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Alta Fidelidad: Mitski, Be the Cowboy (2018) ¿Y si dejamos de idealizar a otra gente?Lo lees en menos de 8 min ;)

Revisamos Be the Cowboy de Mitski (2018)
May 26, 2022

Alta Fidelidad: Mitski, Be the Cowboy (2018) ¿Y si dejamos de idealizar a otra gente?Lo lees en menos de 8 min ;)

Durante poco más de un lustro, el influjo de lo que llamo indie triste cantado por mujeres ha incrementado proporcionalmente. Para ser más preciso, por ejemplo, dentro de mi top de discos del año 2020, dos de ellos entraban en esa categoría (Phoebe Bridgers — Punisher y Samia — The Baby). Incluso si extiendo un poco más los límites de ese género, también es posible calzar ahí dentro el mejor disco de aquel año, Fetch the Bolt Cutters de Fiona Apple.

Las exponentes de este género para efectos prácticos y tener un marco de referencia, para mí son sin lugar a dudas Cat Power y PJ Harvey, aunque esta última tiende a acercarse al rock un poco más de lo que me gustaría. Lo disfruto muchísimo, también podría agregar a Lorde, pero es una fuerza de la naturaleza distinta, al menos cuando pienso en sus referencias.

El caso de Mitski es conocido. Desde su primer disco, Lush (2012) ha sido una figura dentro del indie under. Es cosa de buscar su nombre en Tumblr y ver las comunidades que se asocian a su estilo. Mitski Miyawaki tampoco es una aparecida. Tiene un background en música considerable, estudió en el Conservatorio de Música de Purchase College y eso se nota, tanto en su trayectoria como en lo vasto de Be the Cowboy.

Be, the Cowboy

Entre las 14 canciones que componen el disco, la media se encuentra en los dos minutos y medio de duración. No es una placa extensa ni tediosa, pero sí carga consistencia en cada segundo. Mitski ya con la experiencia de sus trabajos anteriores; se encargó de crear narrativas, personajes, paisajes y melodías que llegan de golpe y se van de la misma forma. Sin embargo, cada canción es entrañable. Desde el órgano que le da comienzo a Geyser hasta los pasajes más calmos como A Horse Named Cold Air la norteamericana logra plagar todo con su talento.

Y a ratos puede sonar excesivos los elogios. Hubiesen visto mi cara luego de haber escuchado por primera vez el disco. En realidad, a medida que pasaban las canciones, tenía que pausarlas para gritar sin abrir la boca y volver a escuchar un par de veces hasta que ya no podía soportarlas más. Es debido a lo anterior que he pateado escribir tanto de ella como del disco, pasé tanto tiempo casi rogándole a la gente con la que tengo contacto habitual que por favor la escucharan, independiente del momento del día.

No ha cambiado mucho lo que Be the Cowboy me provoca. Es cosa que ponga Washing Machine Heart y me quede ensimismado escuchándola en un bucle que a veces puede durar horas, solo para terminar preguntándome cómo alguien es capaz de escribir, componer e interpretar canciones tan bellas. Es un placer de escuchar la voz de Mitski, tiene un calce ideal con los tempos que maneja, se acopla a esos detalles que a veces pasan desapercibidos, como la inclusión un poco más de distorsión de lo cotidiano a la línea de bajo o la saturación de los bombos.

Antes que lo olvide, las percusiones en el disco se escuchan prístinas, el timbre de los ride y el hi hat es divino.

Creo que es difícil pensar en algún artista que pueda escribir una canción como los Beatles que suene más Beatles que los Beatles. Y si lo anterior no tiene mucho sentido, se soluciona al escuchar Me and My Husband. Luego de esos dos minutos y pico solo te queda tomarte la cabeza y preguntarte cómo lo hizo. Father John Misty lo ha hecho, la influencia de John Lennon es tácita, poco menos se siente cómo estaba intentando canalizar la energía de ese ser humano horrible.

Si necesitan ejemplos, Mr. Tillman, Total Entertainment Forever, Things it Would Have Been Helpful to Know Before The Revolution y en realidad, la gran parte de su discografía. En el caso de Mitski, si no tienes buen oído o alguien no te lo dice, es probable que uno pase por alto ese detalle. Ahí radica su genio, es capaz de tomar referencias sin hacer alusión directa, ya que al final, son canciones de Mitski, tiene un sello reconocible.

