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999 Juegos Antes de Morir N°899: Sonic the Hedgehog (1991)

12 agosto, 2017

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999 Juegos Antes de Morir N°899: Sonic the Hedgehog (1991)

Empecé esta lista de los 999 Juegos como una idea exagerada.

Recuerdo esa reunión de accionistas del holding internacional Plan9, donde propuse hacer una lista titulada “999 Juegos que jugar antes de morir” y uno de los white collars presente dijo “¿Por qué no menos?”.

Esa frase cimentó el origen de todo, me lo tomé como una afrenta, un desafío personal el llevar a cabo esta lista a cabalidad.

Haciendo uso de mano de obra esclava y una gran voluntad por no trabajar, 100 juegos después el resultado es satisfactorio, más de 20 colaboradores distintos decidieron tirarse a la piscina con el propósito antediluviano de expresar sus sentimientos hacia aquellos juegos que les movieron el cerebro y conmovieron el corazón.

Cargo conmigo sus publicaciones llenas de emociones y redacción amateur, en un relicario de plata con el rostro de Williem Dafoe como Jesus en una cara, y el de mi santo patrono, Sonic the Hedgehog, en la otra.

 

Es 1997 y la sociedad chilena de transición es muy distinta a lo que tenemos hoy, sin el impacto de las redes sociales me arriesgo a decir que todos los adultos eran más inocentes, más ahueonaos.

Había una ausencia de cinismo en la atmósfera que llegaba a ser molesta. Y aunque ustedes no lo crean, yo alguna vez fui un cabro chico: un enano que dormía siestas en kinder y se ponía a mear sonámbulo. Con 5 años iba a jugar en la Sega Genesis que estaba en casa de mi abuela. En ella había varios juegos: Gunstar Heroes, After Burner 2, Menacer y por supuesto el incombustible Sonic the Hedgehog, una aventura que me definió como persona, transformando mi personalidad a niveles insospechados.

Pero seamos justos, a esa edad TODO te define como persona, el color de tus zapatillas es capaz de provocar un efecto dominó de consecuencias insospechadas para las generaciones venideras y que de alguna forma se relaciona con mi yo del pasado, jugando en la Sega Genesis.

Nunca llegué muy lejos. Me daba miedo ahogarme en el nivel 4, Labyrinth Zone, una etapa tan maquiavélica que sólo pudo salir del ingenio de David Bowie como el Rey Goblin.

Si lo jugaron saben a qué me refiero, ese sonidito de mierda de “weón me estoy muriendo” que es material de pesadillas y que gatilla PTSD en mi corazón latino. No le temo al mar, ni a ahogarme, pero le temo al agua en los juegos de Sonic, y definitivamente le temo a hacer que el pobre erizo se ahogue por mi incompetencia y falta de habilidad, debía mejorar como persona, entrenar arduamente en las montañas si quería una chance de terminar ese maldito nivel.  

Cinco años más tarde, estaba listo para encarar a mis demonios, fortalecido por el cambio de milenio y la televisión basura decidí terminar el juego y recuperar mi honra, y por la chucha que costó, el juego culiao no es fácil.  

Los controles originales de la sega génesis no están diseñados para manos humanas con ese plástico tan grueso, estaban diseñados con los niños en mente, mucho más durables pero menos delicados.

Usaban materiales para aguantar el castigo que un enano frustrado podía propinarles. Tras una tarde de intensa lucha al final, con mis miedos conquistados, puedo decir con certeza que el primer Sonic es la zorra, un juego vibrante, que se centra en los reflejos y la habilidad por sobre la precisión, comparándolo con Super Mario World que es de la misma época.  

Ahora, comparar ambos juegos es como comparar dos deportes distintos, Sonic es una experiencia lineal y centrada en alcanzar la meta, dura 2 horas como máximo, por el contrario Super Mario World tiene un mundo gigantesco para los estándares de 1991, cargadisimo de secretos, pero que carece de la eficiencia de Sonic, del gameplay centrado que prima por sobre los elementos secundarios.

En especial los mundos que le siguen al Forest of Illusion, donde la falta de inspiración se nota caleta (tengo que hablar de Super Mario World, o me lo van a ganar en la lista). 

 

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Las seis zonas que componen Sonic the Hedgehog siguen un ritmo vertiginoso, interrumpido por los niveles de bonus, que aunque eran pajeros resultaban difíciles y necesarios pa desbloquear el final verdadero con las seis esmeraldas del caos (después en las secuelas se volvieron 7, Sega se caga en el canon).

Partimos en Green Hill Zone, una tarjetita de invitación (prueba prueba de tu traición) que parte cambiando la mentalidad clásica de los juegos 2D: Comenzamos a movernos a la derecha y la velocidad comienza a aumentar, está claro que Sega quiere mostrar el potencial de su consola, capaz de renderizar una mayor cantidad de sprites que sus predecesoras.

Mi etapa favorita es Starlight Zone, con las estrellas de fondo en la ciudad gris con verde, es realmente divertida y su música es la más pegajosa del juego, me da esa sensación de calma antes de la zona final, Scrap Brain Zone que existe con el sólo propósito de rompernos las bolas, pero es igual de desafiante.

En definitiva, representa el potencial de Sega y le dio un lugar en el mercado de las consolas que se mantendría firme por 10 años más, el cual representa una generación que cambió la forma en que veíamos a las mascotas corporativas.

Mario y Sonic se alzaron entre la muchedumbre no como productos culturales, no como frívolas maniobras de marketing diseñadas en laboratorios para atraer al grupo demográfico entre 15 y 45, sino como iconos de una era ya pasada, que en lugar de rechazar el cambio lo reciben con los brazos abiertos, en 2017 hay más niños que reconocen a Sonic que quienes realmente se han terminado uno de sus juegos.

Lo importante es que Sonic the Hedgehog es la zorra, envejeció como el vino y demostró que no era un golpe de suerte por parte de Sega, la trilogía original de Sonic es brillante y obviamente hay que jugarla antes de morir.

Lo que siguió en la saga vale callampa, 20 años de callampa ¿Creen que me equivoco? Demuestren lo contrario, los desafío a mandar sus artículos señalando el por qué los Sonic Adventure no están rotos y se merecen un lugar en esta lista de 999 Juegos que jugar antes de morir, porque esta lista nicagando me pertenece, le pertenece a todos.

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