el corazón. Es como describir un color, es instintivo.

Para mi, descubrir Iron Maiden fue un golpe de suerte acaecido entre la niñez y la adolescencia.

Era mi primer MP3, lo recibí como regalo de navidad, 256 mb de puro poder concentrado ¿Se imaginan llevar 50 canciones al alcance del bolsillo? Hemos avanzado mucho desde el 2004.

Y los eventos subsiguientes son confusos para mi, no se preocupen que mi memoria era igual de mala a los 12 años. Pero Powerslave se quedó conmigo, era como probar un chocolate por primera vez, un vaso de agua después de años en el desierto, tan nuevo, tan revolucionario, pero tan familiar y cercano a la vez que me cuesta digerir todo aquello, incluso 12 años después.

Es una edad extraña, uno persigue sentirse parte de algo mientras que las cosas de antaño no se sienten igual, como decía Bart Simpson “el postre ya no te sabe como antes”.

Buscas nuevas experiencias con el corazón lleno de azúcar y las bolas llenas de pelo, deslizándote entre hacer estupideces y cosas estúpidas que te hacen sentir orgulloso, toda esa exploración diluye las líneas entre lo sexual y todo lo demás, incluyendo la música. No tengo ni un ápice de vergüenza en aceptar que tuve una erección las dos horas y media que duró mi primer concierto, porque es así como se supone debe ser la vida.

Iron Maiden me despierta esa clase de pasiones. Podría desvivirme escribiendo aspectos técnicos, de cómo Powerslave marca un antes y un después en la banda, al soltar la mano del Brit Punk sazonado con Hard Rock y saltar de lleno en el territorio inexplorado del Heavy Metal más puro, con la inclusión de Nico McBrain marca el preludio al segundo mejor álbum en vivo de todos los tiempos: Live After Death y cuanta weá.

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Pero no, esto es íntimo y voy a intimar lo más que pueda de la mejor forma que sé. Puede elegir cualquiera de los nueve primeros álbumes de Maiden, todos son sin exagerar igual de buenos, igual de trascendentes, porque envejecieron como el vino. Pero ya, Number of the Beast es muy fácil y de Powerslave tuve el disco físico.

Son ocho temas, cuatro de los cuales se han vuelto invitados de piedra en cuanto concierto hacen los cabros de Maiden ¿Los otros cuatro? Canciones de culto para grandes y chicos.

Contrario a la creencia popular, Aces High no parte con el discurso de Churchill en la versión del disco. Es un tema seminal, estrella de la mañana en la obra de Maiden que posee un galope otrora inigualable, hace de esta intro partes iguales de genialidad y talento. Le sigue de cerca Two Minutes to Midnight, representando el temor nuclear de la guerra fría de forma casi dicharachera y lúdica, con un riff reconocible en todo occidente.

Losfer Words es un instrumental potente que mantiene el ritmo constante y el tempo veloz, sólo una pequeña muestra de poder que nos mantiene en calor para Flash of the Blade, cuya intro sencilla esconde un temazo que lleva a Bruce Dickinson al límite de su registro vocal, dicho sea de paso no lo ha vuelto a cantar en vivo.

The Duelist, el tema más sencillo del álbum, pero a la vez el que mejor refleja el espíritu de la banda, no deja de sudar “Maiden” por todos sus poros. Es un tema redondo, de galope tradicional que mantiene la sensación de dramatismo y nos hace cuestionarnos ¿Por qué no pueden emular esta sensación ahora? Back in The Village es la calma antes de la tormenta, un tema mucho más cercano al Maiden de Killers que a la era Dickinsoniana.

El clímax está aquí. El tema homónimo que da nombre al álbum Powerslave llega como un martillo envuelto en amor por el género. El sonido metálico de las guitarras se entremezcla con el juego de velocidades que Steve Harris arma antes del solo, donde libera el puto infierno con sus dos minutos veinte de duración que te hacen volver a creer en la magia.

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Pero no termina ahí, digamos que eso sólo fue el comienzo de algo mucho más grande que la vida misma. Rime of the Ancient Mariner, una odisea de trece minutos que te hiela los huesos con una carga dramática brutal ¿Es el tema más lento del disco? Es posible, pero también el más épico y en mi nada de humilde opinión, el más potente.

Alta Fidelidad es tu nueva sección regalona de este sucucho.

Acá estarás frente a reseñas de discos fundamentales en nuestra propia vida. Nuestro exquisito gusto subjetivo te llevará por una inacabable lista de discos que creemos que debes escuchar una y otra vez, hasta volverte un ser humano perfecto.

Por supuesto, puedes enviarnos el tuyo. Lo publicaremos. Ya sea desde White Chalk de PJ Harvey hasta Cuentos de la Cripta 3 del Chombo lo importante es que sea de corazón. <3

Palabra de scout.

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