Volviendo al tema de mujeres que hacen indie triste, es cosa de escuchar A Pearl, donde Mitski vuelve a brillar haciendo una canción propia de ella pero a la que se le siente la herencia de PJ Harvey, mientras que Pink in the Night invita a llorar mientras ella canta:

I could stare at your back all day
I could stare at your back all day
And I know I’ve kissed you before, but
I didn’t do it right

Can I try again, try again, try again
Try again, and again, and again
And again, and again, and again?

Nobody

En 2018, Pitchfork publicó un perfil sobre Mitski, justo en el apogeo de Be the Cowboy. En él, la cantante plantea un punto importante sobre su música, la industria y los consumidores. La dinámica entre los fanáticos que imponen ciertas narrativa al trabajo de un artista no es algo nuevo, y en el caso de Mitski, al ser una mujer de descendencia japonesa, aquello es un peso extra, tanto para su escritura como figura pública.

Por ejemplo, en Paste Magazine conversa abiertamente sobre sus facetas y cómo mantiene estas esferas separadas

Creo que tengo que ser muy controlada como mujer al tratar de navegar por el mundo. En cierto modo, dirijo mi propio negocio, soy la persona a cargo que tiene que decirle a la gente qué hacer, que tiene que tomar todas las decisiones. Y encuentro que es muy difícil, especialmente en el ambiente de negocios… porque soy un artista, reacciono emocionalmente, pero eso no es algo deseable cuando estás tratando de hacer que las cosas se hagan. Y quizás deba ser aún más controlada que mis contrapartes masculinas porque si muestro la más mínima emoción, se interpreta inmediatamente como “ella es histérica”.

Y asimismo, cuando fue consultada por el nihilismo que se le atribuye a su música, en referencia a BTC comentó no digo que mi música no tenga significado, pero supongo que lo que intento decir es que creo que este es mi álbum más triste. (…)

Lo de Mitski, es un sigma de los tiempos. Independiente del género, siempre hay un grado de proyección en el artista, una idealización debido a factores culturales que son únicos para cada uno, no obstante, ella deja en claro una pauta sobre su trabajo.

Hasta cierto punto, leer el debate en internet sobre Mitski es que su trabajo sonaba como un diario de vida, demasiado personal. Y en aquella pieza de Pitchfork, ella misma se da el tiempo de desmentirlo, además de dejar en claro que el proceso de escritura de Be the Cowboy fue un ejercicio de narrativa. No hay mucha seguridad cuál es el grado personal de cada relato, pero sí la calidad de su letras. Producen justo ese golpe en el estómago que te carga los ojos de lágrimas dispuestas a salir en momentos incómodos, te cierran la garganta y te hacen lamentar un amor que nunca fue tuyo, independiente si ella lo vivió o no.

La portada del disco muestra a Mitski en un ejercicio de ficción. Lista para representar un personaje que se desenvuelve en distintos contextos, siendo cada uno de ellos una canción distinta. Aunque el hilo conductivo sigue siendo un indie-rock cargado de emociones que busca generar lágrimas y darte un techo antes que estas caigan, es posible diferenciar cada una de ellas.

Be the Cowboy suena como una compilación de relatos cortos, algo que haría Mariana Enríquez más que un retrato personal similar al trabajo de Alejandra Pizarnik, al menos esos son dos de los nombres con los que puedo hacer un simil lejano para explicarlo.

Solo puedo imaginar cuán agotador debe haber sido para Mitski el proceso de entrevistas que acompañaron a Be the Cowboy. Cuántas veces le preguntaron los temas en A Pearl o Washing Machine Heart y tener que volver una y otra vez a explicar que por más que la gente le grite que la ama en sus conciertos, no la conocen (conocida es su reticencia al uso de RRSS más allá de lo promocional).

Al menos las letras no ayudan en el proceso de no idealizar a alguien más, independiente del grado de intimidad. Sin embargo, son un perfecto acompañamiento para leer todo el material que hay disponible sobre Mitski durante este disco, ya que es posible encontrar artículos publicados en New Yorker como NPR y hay de todo sobre ella.

En mi caso, y la intención de este artículo es destacar las habilidades de Mitski. El cómo su trayectoria le ha entregado la experiencia necesaria para que Be the Cowboy se escuche tan fluido como lo hace. A ratos te deja atónito, pero siempre es por la capacidad de la cantante para crear canciones preciosas que se comprometen en el grado justo para engancharte y no entregan más que eso. Al menos eso es lo que quiere Mitski y espero lo logre. Lo dudo.

Redactor en Plan9.