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Alta Fidelidad: Lorde – Pure Heroine

27 septiembre, 2018

Alta Fidelidad: Lorde – Pure Heroine

Llegué tarde a Lorde, demasiado tarde. Mirándolo en retrospectiva, esa tardanza se debe a mi propia adolescencia. Crecí con Dookie (1994) de Green Day, en esos años, sentía la empatía de un grupo de hombres que lidiaban con su sexualidad, con masturbarse apenas tenían la oportunidad y una desidia estúpida por el mundo.

Pude haber visto a Lorde presentando Pure Heroine en Lollapalooza 2014, en pleno peak de su carrera. No lo hice. El interés que tenía por su música era inexistente. En parte porque Lorde, es mujer. Mantenía esa idea que las mujeres, con contadas excepciones, no pueden hacer música excelente como los hombres que han pasado los mismos dramas ridículos.

Revisitar Pure Heroine es a ratos, testimonio que la gente puede cambiar. Es difícil, pero pasa a veces. Lorde con 16 años lanzó uno de los mejores debuts en la historia de la música moderna, frase que podría sonar exagerada a primera leída. Sin embargo, no es una hipérbole, es una maravilla de disco.

En la actualidad, luego de una adolescencia complicada como la de todos, no necesito identificarme con Basket Case  o Come Around para disfrutar momentos que nunca fueron míos y Lorde retrata con una precisión exquisita. La sensibilidad de Buzzcut Season es tan refinada, desea acompañarte durante toda su duración, desde la letra hasta la sección instrumental que le da prioridad a la interpretación de Lorde.

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En Tennis Court, primer tema de Pure Heroine, la neozelandesa menciona dos veces en menos de 20 segundos que está aburrida. Lorde es cool. Desinteresada, pero cool y lo demuestra perfectamente en el corte que abre su debut, no le interesa lo que el resto piense de ella porque tiene la convicción de saber lo que está haciendo. En Ribs lo vuelve a demostrar, con instrumentales etéreos que se han convertido en uno de sus sellos, deja que estribillos fluyan dejando en cuenta una vulnerabilidad que está presente incluso frente a su implacable idealización de la juventud.

La ambigüedad entre la seguridad y la falta de confianza de Lorde, esa dicotomía tan adolescente es refrescante. Más que atrevimiento, se comporta con carácter fuerte y disruptivo, nadie esperaba un disco tan redondo, atractivo para el público general y contundente como lo es Pure Heroine.

A ratos, se siente como una canción larga. No extremadamente larga, pero sí repetitiva, tampoco más que Green Day. El punto intermedio de Lorde es la capacidad de representar su realidad post-internet, una en que la gente ya no se divide por géneros concretos de música que escuchan. Royals es tanto una parodia como una apología a la ostentación de los raperos norteamericanos. Una niñita neozelandesa retrata de forma excelente cómo vive Kodak Black y Lil Baby en 2013.

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Lorde con Pure Heroine y posteriormente, Melodrama, entró en la categoría de artistas de la talla de Carly Rae Jepsen, Lana del Rey y Marina Diamandis. Ella Marija Lani Yelich-O’Connor ya es un icono, es una fuerza de la naturaleza que tiene todo a su disposición para volver a dar vuelta el mundo. Tiene toda una carrera por delante, con un comienzo que todo artista soñaría con tener.


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