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Alta Fidelidad: Copeland – You Are My Sunshine (2008) Sin rostro, sin reconocimiento4 min read

13 octubre, 2019 3 min read

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Alta Fidelidad: Copeland – You Are My Sunshine (2008) Sin rostro, sin reconocimiento4 min read

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Me han recomendado muchísimos discos, la mayoría de ellos, junto al nombre de las bandas no las logro recordar. Tampoco quiénes fueron las personas que me dijeron que debía escucharlos. Con Copeland me pasó algo distinto, aunque no puedo entregarle una cara específica a esa recomendación,  You Are My Sunshine se ha quedado siempre junto a mí.

El adjetivo bonito o bello me causa cierta resistencia. Puedo entender lo sublime en el arte, mas lo que es bello produce problemas. ¿Qué es bello? Es un adjetivo cargado de tanta subjetividad que es difícil apuntar alguna referencia para utilizarlo, independiente del medio al que se lo aplique. Dicho esto, You Are My Sunshine entra en esa categoría de algo bello, un disco precioso.

La voz de Aaron Marsh es tan alta que dificulta bastante seguir las letras de cada canción. Sin embargo, es relajante. Más que ello, es un tono tan tranquilizador y lleno de paz, que cada canción en el disco se siente como un abrazo cargado de amor. En The Day I Lost My Voice (The Suitcase Song), el coro se vuelve una especie de mantra recitado por aquella voz tan apacible, la que independiente de la tristeza de su letra, se vuelve casi como una canción de cuna.

I’ve got my life in a suitcase and ready to run, run, run away
I got no time ‘cause I’m always trying to run, run, run away
‘Cause everyday when it feels like it’s only a game
I’ve got my life in a stuicase, a suitcase, a suitcase

Hay muchos arreglos bastante sutiles en cada canción You Are My Sunshine, uno de los que más destaca el de On the Safest Ledge, donde cada nota de cada instrumento parece que intenta sofocar las intenciones pura de la canción, no obstante, los vientos, cuerdas, batería y bajo se alimentan el uno, dejándole espacio a las transiciones que Marsh realiza con su voz y es acompañada por todo el trasfondo instrumental.

Copeland hasta el lanzamiento de You Are My Sunshine no era una banda que se caracterizara por hacer música bella, no al menos dirigida hacia cierta romantización de la vida donde todo parece estar dirigido por Wes Anderson. Eat, Sleep, Repeat (2006) es un disco cargado de desesperanza que cala hondo, tanto en los instrumentales como su presentación. Mientras que acá, Marsh y compañía logran que aquella sensación de fatalidad se vuelva una manifestación preciosa, tal es el caso de Everybody knows that/You’d break your neck to keep your chin up.

Teniendo en cuenta la historia de la banda y su sonido, es bastante extraño que nunca lograran un espacio entre el público general. Marsh es un indie darling que por alguna desconocida razón nunca llegó al nivel de Connor Oberst. Quizás sus temas suenan en alguna tienda de ropa de segunda mano, en algún comercial para seguros de vida o en el peor de los casos, en un episodio de una serie de Shonda Rhimes para luego ser olvidada.

Copeland es una banda sin rostro, Marsh nunca ha estado disponible para figurar en medios indie o interesado en ser la cara visible de un sonido que no calza con los gustos del público en general. Eso ha llevado a que la banda carezca del reconocimiento merecido que deberían tener, por sobre todo, You Are My Sunshine. No es un disco para cualquiera, a ratos la cantidad de arreglos puede sonar extremadamente pretenciosa, igual que una película de Wes Anderson.

Al igual que muchos rostros que no logro reconocer en la actualida, menos entregarles un nombre, a Copeland le sucede lo mismo. Sin embargo, el que todavía exista gente dispuesta a escribir de ellos, dice mucho sobre cómo los sin rostro pueden dejar huellas tan visibles e importantes.

El disco abre con You Should Return, una canción grandilocuente con muchos rellenos de batería y ecos de guitarra a lo lejos. Con la voz de Marsh marcando el paso, haciéndola gigante y a la vez tranquilizadora. Y todo se pierde una vez acaba su duración. Presenta su rostro y luego pasa a estar enterrado entre recuerdos, lo mismo le sucede a The Grey Man, Not Allowed y el resto del disco.

Es bello, no tiene cara y si todo el proyecto no tuviera nombre, igual quedaría en la memoria.

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