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El increíble mundo de Gumball: Deconstruyendo la sitcom

12 marzo, 2017

El increíble mundo de Gumball: Deconstruyendo la sitcom

Samuel Beckett escribía a finales de los años 40 “Esperando a Godot”. En ella, dos tipos, Vladimir y Estragon, esperan por un tal sujeto llamado Godot que –como sabrán- nunca llega. Sin embargo según su mensajero “mañana seguro que si aparece”.

Usar el humor como crítica social y un reflejo exagerado de nuestra existencia, no es un invento nuevo. El teatro del absurdo, por ejemplo, es desde hace ya décadas, una forma de reírnos de lo vacuo, sinsentido y extremadamente deprimente que puede ser la existencia humana.

Y claramente desde el teatro, saltamos a otros formatos porque si hay algo que sabe hacer bien la comedia es encontrar nichos y reproducirse.

La sitcom es entonces, por extensión, una adaptación de la estructura teatral en clave humorística y en estos años, una de las formas más clásicas de hacer humor occidental

Y sitcom hay por montones.

Es un lugar común hablar de Seinfeld como el epítome de la comedia situacional en TV.

Una serie sobre -cómo se ha repetido hasta el cansancio- nada. Una metalectura de la condición absurda de la existencia y una crítica hacia el mismo consumidor pasivo de entretención que no cuestiona nada.

Obviamente desde ahí (y desde antes) ha pasado mucha agua bajo el puente para el humor.

Hemos visto de todo. Desde cosas inteligentes como Louie, hasta series convencionales como Two Broke Girls. Desde comedia masiva como la de Adam Sandler, hasta el retorcido humor de Lasgna Cat.

La misma comedia de siempre, completamente diferente

Por otro lado la televisión infantil en estos últimos años ha gozado de una buena camada de dibujos animados que hacen un esfuerzo por ir más allá del slapstick.

Ya no hablamos del dibujo animado que recoge la tradición de Buster Keaton o Abbot y Costello y reproduce el humor basado en el porrazo como toda la escuela  de Looney Toones o que refinan el pulp como lo hizo en gran parte Hanna Barbera (y nada contra aquello, pero si me preguntas, es una forma un tanto tradicionalista de hacer humor para niños).

Hablamos de shows que gracias a la apertura de los medios a hablar de otros temas, han visto beneficiada su narrativa y ha enseñado que las cosas pueden ir más allá de la mera entretención, o la educación pura y nos ofrecen interesantes historias sobre temas complejos o impensados para los chicos de otras generaciones.

Pero mientras dibujos como Adventure Time o Steven Universe mezclan temas importantes junto a tramas existencialistas y de corte más onírico, o cosas como Regular Show se orientan al adulto joven que es capaz de entender las referencias de la cultura pop, El Mundo de Gumball se la juega por la comedia.

La comedia pura y dura.

El increíble mundo de Gumball es exactamente igual a cualquier comedia situacional y es completamente diferente al mismo tiempo.

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Un puñado de personajes inadaptados, en una ciudad ficticia ordinaria (Elmore) que utiliza constantemente los mismos fondos (casa, escuela, supermercado, y algunas calles de la ciudad), posee cierta continuidad narrativa pero en verdad la mayoría de los episodios son autoconclusivos, y en donde en cada episodio nuestros protagonistas aprenden una lección. O casi.

Claro, la diferencia está en que hablamos de un gato parlante y un pez con piernas en 2D en un mundo en 3D y acompañado de personajes que van desde una banana con ojos hasta una cara invertida con un vestido o un tiranosaurio.

El increíble mundo de Gumball nace como un piloto de personajes rechazados. Literalmente. Ese era la idea principal original. Un programa basado en personajes rechazados para otros programas y que a su vez, eran personajes que Ben Boquelet había creado como publicista pero no fueron aceptados.

Terminó reconvertida en una comedia escolar con una estructura muy definida.

Gumball es un gato pre-adolescente desbordante de imaginación. Es un niño hiperactivo, ególatra, enojón, irritante, y con tendencia a los ataques de pánico. Con un hermano adoptivo que es un pez demasiado bueno para este mundo, una hermana menor superdotada, un padre idiota pero querendón y una madre estresada y explotada.

¿A alguien le suena eso? Referencias como Malcom in the Middle o Louis CK son muy fáciles de encontrar en la serie de Boquelet, que dicho sea de paso, es europeo, por lo que quizá de ahí provenga en parte la sensibilidad diferente del show.

Tampoco es justo decir que son los primeros.  Animaniacs, Histeria o Freakazoid! son una muestra del buen quehacer en animación infantil que no solo se queda en el humor de pastelazo, sino que además, da un pasa más adelante y reflexiona sobre el humor en si mismo (los gags de stand up comedy de Warner Dot siguen siendo notables) y que pueden servir como precedente para el humor de Gumball.

Uno que no trata a los niños de subnormales, sino que simplemente le habla de tú a tú a su audiencia.

 

El éxito de Gumball como comedia radica en que precisamente toma los mejores elementos de las comedias no tradicionales y las pasa a hacer suyas para imprimir el toque infantil que necesita un show para Cartoon Network.

Hablamos de una estructura en la que tomamos premisas básicas de cualquier sitcom y la equilibramos de forma natural con el absurdo de una serie infantil, repleta de gags cortos, violencia inofensiva, ironía y salpicada con referencias pop llenas de un sentido de la autoconciencia que rara vez se ve en programas como estos.

Arriba es abajo y abajo es arriba

 “Cuando salté de un techo en Cannes en un traje de abeja, me veía ridículo. Pero éste es mi negocio; Tengo que humillarme a mí mismo.” 

Ese era Jerry Seinfield que se encontraba en plena promoción de su película Bee Movie. Y es ciertamente una declaración de principios de la comedia moderna. La aceptación del ridículo como premisa del humor.

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En Gumball no hay risas enlatadas, pero hay chistes sobre risas enlatadas.

Gumball puede hacer un chiste slapstick golpeándose con un bate, pero luego puede hacer un chiste sobre ese chiste.

Gumball sabe que puede y que no puede hacer porque sabe que es una serie de niños.

Es decir, la policía es una donut y la profesora es una simia de pésimo carácter.

Pero también son capaces de hacer una metarreferencia en su quinta temporada al show que los plagió en China o de entender que un programa de televisión necesita dinero como todo buen negocio para subsistir.

A mismo Boquelet le encanta “trabajar con clichés y estereotipos, para después darles una nueva visión”.

Hablamos de personajes que no conocen la limitación del ego de los actores por lo que sus disparatas aventuras pueden abrazar cualquier situación mientras la aguante el papel.

Y todo esto en un programa para niños. Uno que no teme de hablar de temas complejos como la precaria situación económica de una familia clase media, las relaciones basadas en las dependencias emocionales, padres trabajólicos ausentes, la adopción, la pubertad o el bullying sin ni un temor y con toda la naturalidad del mundo.

El increíble mundo de Gumball no solo comprende que la diversión por la diversión puede resultar en un ejercicio de forma y estilo maravilloso, sino que además reivindica el humor duro como una forma valida de entretención, sin perder un ápice de inteligencia en su guion y teniendo muchas más sublecturas que incluso megablockbuster masivos que pretenden profundida.

Y hablamos de una serie protagonizada por un gato azul y pez con pies. Que mejor chiste que ese.

Periodista. Fundador de Plan9. Weón fome.
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