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Alta Fidelidad: My Chemical Romance – I Brought You My Bullets… (2002) La perspectiva que te da el tiempo

6 junio, 2019

Alta Fidelidad: My Chemical Romance – I Brought You My Bullets… (2002) La perspectiva que te da el tiempo

En gran medida a My Chemical Romance se le asocia con las chasquillas que cubren un ojo, pitillos negros y sombras de ojo. Y esa percepción a pesar de no estar equivocada del todo, es el reflejo superficial de otra cosa.

Disociar la identidad, en realidad, el estigma que creó el culto detrás de MCR es difícil. Dejar de lado las imágenes mentales de una pre y adolescencia que marcaron también es complejo, pero al fondo de todas aquellas mangas de rayas blancas y negras, se esconde un disco excepcional, uno que a lo tonto, ya tiene 17 años.

No es necesario ser tan rudo

El debut de la banda es el disco del que no se habla dentro de su carrera, por alguna razón que no me queda del todo clara. Es áspero en los bordes, pero detrás de la rabia teen se esconde un álbum que retrata de forma excepcional lo que es (fue) crecer al margen de una década tan rara como el principio del nuevo milenio.

I Brought You My Bullets... para ser el debut de una banda de New Jersey, es un disco redondo. El trabajo de producción realizado por parte Geoff Rickly (Thursday) se nota en cada tema. No hay relleno, no hay descansos entre cada riff y la rabia de la sección rítmica conformada por Pelissier y Way.

Con excepción de Romance que abre el disco y sienta el motivo detrás de éste, MCR demostraron que para hacer música agresiva no es necesario llegar a los extremos de Converge, ni tampoco a los de Ceremony y aunque fue uno de los flancos principales que se le atacaron en su minuto, el no ser tan «rudos» fue una cosa que Way demostró no ser necesaria para ser referentes de toda una movida.

La apertura de Headfirst for Halos se siente grandilocuente para luego abrir más camino en tan solo tres minutos y medio. Incluso dejando entrever lo que haría la banda en el aclamado The Black Parade (2004).

De hecho, si uno mira en hacia atrás; I Brought You My Bullets debería haber dejado en claro todo el increíble potencial de Way y compañía. Todo estaba ya ahí.

Drowning Lessons comienza directamente donde debería partir, con un agresivo riff de guitarra y breakdowns tomados de bandas de heavy metal; y como bien apuntó el mismo vocalista de la banda en Twitter, suena como una versión media gótica de Saves The Day cuando en el estribillo comienzan a acelerar el tempo y luego dejan entrar la guitarra principal.

Además, es el comienzo de los discos conceptuales de la banda, siendo el inicio de la historia de dos Demolition Lovers que culmina en el siguiente disco.

Una de las favoritas, tanto de Way como de los fanáticos, es Vampires Will Never Hurt You, un track que si bien no reinventa nada, además de la metáfora banal sobre «vampiros y sociedad», podríamos llamarlo la antesala del masivo Three Cheers For Sweet Revenge (2004), el disco que los lanzó a la cima de mainstream.

Thank You for the Venom, It’s Not a Fashion Statement, It’s a Deathwish y The Jetset Life is Gonna Kill You se pueden colgar perfectamente de ella y pasar a ser b-sides de un single.

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I Brought You My Bullets no tiene un Helena, ni I’m Not Okay (I Promise), menos una gigantesca The Ghost of You, pero están ahí las bases en bruto.

La canción más cercana, y quizás la mejor del disco es This is the Best Day Ever, donde la estructura está por todas partes, con distintos puentes y una segunda guitarra que aparece de fondo agitando los dos minutos de canción, pero está ahí la base. Es bruta, es adolescente; está cargada de potencial.

En Skylines and Turnstiles la banda demuestra una versatilidad increíble, no solo para hacer una mezcla de post-hardcore con una estructura genial entre verso-estribillo-puente, si no para crear atmósferas y ser melodramáticos.

Los gritos de Iero de fondo, la construcción del motivo de la canción por medio de un riff de guitarra al comienzo, los cambios de tempo; es una de las joyas de MCR. Y es ahí donde I Brought You My Bullets crea un espacio para atacar el estigma que tiene la imagen de la banda.

La perspectiva que te da el tiempo

Apreciar los dos primeros discos de My Chemical Romance es combatir una idea preconcebida. Luchar contra las imágenes de vergüenza que produce el pasado propio y de la época. De las malas decisiones y la adolescencia. Pero todos esos factores son lo que conforma la personalidad; apreciarlos es fundamental para el entendimiento propio. No es distinto con la música.

Way dijo alguna vez en 2007 que Honey, This Mirror Isn’t Big Enough for the Two of Us es sobre chupar penes a cambio de cocaina; si estaba haciendo una broma, fue divertida. En cambio, si se trataba de la realidad, todo el disco cobra aun más sentido.

A veces mirar en retrospectiva, sin usar lentes teñidos de nostalgia hace bien. El caso de My Chemical Romance es un ejemplo excelente de ellos. Luego de casi dos décadas, I Brought You My Bullets no suena anticuado en tiempos de trap y pop, es extremadamente refrescante sin asfixiar.

El disco, probó que la banda tenía un futuro prometedor desde temprana edad derribando en gran medida la idea preconcebida de ser una banda sin sustancia que solo estuvieron el momento preciso para explotar la popularidad del género. Porque a veces, ser teen no es sinónimo de vergüenza.

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