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999 Juegos Antes de Morir N°917: Donkey Kong Country 3 (1996)

24 febrero, 2017

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999 Juegos Antes de Morir N°917: Donkey Kong Country 3 (1996)

Contrario a la creencia popular, los niños son animales pacientes. Salvajes, iracundos y bolas de energía pura, pero pacientes. Para un cachorro humano la frustración no es una muralla infranqueable, sino una superficie plana sobre la cual se pueden apoyar pa dar el salto y seguir, porque si dejan de seguir, de aprender, retener y mañosear, se mueren como los tiburones.

Y al igual que los escualos, los niños compiten y se muerden los brazos con tal de ganar, con la misma furia instintiva que nos empuja a seguir siempre adelante.

 

 

¿Cómo sé lo de la paciencia? No todo el mundo lo sabe, pero yo alguna vez fui un niño.

Los adultos tenemos el germen de la impaciencia. De pronto los veranos dejaron de ser eternos, los años agarran vuelo y se vuelven parte de la agenda rutinaria tan de pronto que no nos detenemos a pensar ¿Se supone que sea así? Y luego vienen las filas infinitas, recuerden lo que Burton nos dice en Beetlejuice: El infierno es una sala de espera eterna.

Cuando un niño dice que está aburrido lo confundimos con impaciencia, es porque son como el lobo feroz, que cada vez que termina un plato de comida ya está pensando en el siguiente. Cuando un adulto está aburrido lo confunde con estar harto y es porque las cosas tardan mucho y vivimos muy poco, un niño puede saber que la vida es corta ¿Pero un adulto? Lo ha sentido.

No me malinterpreten: Ser adulto es la zorra y me ha colmado de parabienes. Pero la cosa es que un día me fui a dormir y pasaron 8 años desde que salí del colegio, así como “wosh”.

Y lo mejor que se te ocurre en momentos de crisis existencial es volver atrás, al pasado, y recordar cuando el tiempo era infinito. Donkey Kong Country 3 me arrastra a ese tiempo, me lleva a esa época en que los veranos eran jodidamente largos y me recuerda el significado de la paciencia porque al igual que los tiburones, yo no dejé de aletear sin importar lo difíciles que se pusieron las cosas.

Rareware desarrolló Donkey Kong Country 3 para mi, corta. Era el juego indicado para la persona correcta con la edad justa para apreciar, retener y mostrarle al mundo cada rincón y escondite que esta obra guardaba en su interior.

Es el canto del cisne para la era 16 bits, la Super Nintendo estaba jugando su tiempo extra en 1996 contra su tridimensional sucesora, la Nintendo 64 y sólo un juego de peso podría darle el funeral vikingo necesario para llevarlo en motocicleta hacia las cromadas puertas del valhalla, y el elegido para tamaña tarea, cuya profecía se encontraba cincelada en las estrellas, es… Kirby Super Star.

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Si, Donkey Kong Country 3 no es una obra maestra ¿Pero soy el único que lo adora de corazón? Es una trilogía tan icónica para mi que no puedo simplemente odiar a uno de los tres por separado.

La pulenta, yo creo que el único juego de la época que le da pelea a Donkey Kong Country 2 (el mejor de los 3) es Megaman X, ni siquiera Super Mario World está a la altura. No me malinterpreten, el Mario es un 10/10 hasta el mundo Chocolate Island, donde se empiezan a repetir los fondos y enemigos, noté esa weá hace 19 años, hace 16 años y hace 7 años, las tres veces fue una patada en los cocos, cortesía de Mario y compañía.

En otras palabras los Donkey Kong hasta en su punto más débil NO alcanzan el nivel de flojera que logran los juegos de Mario, es un hecho.

 

Pero debemos ser críticos, en especial de las cosas que amamos. Country 3 encarna una filosofía distinta comparado a sus predecesores por razones fundadas.

El equipo que lo desarrolló estaba formado por novatos, la “sangre nueva” del escuadrón Rare ya que sus veteranos pasaron a desarrollar juegos en la Nintendo 64, como Killer Instinct Gold, Goldeneye y Banjo-Kazooie. Objetivamente hay dos cosas que pueden disgustar a los fans: Primero, el ritmo. Donkey Kong Country 1 y 2 apuestan por un gameplay kinético, más cargado a los reflejos afilados y tomar riesgos, es realmente divertido sentarse y ver un speedrun de esos juegos.

Por otra parte Country 3 le baja a la velocidad y los momentos de adrenalina, manteniendo las cosas aterrizadas. Los niveles de correr y escapar, como en los que arrancas de abejas, trepas por un árbol siendo aserrado o te tiras en trineo son islas en un mar de niveles lentos, donde esperar por plataformas y resolver puzzles es el centro de tu atención.

Lo segundo es Diddy Kong, nuestro co-protagonista. Una guagua culiá po. ¿Y Donkey Kong?¿Donde chucha está? Siempre tiraba a Diddy de cara al peligro, con el fin de recibir las balas por Dixie, la legendaria mona voladora.

DK3 no deja por esto de ser una secuela la zorra, lo que le faltó en experiencia a su equipo creativo les sobra en corazón.

Por primera vez la parte de “country” en el título es genuina, el mapa es tan divertido de explorar como los niveles: Lleno de secretos, objetos coleccionables y minijuegos que nunca llegan a hartar.

La trilogía de Donkey Kong se puede resumir en una palabra: Atmósfera, y en ese sentido DK3 se impone. DK1 es una especie de transición entre la jungla alegre y rítmica, hacia el malvado mundo “civilizado” con industrias y minas abandonadas, DK2 comienza en la isla de los cocodrilos, los chicos malos, y juega con los arquetipos de ambientaciones hostiles: Barcos pirata, castillos “frankenstein”, pantanos, volcanes, bosques y casas embrujadas.

En ese sentido DK3 se toma su tiempo, es una progresión mucho más cuidada que se alimenta de la estructura no lineal de su mundo, pasado el segundo mundo el mapa se abre de tal modo que podemos elegir varios niveles distintos al mismo tiempo, osea te vas a la isla del robot o al mundo de la cascada y los puedes completar por separado, en otras palabras juegas a tu ritmo.

¿Por qué jugarlo?

Yo jugué la saga Donkey Kong al revés, partí con el 3 y terminé en el 1 y creo firmemente que es la forma correcta de hacerlo. Nunca olvidaré esa mañana de invierno de 1998 cuando recibí mi primera consola y junto con ella mi primer juego: Donkey Kong Country 3.

La super nintendo es una máquina brutal, y DK3 le hace justicia, el matrimonio perfecto de la ingeniería nipona con el software británico de Rare.

No tienen excusa para no jugarlo, es una pieza de artillería pesada, pero corre en cualquier celular con android. También pueden probar la versión de Gameboy Advance. Para mi es un juego que evoca momentos únicos, una experiencia que debe ser jugada en la edad justa, pero que puede ser apreciada por cualquiera.

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La extensión no debe ser más allá de una plana y media en tamaño de letra 12 contándonos porqué tu juego debe ser uno de los 999 que debes jugar antes de morir.

La gloria te aguarda. (Inserta riff de guitarra pulento).

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